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PROCESOS GRUPALES Y RELACIONES INTERGRUPALES

 

INTRODUCCIÓN

El estudio de los grupos es un terna clave dentro de la Psicología Social. Del mismo modo, la influen­cia que los grupos pueden ejercer sobre los individuos es un aspecto que el trabajador/a social debe co­nocer ya que, sin duda, la mayoría de las personas que van a solicitar su ayuda formarán parte de algún grupo o categoría social (por ejemplo, inmigrantes o ancianos) y dicha pertenencia ejercerá una pode­rosa influencia sobre ellas.

Todos los seres humanos formamos parte de numerosos grupos. Desde el comienzo de nuestra exis­tencia nos hemos socializado en el seno de grupos que han contribuido a conformar nuestra persona­lidad, nuestras creencias y nuestras actitudes (familia, colegio), y en la vida adulta continuamos también formando parte de grupos (equipos de trabajo, amigos) que ejercen una gran influencia sobre nosotros. Por si esto fuera poco, nuestro género, edad, cultura y nacionalidad nos ubican también dentro de una serie de grupos más amplios o categorías sociales que nos hacen tener una determinada visión del mun­do y condicionan la forma en la que somos percibidos o tratados por los demás. Por eso, para el traba­jador/a social tiene una gran importancia ser consciente de la pertenencia grupal que toda persona lleva consigo y de las consecuencias de dicha pertenencia.

Como el lector puede comprobar a partir de su experiencia personal, cuando actuamos como miembros de un grupo nos comportamos de forma distinta a cuando actuarnos de forma individual. Además, también nos comportamos de forma diferente en unos grupos o en otros dependiendo del rol que ocupemos en ellos. Por tanto, una persona, sin dejar de ser ella misma, puede comportarse de fom-la diferente cuando actúa a título individual o en los diversos grupos a los que pertenece, dependiendo de la distinta dinámica que en ellos se dé y de las interacciones existentes con otros grupos presentes en el entorno social.

Este capítulo está dividido en dos grandes apartados. En el primero analizaremos el concepto de grupo, su influencia sobre los individuos y algunos de los procesos que tienen lugar dentro de él. Pero no debemos olvidar que los grupos, al menos en nuestra sociedad actual, mantienen estrechas relaciones unos con otros. Estas relaciones, que pueden ser de diferente tipo, determinan en gran medida la estruc­tura interna del grupo y los procesos que ocurren dentro del él. Por diversos motivos, algunos de los cua­les examinaremos en este capítulo, el conflicto suele estar presente en casi todas las relaciones inter­grupaies. Por ello, así como por su relevancia para los estudiantes de Trabajo Social, nos centraremos en esta cuestión en la segunda parte del capítulo.

QUÉ ES UN GRUPO?

Existen numerosos tipos de grupos, por ello, no es fácil establecer una definición general que com­prenda a todos. Sin embargo, la mayoría de las definiciones suelen tener en cuenta que todo grupo im­plica en mayor o menor medirla:

a) la existencia de una identidad social compartida,

una cierta interdependencia entre los miembros del grupo y,

la formación de una estructura social y de roles

Se dice que existe una identidad social compartida cuando una serie de personas se consideran parte de un grupo. Lo normal es que la identidad social compartida se vaya creando a partir de las interac­ciones entre los miembros del grupo (por ejemplo, en un grupo de trabajo). Sin embargo, no siempre es necesaria dicha interacción para que una serie de personas se consideren miembros del mismo grupo. Por ejemplo, podemos compartir la identidad de ser hombre o mujer, ser español/a, o estudiante de Tra­bajo Social con otras personas sin siquiera conocerlas. Puede parecer, en principio, que un tipo de gru­palidad en la que no se conoce ni se interactúa con los otros miembros del grupo tiene poca importan­cia. Sin embargo, la pertenencia categorial a un determinado grupo étnico, religioso o de género, determina en gran medida nuestra existencia y la forma en la que los demás nos perciben.

Desde el punto de vista de la interdependencia, un grupo estaría constituido por «un conjunto de personas que interactúan de forma regular, tienen vínculos afectivos, comparten un marco de referencia común y son interdependientes conductualmente» (Levine y Moreland, 1994, p. 306). Esta es la noción de grupo más habitual y que, probablemente, viene a nuestra mente cuando nos referimos a un grupo.

Finalmente, desde el punto de vista de la estructura, cabría definir un grupo corno «un sistema or­ganizado de dos o más individuos que llevan a cabo alguna función, relaciones de rol entre sus miem‑

bros y un conjunto de normas que regulan la función» (Shaw,

1976, p. 8). Un estuclio más detallado de los diversos aspec‑

tos de la definición de grupo puede verse en Huici (2004a,

pp. 36-38).

Si se reflexiona un poco nos daremos cuenta cle que las definiciones de grupo que hemos mencionado no son in­compatibles, simplemente señalan diferentes aspectos del mismo fenómeno. De esta forma, la interacción o inlerde­penclencia para conseguir una meta, por fuerza ha de generar una estructura de roles y una cierta identidad social compar‑

tida. Por su parte, si una serie de personas comparten una identidad social es más probable que se agru‑

pen para conseguir sus fines y que se cree una estructura de roles.

LA 1NFLUENCEA DEL GRUPO SOBRE SUS Mf EMBROS

La mayoría cle los lectores estará de acuerdo en aceptar que los grupos influyen sobre las ideas y las conductas de las personas que los componen. Sin embargo, saber en qué consiste exactamente esta in­fluencia, y cuándo y bajo qué condiciones se produce no es tarea fácil. Por eso a continuación, en el Cuadro 4.1, presentamos de forma breve algunos experimentos clásicos dentro de la Psicología Social que abordan estas cuestiones y revelan cómo se ha estudiado la influencia grupa] en nuestra disciplina.

 

Cuadro 4.1. Experimentos que demuestran la influencia del grupo

La tendencia
al conformismo:

Asch (1951)

El grupo como agente
del cambio
de actitudes

El trabajo de Asch demuestra la influencia que la mayoría, aunque esté equi­vocada, puede llegar a tener sobre el individuo. Asch solicitaba a los partici­pantes en su experimento que compararan la longitud de una línea patrón con otras tres líneas. De ellas, una era idéntica a la línea patrón y las otras cla­ramente diferentes. En la condición de control, es decir, cuando no había in­fluencia del grupo, no existían prácticamente respuestas erróneas: todas las personas señalaban claramente las dos líneas similares. Sin embargo, en la condición experimental, en la que ocho personas cómplices del experimen­tador daban respuestas erróneas, el único sujeto no cómplice se dejaba influir por las respuestas de los otros y su porcentaje de errores ascendía al 32%. Este resultado se ha replicado en numerosas ocasiones encontrándose que, ante un grupo que se manifiesta unánimemente equivocado, la persona tiende a expresar conformidad en un porcentaje relativamente elevado de ocasiones. No obstante, existen varios factores que inciden en el grado de conformismo. En general, la conformidad con el grupo aumenta al aumentar su tamaño, aunque llegarle un determinado punto se estabiliza. La unanimidad existente dentro del grupo mayoritario también es importante. En sus experimentos, Asch observó que al existir un segundo sujeto discrepante, la tasa de confor­mismo del primer sujeto disminuía drásticamente. Finalmente. se ha observa­do también que, cuando la persona está fuertemente implicada con una de­terminada respuesta o con una determinad actitud, opone una mayor resistencia a las presiones del grupo.

Newcomb (1952) trató de investigar la influencia del grupo sobre las actitudes sociopolíticas de sus miembros. En su estudio, realizado entre los años 1932 y 1940, participaron 550 estudiares (mujeres) que acudían a una Universidad privada que se caracterizaba por su ideología liberal. La paradoja es que las chicas provenían de familias de clase media-alta con unas ideas fuertemente conservadoras. Los resobados mostraron un cambio en las ideas de las alum­nas hacia el polo liberal. Veinte años más tarde, Newcomb, Koening, Flacks y Warwick 11967) localizaron a las participantes en el estudio y volvieron a analizar sus actitudes. Encontraron que las personas que habían pasado más tiempo en la universidad mantenían sus posiciones liberales y apenas habían experimentado cambios hacia las posiciones conservadoras iniciales de sus propias familias (una descripción más detallada de este trabajo puede verse en Morales, 1999, pp. 204-206).

Esta serie de estudios demuestra que cuando se consigue que las personas se consideren (se categoricen) como miembros de un grupo, aunque sea bajo criterios sin importancia, inmediatamente se produce favoritismo endogrupal (las personas tratan de favorecer a los miembros de su grupo).

En el experimento inicial de Tajfel, Billig, Bundy y Flament (1971) los partici­pantes eran estudiantes de enseñanza secundaria y debían realizar dos tareas. La primera era manifestar sus preferencias estéticas acerca de una serie de diapositivas de los pintores Klee y Kandinsky. Supuestamente a partir de estas preferencias, los chicos eran clasificados en dos grupos (los que habían pre­ferido a Klee y los que habían preferido a Kandinsky). La segunda tarea con­sistía en asignar recompensas monetarias, mediante un cuadernillo, a una se­rie de sujetos anónimos con los cuales no existía contacto real y que estaban identificados tan sólo por su pertenencia grupal (Klee o Kandinsky). Los inves­tigadores esperaban un reparto equitativo de recompensas, sin embargo, en­contraron que, incluso con un criterio de categorización tan trivial, los parti­cipantes mostraron favoritismo endogrupal, es decir, trataban de beneficiar a los miembros de su grupo (Klee o Kandinsky). Desde entonces se han reali­zado numerosos experimentos siguiendo este paradigma, variando las carac­terísticas de los participantes, el tipo de recompensa y los criterios de catego­rización. Los resultados demuestran que, incluso bajo unas condiciones mínimas de categorización (de ahí el nombre .paradigma del grupo míni­mo,,), se produce ya una tendencia muy consistente hacia el favoritismo en­dogrupal. Cabe suponer que en la medida en que la pertenencia a una cate­goría o grupo sea relevante para el sujeto la tendencia hacia el sesgo endogrupal aumentará. La descripción del paradigma del grupo mínimo que acabamos de realizar está basada en el trabajo de Huici (1999), donde remi­timos al lector para un mayor detalle.

A través de los trabajos comentados en el Cuadro 4.1 se pone de manifiesto la importancia de la in­fluencia grupa]. Sin embargo, dicha influencia adopta diversas formas que es necesario analizar. En al­gunos casos se produce porque, a través del grupo, la persona adquiere información que antes no poseía. En otras ocasiones, la persona adopta la postura del grupo simplemente por llevarse bien con los otros, por evitar conflicto o por no ser rechazado. Aunque la terminología empleada puede variar de un autor a otro, al primer tipo de influencia se le suele llamar influencia (o dependencia) informativa y al segundo influencia (o dependencia) normativa.

 

La influencia informativa

Cuando no estamos seguros de cuál es la respuesta correcta en una determinada situación tratamos de observar lo que hacen los demás y hacer lo mismo suponiendo que será lo correcto. Este proceso está recogido en el lenguaje cotidiano con la expresión de «cuatro ojos ven más que dos», y si el lector re­flexiona verá que todos lo aplicamos en numerosas ocasiones.

Este tipo de influencia se denomina influencia informativa y se produce cuando la persona quiere dar una respuesta correcta o adaptada a la realidad pero es incapaz por sí misma de encontrarla con se­guridad y es, por tanto, dependiente de la información que le aportan los demás. El individuo considera a los otros como mediadores entre él y la realidad, es decir, como instrumentos de percepción y de jui­cio, o como sustitutos de los instrumentos de los que él no dispone.

La influencia normativa

Dentro de los grupos existe una norma implícita que todos hemos aprendido desde pequeños: aquel que se aparta demasiado del grupo (en opiniones, aspecto, comportamiento, etc.) es ignorado, rechazado o agredido. Los grupos buscan la uniformidad y rechazan al desviado o diferente. En esto consiste la influencia nor­mativa: el individuo se conforma a la opinión o norma del grupo con objeto de mantener unas buenas relaciones con los demás.

El experimento de Asch expuesto en el Cuadro 4.1 sobre conformismo es un ejemplo claro de este tipo de influencia: en muchos de los ensayos, los sujetos adoptaban la decisión de la mayoría de los miembros del grupo aunque eran cons­cientes de que dicha decisión era equivocada. La explicación clásica del trabajo de Newcornb (véase también el Cuadro 4.1) se basa igualmente en la influencia normativa. Es decir, las chicas acomodaban sus opiniones a las de la mayoría de su grupo de iguales (sus compañeras de clase) que eran liberales. De hecho, en di­cho trabajo se observó que las chicas que seguían manteniendo las actitudes con­servadoras de su familia sufrían aislamiento social y eran consideradas raras o re­beldes.

PROCESOS CRUPALES

A continuación expondremos una serie de procesos que se producen dentro de los grupos y que pueden contribuir a una mejor comprensión de los fenómenos que suceden en ellos. Comenzaremos por los procesos de formación y desarrollo de los grupos, y abordaremos posteriormente la cohesión gru­pal y la toma de decisiones en grupo.

104 • PSICOLOGÍA SOCIAL

Formación y desarrollo de los grupos

Los grupos no son estáticos. Se crean en un momento dado respondiendo a una serie de necesidades, evolucionan a lo largo del tiempo y, en muchas ocasiones, acaban desapareciendo o transformándose en grupos diferentes. Por esta razón, analizar los procesos de evolución y cambio en los grupos es im­portante para comprender mejor tanto los fenómenos intragrupales (que se dan dentro del grupo) corno intergrupales (que tienen que ver con las relaciones existentes con otros grupos).

En 1992, Worchel, Coutant-Sassic y Grossman proponen un modelo cíclico del desarrollo del grupo que está alcanzando gran relevancia en la actualidad. El modelo de Worchel señala que existen seis es­tadios por los que pasan los grupos a lo largo de su desarrollo. Dichos estadios son: fase de descontento, acontecimiento desencadenante, identificación grupal, productividad, individuación y declive. A con­tinuación pasarnos a describir estos estadios y los procesos predominantes en cada uno de ellos.

Fase de descontento

Partimos de la existencia previa de un grupo. En dicho grupo, algunos de sus miembros creen que sus intereses o sus ideas no están bien representados y comienzan a mostrarse incómodos. Por ejemplo, imagine un partirlo político en el que algunos de sus miembros no están de acuerdo con el proyecto de sociedad que mantiene dicho partido.

Acontecimiento desencadenante

En ese contexto se produce un acontecimiento que agudiza las tensiones y provoca la división del grupo (expulsión de los

disidentes o abandono voluntario). En el ejemplo del partido político ese acontecimiento podría ser la elaboración de un programa electoral con el que una parte de los militantes no está de acuerdo.

Identificación grupa!

Constituiría realmente la primera fase en la formación de un nuevo grupo. El objetivo primero y prin­cipal del grupo (ya separado del grupo anterior) en este estadio sería conseguir una identidad social compartida entre sus miembros y poder establecer diferencias con otros grupos para poder así justificar su existencia. Por eso, en esta fase, es muy probable que se produzca una agudización del conflicto con otros grupos y se acentúe la semejanza y la cohesión entre los miembros del grupo. Asimismo, se busca la unidad, existiendo una fuerte presión hacia la conformidad. En el ejemplo que nos ocupa, cuando una parte del partido decirle escindirse, inmediatamente buscará dotarse de unos rasgos distintivos ‘pro­pios y resaltar las diferencias que le separan del partido original. Ello dará lugar a unos procesos grupales tendentes a aumentar la unidad y la identificación entre sus miembros.

Productividad grupal

Una vez conseguida su identidad, el grupo puede centrarse ya en la consecución de sus objetivos. En esta fase, el conflicto con otros grupos se rebaja y se toleran en alguna medida las discrepancias dentro del grupo: las minorías pueden influir en cuestiones relacionadas con la tarea pero se las sigue rechazando si amenazan la identidad grupal. Cuando ya tiene una identidad propia, tanto de cara a sí mismo como de cara al exterior, el partido que venimos utilizando como ejemplo podría ya dedicarse a desarrollar sus actividades con una cierta normalidad, tratando de llevar a cabo su programa político. Si lo hace con acierto, el partido crecerá y se consolidará, pasando a la siguiente fase.

Individuación

En esta fase la cohesión grupa! empieza a disminuir y comienzan a aparecer subgrupos, primero en relación con habilidades y roles similares y después en función de semejanzas en actitudes, intereses y otros aspectos no relacionados con la productividad. En esta fase se estimula la participación de los miembros minoritarios y se trabaja menos para las nietas grupales y más para las personales. Se ponen en cuestión las normas del grupo y se exige una mayor libertad personal. En el ejemplo que nos ocupa, si el partido crece y se consolida es probable que la cohesión disminuya, se creen subgrupos y puedan empezar a aparecer diferencias ideológicas entre dichos subgrupos.

Declive

Este desplazamiento hacia la individualidad hace que el grupo sea menos importante para los individuos. Algunos miembros deciden marcharse mientras que otros exigen cambios en el grupo. Si dichos cambios no son aceptados se pasaría al primer estadio del modelo (descontento) y el ciclo volvería a comenzar.

Según Worchel, todos los grupos pasan por estos estadios pero el tiempo de permanencia en cada uno de ellos puede variar mucho en función de las características del grupo o del contexto. Ante deter­minadas circunstancias, por ejemplo una amenaza externa, el grupo puede retroceder a la fase de iden­tificación para protegerse del peligro potencial. Una descripción más detallada de este modelo puede verse en Gaviria (2004).

Cohesión grupa!

El concepto de cohesión se utiliza en la Psicología de los grupos para describir aquellos procesos que contribuyen a que los miembros de un grupo permanezcan unidos. Otros conceptos similares utiliza­dos en el lenguaje común para referirse a esta característica de los grupos son solidaridad, camaradería o espíritu de equipo. Es importan­te señalar que la vinculación de los miembros con el grupo puede pa­sar por diferentes fases a lo largo del tiempo y, por lo tanto, la cohesión ha de ser contemplada y estudiada como un proceso dinámico.

La cohesión corno atracción

Gran parte de los investigadores han equiparado cohesión y atracción grupal. Shaw (1976) señala cinco posibles causas por las que las personas pueden sentirse atraídas hacia los grupos de los que for­man parte:

Atracción mutua entre los miembros del grupo. Parece claro que si los miembros que componen un grupo se relacionan entre sí de forma po­sitiva (amistad, compañerismo) la pertenencia a dicho grupo será más atractiva que en caso contrario. Este tipo de atracción ha sido el aspecto más utilizado por los investigadores a la hora de explicar la cohesión.

Atracción hacia las actividades realizadas por el grupo. Otra posible vinculación entre la persona y el grupo es la atracción hacia las acti­vidades que éste realiza (por ejemplo, salir al campo o jugar al fútbol),

Atracción hacia los objetivos del grupo. Está relacionada con la anterior pero es conceptualmente diferente. Así, una persona puede formar par- la naturaleza y no estar de acuerdo con alguna actividad de las que se

te de una ONG porque está de acuerdo con la necesidad de conservar

realizan para conseguir este objetivo (por ejemplo, manifestarse).

Lal hecho dede que, en en la ocasiones, la la a punropi grupoa pertenencia en concreto

grupal Esteal es tipo atractiva de atracción hace referencia referen con indciea– a

pendencia de los miembros que componen el grupo o de la actividad realizada. Esto sucede sobre todo cuando el grupo tiene un alto estatus.

Atracción hacia las recompensas que se consiguen formando parte clel grupo (atracción instrumen‑

tal), Este tipo de atracción se daría cuando, por ejemplo, nos hacernos socios de una organización

de consumidores para obtener asesoramiento jurídico en caso de tener algún problema.

Todas estas razones para sentirse atraído por un grupo (que no agotan todas las posibilidades) pueden darse por separado o de forma simultánea. Lógicamente, cuantas más de ellas coincidan mayor será la cohesión existente en un grupo.

Cohesión y categorización

Durante los últimos años una nueva perspectiva basada en las teorías de la Identidad Social (Tajfel y Turner, 1979) y de la Categorización del Yo (Turner, 1990) se ha convertido en predominante y ha re­vitalizado el estudio de la cohesión, tanto en el plano teórico corno en el plano empírico. Desde la Teoría de la Categorización del Yo (Turner y cols., 1987) se sostiene que las personas podemos consi­derarnos a nosotros mismos, según las circunstancias, como personas individuales o como miembros

de un grupo. Cuando nos consideramos (nos categorizamos) como miembros de un grupo se producen varios efectos importantes.

En primer lugar, tendernos a ver a los miembros de nuestro grupo parecidos a nosotros y entre sí (semejanza endogrupal) y a su vez, tendernos a incrementar las diferencias existentes con los miembros de otros grupos (diferenciación exogrupal).

En segundo lugar, tiende a producirse lo que se denomina «favoritismo endogrupal », que consiste en tener una actitud más positiva hacia los miembros del propio grupo y una actitud más negativa, y en ocasiones, dependiendo del contexto, abiertamente hostil hacia los miembros del exogrupo.

Finalmente, categorizarse como miembro de un grupo implica percibir el mundo en términos «grupales». Esto significa que las personas que componen el enclogrupo (incluidos nosotros mis­mos) no son vistas ya como individuos sino como miembros del grupo y, serían, en este sentido, intercambiables.

Desde esta perspectiva, la cohesión está relacionada no tanto con la atracción interpersonal como con la atracción social que las personas experimentan hacia los miembros de su propio grupo como un todo simplemente por el hecho de serlo. Obviamente, en muchas ocasiones la atracción interpersonal y la atracción social coinciden. Sin embargo, en otras ocasiones puede darse atracción social, y por tanto cohesión, sin que exista conocimiento o relaciones interpersona les con la mayoría de los miembros de nuestro grupo. En consecuencia, desde esta perspectiva, podemos definir un grupo cohesivo como un grupo con el que sus miembros se identifican fuertemente a través de un

proceso de categorización del yo, y así manifiestan en diversos grados atracción social, etnocentrismo, conductas normativas y diferenciación in­tergrupal. Según esta perspectiva, la cohesión aumentaría en aquellas cir­cunstancias en las que la pertenencia grupa) se torna importante, corno por ejemplo, en una situación de conflicto con otro grupo. Líderes ¡políticos y militares de todos los tiempos han aplicado este principio: si hacemos que nuestro grupo se sienta amenazado (la amenaza puede ser real o incre­mentada artificialmente) la cohesión grupa] y el apoyo al líder aumentará. Así, por ejemplo, el presidente de los Estados Unidos, George Bush, cuya capacidad de liderazgo fue ampliamente cuestionada al comienzo de su primer mandato, alcanzó altos índices de popularidad en el clima bélico desatado a raíz del ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York.

Cohesión y sentimiento de comunidad

Con el término «sentimiento de comunidad» se hace referencia al sentido de pertenencia y mutua dependencia que vincula entre sí a los miembros de una determinada comunidad ubicada, generalmente, en un mismo territorio (un barrio, por ejemplo). Este concepto procede de la Psicología Comu­nitaria, donde ha alcanzado una gran importancia en los últimos años. Según McMil]an y Chavis (1986) en el sentimiento de comunidad pueden distinguirse cuatro dimensiones:

Pertenencia: grado de identificación con una determinada comunidad.

Influencia: cambio producido tanto en el individuo como en la comunidad a través de su mutua relación.

Satisfacción de necesidades: grado en que el individuo alcanza sus necesidades a través de la conducta cooperativa dentro de la comunidad.

Conexión emocional: grado en que la persona se siente vinculada afectivamente a una comuni­dad.

A través de un cuestionario creado para medir el sentimiento de comunidad —Sense of Community índex (SCI)— Perkins, Florin, Rich, Wandersman y Chavis (1990) encontraron que el sentimiento de co­munidad estaba relacionado de forma positiva con el tiempo de residencia en el barrio, la satisfacción residencial y el control social informal, y negativamente con el temor a la delincuencia. Asimismo, di‑

versas investigaciones (Kingston, Mitchell, Florin y Stevenson, 1999) han mostrado también la relación del sentimiento de comunidad con conduc­tas prosociales, participación política, y el emprender acciones a nivel lo­cal, así como con diversas medidas individuales de bienestar. Sánchez (2001), en un estudio realizado con 354 residentes en un barrio de Barce­lona, utilizando un cuestionario confeccionado a partir de la literatura existente encuentra tres factores en el sentimiento de comunidad: interac­ción vecinal (el más importante), arraigo territorial e interdependencia. Re­cientemente se ha comenzado a investigar el sentimiento de comunidad no sólo en los barrios, sino también dentro de organizaciones religiosas o escolares.

Aunque el concepto de sentimiento de comunidad tiene unos orígenes teóricos y empíricos muy di­ferentes al concepto de cohesión, ambos parecen estar muy relacionados. El estudio de la cohesión se ha venido realizando generalmente en grupos pequeños e interactivos, el sentimiento de comunidad alu­diría probablemente al mismo fenómeno en otro tipo de grupos o comunidades más grandes.

La toma de decisiones en grupo

En la sociedad actual muchas decisiones se toman en grupo. Existen comités para decidir a quién se concede una beca o un premio, la inocencia o culpabilidad de un acusado se determina muchas veces mediante un jurado, y en muchas ocasiones delicadas decisiones de política internacional (como entrar o no en guerra) se toman en reuniones en las que un grupo de expertos, después de sopesar las ventajas

PROCESOS GRUPALES Y RELACIONES INTERGRUPALES • 109

e inconvenientes, aconsejan al Presidente de la nación. Por ello resulta importante estudiar los procesos que se generan en los grupos que llevan a tomar determinadas decisiones, y tratar de conocer, y en su caso atenuar, determinadas dinámicas, como la que describimos a continuación, que en ocasiones pue­den llevar a decisiones poco adecuadas.

El pensamiento de grupo

El concepto de pensamiento de grupo trata de explicar por qué en ocasiones ciertos grupos, a pesar de estar formados por personas altamente cualificadas, se empeñan en una forma de pensar rígida que les lleva a tomar decisiones catastróficas y alejadas de la realidad, haciendo caso omiso de informacio­nes que podrían haberles ayudado a tomar una decisión correcta.

La historia proporciona numerosos ejemplos de este tipo de decisiones. Los autores americanos sue­len citar episodios familiares para ellos, como el mantenimiento de la flota Estadounidense en Pearl Harbor en 1941 (lo que provocó su destrucción por los japoneses) o la fallida invasión de Bahía de Co­chinos, en Cuba, en 1960. Seguramente, en nuestro país, el lector

podrá encontrar con facilidad ejemplos parecidos.                                                     .17

El concepto de pensamiento de grupo fue acuñado por Janis (1972) para referirse a un modo de pensamiento que se da en los grupos cohesivos cuando los esfuerzos de los miembros por mante­ner la unanimidad superan la motivación por evaluar de forma rea­lista cursos de acción alternativos. Ello da lugar a un deterioro de la

r-

eficacia en la toma de decisiones. Según el modelo de Janis, cabe

re–       —

distinguir entre los antecedentes y los síntomas del pensamiento dei grupo que finalmente llevan a los defectos en la toma de decisión.                                             L Entre los antecedentes del pensamiento de grupo cabe distinguir:

la existencia de una alta cohesión grupal,

la existencia de defectos estructurales en la organización como, por ejemplo, el aislamiento del grupo o la existencia de un liderazgo autoritario, y

la existencia de un contexto situacional provocativo como, por ejemplo, una amenaza externa o una situación de baja autoestima colectiva dentro del grupo debida a fracasos anteriores. Todo ello conduce a una necesidad imperiosa de buscar acuerdo dentro del grupo.

Entre los síntomas del pensamiento de grupo podernos señalar:

a) la sobreestimación del grupo, que vendría dada por la «ilusión de invulnerabilidad» (la creencia de que el grupo no puede equivocarse) y el sentimiento de «superioridad moral» con respecto a otros grupos,

la cerrazón mental, caracterizada por la tendencia a desestimar las informaciones que podrían ir en contra de la decisión que el grupo desea tornar, y

las presiones hacia la uniformidad, caracterizadas por la presión y ridiculización de los miem­bros del grupo que no se muestran de acuerdo con la decisión, lo que conduce a que los miembros del grupo se «autocensuren».

Finalmente, entre los fallos en la toma de decisión a los que conduce el pen­samiento de grupo se pueden mencionar:

la consideración, tan sólo, de la alternativa y los objetivos preferidos ini­cialmente, descartando sin mucha reflexión otras alternativas posibles,

el análisis insuficiente de los posibles riesgos de la elección,

los sesgos en el procesamiento de la información, y

el no desarrollar planes alternativos para el caso de que surja un proble­ma en el plan inicial.

Janis (1982) propone una serie de medidas que pueden contribuir a dificultar el pensamiento grupal. Dichas medidas se centran en:

la creación de diversos subgrupos que evalúen por separado todas las al­ternativas,

fomentar la imparcialidad del líder, y

recurrir a expertos o colegas cualificados que no sean miembros del grupo, estimulándoles a que pongan en cuestión las decisiones.

Finalmente, lanis sugiere que después de llegar a un consenso preliminar acerca de la alternativa a seguir debe hacerse una «reunión de segunda oportunidad>, para expresar dudas y volver a reflexionar sobre las ventajas de las alternativas no elegidas. El lector interesado puede profundizar en el concepto de pensamiento de grupo en el trabajo de Huici (2004b).

LAS RELACIONES [NTERGRUPALES

En esta segunda parte del capítulo abordamos el estudio de las relaciones intergrupales. Dentro de ellas, por su particular interés para el trabajador/a social nos centraremos concretamente en el conflicto intergru­pal y en algunas propuestas de solución formularias desde la Psicología Social. Lógicamente, la solución de los conflictos entre grupos tiene una enorme dificultad y requiere la colaboración de todos los actores sociales. Sin embargo, un mejor conocimiento de los factores psicosociales que propician el enfrentamiento entre los diversos colectivos puede contribuir a formular soluciones que ayuden a reducirlos.

El conflicto intergrupal: definición y clases

Aunque existen muchas definiciones de conflicto, casi todos los au­tores estarían dispuestos a admitir la existencia de un conflicto intergru­pai cuando dos grupos, sociedades o naciones perciben que sus obje­tivos (entendiendo éstos en un sentido amplio), intenciones y/o acciones son mutuamente incompatibles (Bar-Tal, Kruglanski y Klar, 1989). Bajo esta definición general caben muchos tipos de conflicto. Así, Fisher (1993), como veremos más adelante, distingue entre con­flictos de baja y de alta intensidad. En los conflictos de baja intensidad,

que son los que con mayor frecuencia ha estudiado la Psicología Social, la competición no abarca todos los aspectos de las relaciones entre los grupos. No obstante, si la situación no se resuelve en un tiempo prudencial existe el riesgo de que la propia dinámica interna haga que el conflicto vaya aumentando (o escalando) y se transforme en un conflicto de alta intensidad.

A continuación pasaremos revista a las principales teorías de carácter psicosocial que tratan de ex­plicar el conflicto intergrupal. Expondremos primero aquéllas que se centran con preferencia en un de­terminado tipo o explicación del conflicto para pasar después a las perspectivas integradoras.

La Teoría Realista del Conflicto grupa!

Bajo esta denominación, acuñarla por Campbell en 1965, se dan cita una serie de teorías prove­nientes de la Sociología, la Antropología y la Psicología Social que sostienen que el conflicto intergrupal está originado por una competición real entre los grupos con el fin de acceder a recursos escasos. Por lo tanto, desde esta perspectiva, el conflicto tiene un carácter «objetivo» o «realista». Taylor y Moghad­clam (1987) señalan que las teorías realistas del conflicto comparten tres premisas básicas:

que el ser humano es egoísta y trata de obtener los mayores beneficios posibles,

que el conflicto surge cuando están en juego intereses incompatibles, y

que los procesos psicosociales que acompañan al conflicto (actitudes negativas, hostilidad hacia el grupo rival, etc.) surgen de la existencia de intereses contrapuestos y no al revés.

Asimismo, desde esta perspectiva, existe la creencia, muchas veces implícita, de que el conflicto es algo negativo y que por lo tanto debe ser evitado. Los desarrollos más importantes de la Teoría Realista del Conflicto dentro de nuestra disciplina son los derivados de los estudios realizados por Sherif hace ya algunos años.

Los trabajos de Sherif

La Teoría Realista del Conflicto recibió un importante apoyo empírico a través de una serie de expe­rimentos de campo, clásicos ya en Psicología Social, que fueron realizados por Sherif y sus colabora­dores en los primeros años cincuenta (véase Sherif, 1966). En ellos se demostró que la competición entre grupos produce actitudes negativas, prejuicios y comportamientos hostiles hacia los miembros del otro grupo. Por su importancia describiremos brevemente en el Cuadro 4.2 dichos experimentos.


Este trabajo se realizó a lo largo de varios años en campamentos de verano. Los participantes eran ado­lescentes varones de similar estrato social y sin problemas psicológicos aparentes. Los muchachos fueron asig­nados por los investigadores a dos grupos diferentes. Al principio cada grupo realizaba de forma independiente una serie de tareas con objeto de que la cohesión grupa) se fuera consolidando. Posteriormente, los experi­mentadores inducían el conflicto intergrupal a través de la realización de juegos competitivos en los que sólo uno de los grupos podía ser vencedor. El conflicto provocado por los investigadores tuvo fuertes repercusiones (tanto internas como externas) para la vida grupa’. Dentro del grupo se produjo un incremento de la solidari­dad, y la estructura de roles se adaptó a la nueva situación (los miembros más agresivos pasaron a ocupar po­siciones de liderazgo). En las relaciones con el otro grupo se generaron actitudes sumamente negativas y existía una gran carga de hostilidad. Asimismo, se observó la aparición de un gran favoritismo endogrupal (tendencia a favorecer al propio grupo).

En el tercer experimento se intentó buscar la manera de reducir el conflicto. No resultó fácil, pues medidas tales como la difusión de información positiva del otro grupo, el contacto en situaciones agradables, las reuniones de líderes, o el apelar a normas morales resultaron inadecuadas. La única medida eficaz fue la creación de lo que Sherif llamó «metas sunraordenadasx. Dichas metas consistían en una serie de tareas en las que los dos gru­pos debían colaborar necesariamente si querían tener éxito tretomaremos este concepto en la parte final del tema al hablar de la reducción del conflicto intergrupal). Los resultados alcanzados por Sherif han sido corroborados con sujetos adultos en ámbitos empresariales en un conjunto de investigaciones realizadas durante muchos años por Blake y Mouton (1979) y por muchas otras investigaciones empíricas realizadas desde entonces.

N

La Teoría Realista proporciona una explicación sólida del conflicto intergrupal y de los fenómenos psicosociales que le acompañan. Sín embargo, dicha explicación es aplicable principalmente a las re­laciones entre grupos de similar estatus que tienen, además, un carácter cerrado (en los que el cambio de grupo sea difícil). En otros casos su poder explicativo disminuye. Así, la realidad demuestra que los grupos desfavorecidos, a pesar de su desigualdad de recursos, no siempre entran en conflicto con el gru­po dominante sino que, por el contrario, en muchas ocasiones consideran de forma negativa al propio grupo y aceptan la distribución desigual como algo legítimo (Apfelbaum, 1979). Por otra parte, numero­sos experimentos demuestran también que, en muchas ocasiones, la rivalidad y la discriminación hacia

otros grupos se produce con anterioridad a cualquier tipo de competición entre ellos. La Teoría de la Identidad Social (TIS), que veremos a continuación, se ocupa directamente de estos asuntos.

La Teoría de la Identidad Social

Como señalan Tajfel y Turner (1979, p.34) la Teoría de la Identidad Social «no tiene la intención de reemplazar a la Teoría Realista del conflicto, sino de completarla en algunos aspectos que parecen esenciales para una adecuada Psicología Social del conflicto inter­grupal». Esta teoría parte de la afirmación de que todas las personas tratamos de alcanzar y mantener una identidad social positiva. Dicha identidad (Tajfel y Turner, 1979) está for­mada por aquellos aspectos de la auto-imagen del individuo que proceden de las categorías sociales (grupos) a las que pertenece. Esta identidad social positiva se consigue realizando compa­raciones (favorables) entre el propio grupo y otros grupos relevantes. Para ello, como demuestran los numerosos experimentos realizados bajo el paradigma del grupo mínimo (descrito en el Cuadro 4.1), las personas no dudan, aun en ausencia de toda competición por recursos objetivos, en favorecer al pro­pio grupo en detrimento del exogrupo, proceso que, como hemos señalado, se denomina favoritismo enclogrupal. Además, las investigaciones demuestran que no se busca tanto maximizar los beneficios propios como diferenciarse positivamente del grupo de comparación.

Otros conceptos claves de la Teoría de la Identidad Social (TIS) aplicada a las relaciones intergrupales son los de movilidad y cambio social. En una determinacla sociedad predominan las creencias cle movi­lidad social cuando las personas que viven en ella están convencidas de que es posible cambiar de grupo o categoría social con cierta facilidad cuando su grupo de origen no logra satisfacer su necesidad de una identidad social positiva. Por el contrario, predominarían las creencias de cambio social cuando los su­jetos perciben que el abandono, de forma individual, de su grupo de pertenencia es casi imposible.

Combinando el concepto de identidad social positiva con los de movilidad y cambio social, Tajfel y Turner (1979) tratan de explicar el surgimiento de diferentes tipos cle conflicto intergrupal. Así, en una sociedad donde el cambio de grupo es posible, cuando la persona no está satisfecha en el grupo o ca­tegoría social a la que pertenece, simplemente lo abandonaría y buscaría otro que se ajuste más a sus deseos. En buena lógica, en una sociedad cle este tipo el conflicto intergrupal difícilmente llega a produ­cirse. Por el contrario, cuando la persona no está satisfecha con su grupo cle origen pero no puede aban­donarlo fácilmente podría adoptar, según la TIS, dos estrategias con el fin de salvaguardar su identidad social positiva (hay que hacer notar que la identidad social positiva no es algo abstracto, sino que está directamente relacionada con el estatus, el poder y la cantidad cle recursos a los que un grupo tiene acce­so): la creatividad social y la competición social.

• Mediante la creatividad social la persona puede buscar una dimensión de comparación nueva que le permita salir favorecida con respecto al exogrupo. Por ejemplo, en el caso cle blancos y afroamericanos, la mayor capacidad de estos últimos para algunos deportes. Puede, asimismo, cam­biar los valores asignados a los atributos de su grupo de forma que las comparaciones que pre­viamente eran negativas se conviertan en positivas asumiendo que «lo negro es bello». Puede, fi­nalmente, cambiar el exogrupo de comparación con objeto de salir beneficiado. Esto sucedería cuando los miembros del grupo desfavorecido, por ejemplo los afroamericanos en los Estados Unidos, se comparan con los inmigrantes mejicanos y no con los norteamericanos blancos.

• La competición social se produce cuando los miembros de un grupo deciden buscar su distintivi­clad positiva a través de la competición directa con el exogrupo. Este sería el tipo cíe conflicto in­tergrupal que ha venido abordando la Teoría Realista del conflicto descrita anteriormente.

Cada una de estas estrategias tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La estrategia de movilidad in­dividual y algunas formas cíe creatividad social pueden evitar el conflicto intergrupal a pesar de existir competencia por recursos escasos. Sin embargo, como señalan Tajfel y Turner (1979), la movilidad in­dividual destruye la solidaridad del grupo subordinado y no proporciona una solución contra la identi­dad social negativa para el grupo en su conjunto. La creatividad social puede evitar también el conflicto y restaurar una identidad grupal positiva, pero a costa de una cierta alienación de los miembros del gru­po porque, por mucha creatividad social que se utilice, el grupo desfavorecido seguirá estando en una posición desaventajada.

Desde la TIS se reconoce que aunque el conflicto intergrupal está poderosamente condicionado por variables sociales, políticas y económicas «reales», dichas variables tienen su traducción en una serie de procesos «psicológicos» que pueden adquirir «una función autónoma que les permita orientar en una u otra dirección el funcionamiento posterior de los procesos de conflicto» (Tajfel y Turner, 1979, p. 46). La TIS es, por tanto, una teoría psicosocial del conflicto intergrupal que tiene un ámbito de aplicación mayor que la Teoría Realista del conflicto. Explica cuándo y bajo qué condiciones la desigual­dad de recursos ciará origen a un conflicto intergrupal. Asimismo, tiene en cuenta la po­sibilidad de que los grupos sean abiertos o cerrados y la influencia de este hecho sobre el conflicto.

Hemos descrito la TIS con respecto al conflicto intergrupal tal como quedó formu­lada a principios de los años 80. Desde entonces la teoría ha generado una gran canti­dad de investigación que, al mismo tiempo que la ha dotado de contenido empírico, ha contribuido también a desarrollar ciertos aspectos teóricos. Remitimos al lector intere­sacio al trabajo de Huici (2004a) para una mayor ampliación.

La Teoría de la Privación Relativa

Esta teoría nace para explicar el hecho llamativo, observado ya por estudiosos de la ciencia política desde hace muchos años, de que la mayoría de las revoluciones y protestas no suceden cuando las condiciones socioeconómicas están en su punto más bajo, sino precisamente cuando se ha producido en ellas una relativa mejoría. Traducido en términos psicológicos (Guimond y Tougas, 1996) esto significa que «la gente protesta y se rebela no porque están objetiva­mente privados o desprovistos, sino porque se sienten privados relativamente en relación con otras personas, grupos o situaciones con los que se comparan».

Para Taylor y Moghaddam (1987, p. 113) el sentimiento de privación relativa incluye aspectos cognitivos (percepción de la discrepancia entre lo que uno espera y lo que reci­be) y aspectos emocionales (los sentimientos de cólera, agravio y ofensa originados por dicha percepción). En cualquier caso, como señalan Guimond y Tougas (1996, p. 173), la privación relativa es una variable inferida para dar cuenta de ciertas observaciones. En concreto de por qué las carencias reales de una persona o grupo no están directamente

relacionadas con las acciones que emprende para mejorar su situación. Estos autores dis- Fathah M. Mughacidam. tinguen, en función de la naturaleza de la comparación implicada, tres clases de priva­ Geurgetawn U ti iversily ción relativa: intrapersonal, interpersonal e intergrupal.

La privación relativa intrapersonal se produce cuando la insatisfacción proviene de una compa­ración que la persona hace con otra situación anterior vivida por ella o con las expectativas de futuro que ella misma mantiene.

En la privación relativa interpersonal (llamada por algunos autores privación egoísta) la persona se compara con otros miembros, generalmente de su propio grupo.

En la privación relativa intergrupal (llamada por algunos autores privación fraternal) la insatisfac­ción proviene de la comparación del estado en que se encuentra su propio grupo con respecto a otros grupos.

Una gran parte de las investigaciones realizadas sobre la Teoría de !a Privación Relativa tratan de de­terminar la relación entre este sentimiento y la acción colectiva. La hipótesis de Runciman (1966) es que la ¡privación fraternal (o intergrupal) conduce a la acción colectiva, mientras que la privación egoísta (o interpersonal) conduce a intentos individuales de mejorar la situación. Numerosas investigaciones han tratarlo de dilucidar esta cuestión (véase Cuadro 4.3).

Cuadro 4.3. Estudio sobre la Privación Relativa (PR)

Hafer y Olson i1993) presen­tan un estudio en el que se preguntaba a una serie de mujeres trabajadoras la satis­: facción con su trabajo cuan­’ do:

se comparaba con la situación de otros hombres y mujeres (privación relativa interpersonal) y

cuando se comparaba con la situación de los hombres en general (privación relativa intergrupal).

Cuatro semanas más tarde los sujetos rellenaron un cuestionario que medía la posibilidad de realizar com­portamientos individuales (p. e.. cambio de empleo, mejora de la formación) o comportamientos colectivos tp. e., manifestaciones de protesta contra la situación de las mujeres en el trabajo) tendentes a mejorar la si­tuación en la que se encontraban. Los resultados demuestran que la PR interpersonal estaba relacionada con comportamientos de promoción individual, mientras que la PR intergrupal era el principal predictor de los comportamientos de reivindicación colectiva.

En general, las investigaciones tienden a apoyar la Hipótesis de que existe relación entre la privación relativa intergrupal o fraternal y la participación en acciones colectivas. Sin embargo y, dado que no siempre la PR fraternal desemboca en acción colectiva se hace necesario realizar nuevas investigaciones para determinar qué variables están también implicadas en esta relación.

Modelos integradores del conflicto intergrupal

Los modelos integradores del conflicto intergrupal conciben éste como un fenómeno complejo que debe ser abordado a múltiples niveles. Por ello, tratan de incorporar en su explicación las aportaciones de otras teorías del conflicto intergrupal que tienen un carácter más específico. En este capítulo veremos dos modelos elaborados desde la Psicología Social: el modelo de los cinco estadios de las relaciones intergrupales elaborado por Taylor y McKirnan (1984) y el modelo ecléctico del conflicto intergrupal ela­borado por Fisher (1990).

El modelo de los cinco estadios

El modelo de los cinco estadios de las relaciones intergrupales propuesto por Taylor y McKirnan (1984) incorpora una perspectiva temporal al estudio de las relaciones intergrupales. En efecto, desde las teorías anteriores (quizás con la excepción de la TIS) el conflicto intergrupal parece surgir en un momento con­creto a partir de las circunstancias específicas de ese momento. Para Taylor y McKirnan, por el contrario, la perspectiva histórica pasa a ocupar un lugar central en el estudio del conflicto entre grupos.

Estos autores asumen que las sociedades están estratificadas existiendo siempre en ellas grupos de alto y de bajo estatus. Las relaciones entre grupos pasan siempre por cinco etapas, que veremos a con­tinuación. Sin embargo, laduración de cada una de las etapas es imposible de prever y depende de las circunstancias históricas específicas y de la dinámica propia de cada relación grupal. La transición de una a otra etapa se produce a partir de dos procesos psicológicos básicos bien estudiados por la Psico­logía Social: los procesos de atribución causal y los procesos de comparación social.

Las cinco etapas por las que pasan Las relaciones intergrupales serían las siguientes:

Relaciones intergrupales claramente estratificadas

En esta fase está clara la existencia de dos grupos, uno de los cuales ocupa una posición dominante sobre el otro. Entre ellos existen barreras insalvables (p, e. sociedades feudales, sistemas de castas, esclavos vs. blan­cos en Estados Unidos, hombres y mujeres hasta hace pocos años). En esta fase las pautas de atribución y comparación sociales son totalmente indi­vidualistas y se producen únicamente en el seno de cada grupo.

Emergencia de una ideología social individualista

Durante esta fase sigue persistiendo la estratificación. Sin embargo, debido al progreso relativo de la sociedad en cuestión, empieza a valorar­se la «valía» o logros personales de los individuos y empieza a pensarse

que es posible la movilidad social. Tanto los miembros de los grupos dominantes corno los de los grupos desfavorecidos atribuyen su estatus a características personales (habilidad. esfuerzo) de los cuales ellos son responsables. En esta fase pueden darse comparaciones entre miembros de diversos grupos pero en un plano interindividual (entre personas).

Movilidad social

En esta fase los miembros más competentes (la elite potencial) de los grupos desfavorecidos intentan cambiar de grupo. La motivación para hacerlo radica, tal como sostiene la TIS, en la búsqueda de una identidad social positiva. Según este modelo, las acciones colectivas de los grupos desfavorecidos sólo tienen lugar cuando estos intentos individuales de ascensión social fallan.

Surgimiento de la conciencia

El ascenso individual de algunos miembros del grupo desfavorecido contribuye a mantener el statu quo. Esto sucede principalmente por dos razones, En primer lugar, porque hace ver a los miembros del grupo subordinado la «justicia» del sistema existente: si se trabaja duro uno obtiene su recompensa. En segundo lugar, porque priva al grupo subordinado de los líderes potenciales que podrían fomentar el conflicto.

Sin embargo, corno no todos los que lo intentan pueden pasar al grupo dominante, se va creando gradualmente un estado de descontento. Esto sucede desde el momento en que el fallo en el ascenso

se deja de atribuir a causas personales («no soy lo suficiente­mente bueno») y se empieza a atribuir a la discriminación del otro grupo. Por tanto, las comparaciones sociales empiezan a realizarse, poco a poco, de forma intergrupal y no de forma in­terpersonal.

5) Relaciones intergrupales competitivas

Esta «conciencia» nacida en el grupo desfavorecido da lugar a intentos de mejorar su posición con respecto al grupo domi­nante. Según los métodos sugeridos por Tajfel y Turner en la TIS, esto puede realizarse a través de la competición directa o a tra‑

vés de [a redefinición de algunas características del grupo desfavorecido (sirva como ejemplo la famosa frase «lo negro es bello»). En esta fase el grupo desfavorecido trata de realizar comparaciones intergru­pales, mientras que el grupo dominante intenta por todos los medios a su alcance hacer creer que sólo las comparaciones individuales son legítimas. Las pautas atributivas del grupo subordinado también va­rían. Así, se realiza una atribución externa del estado de la cuestión culpabilizando al grupo dominante por la subordinación actual y pasada. Por el contrario, se realiza una atribución interna en relación con el futuro: se piensa que el propio grupo va a ser capaz de mejorar su situación a partir de sus propias cualidades.

Una vez llegados a este punto el conflicto intergrupal puede terminar de tres maneras posibles:

si la relación de poder entre el grupo subordinado y el dominante no consigue ser cambiada se volvería a etapa II y el ciclo seguiría de nuevo.

el grupo dominado puede «dar la vuelta a la tortilla». Entonces se volvería también a la etapa II pero con los grupos cambiados de papel.

los grupos puede alcanzar una relativa igualdad de poder. En esta situación seguirían producién­dose constantes comparaciones intergrupales. Al no haber un grupo claramente vencedor se pro­duciría lo que Taylor y Moghaddam (1987, p. 162) llaman ,(un saludable estado de competición social».

Aunque debido a su amplitud es difícil contrastar empiricamente este modelo en todos sus aspectos, proporciona un buen marco teórico de orientación psicosocial del cual pueden surgir predicciones es­pecíficas susceptibles de ser verificadas.

El modelo ecléctico del conflicto intergrupal

Este modelo, propuesto por Fisher (1990, 1993), trata de recoger las principales aportaciones reali­zadas desde la Psicología Social al estudio del conflicto intergrupal e integrarlas en un modelo que clé

 

cuenta del surgimiento del conflicto, de sus consecuencias a diversos niveles y, finalmente, de la pro­gresión del conflicto hacia su resolución o hacia su agudización. Para ello es básico considerar la exis­tencia de tres niveles de análisis del conflicto mutuamente interdependientes: el individual, el grupa’ y el intergrupal.

Fisher está de acuerdo con la Teoria Realista del Conflicto en que el conflicto intergrupal está causa­do por un conflicto real de intereses, valores o poder entre grupos. Si los grupos tienen un grado de poder parecido es muy probable que surja la confrontación directa. Si existen diferencias de poder entrarían en juego los mecanismos propuestos en el modelo de los cinco estadios que hemos visto anteriormente. En ambos casos el conflicto real acaba originando una percepción de amenaza que da lugar a un in­cremento del etnocentrismo.

El etnocentrismo constituye la piedra angular de este modelo. Por una parte, es el resultado de una serie cte procesos previos. Por otra, pone en marcha otra serie de procesos que son los que van a dar al conflicto su dimensión real. El incremento del etnocentrismo conduce a una mayor solidaridad endo­grupal y al mismo tiempo a una mayor hostilidad hacia el exogrupo. Llegados a este punto las variables personales (autoritarismo, tendencias antidemocráticas de los líderes) y grupales (identidad grupa)) empiezan a actuar:

a) incrementando los sesgas perceptuales y cognitivos contra el otro grupo, /)) disminuyendo la capacidad para resolver el problema, y

c) aumentando la presión de los miembros del grupo sobre sus representantes.

Todo ello da lugar a un escalamiento del conflicto. Por otra parte, también es posible una disminución del conflicto si los grupos logran implicarse en una interacción cooperativa.

Distingue también Fisher (1993) dos tipos de conflicto, el de baja y el de alta intensidad. El primero está caracterizado por un conflicto de intereses limitado sólo a ciertos aspectos y, mientras en algunas facetas puede existir un claro enfrentamiento, en otras puede darse todavía una rela­ción cooperativa. Esta extensión relativa del conflicto hace que los cauces cle comu­nicación permanezcan abiertos y que ambas partes acepten la negociación como una posible vía de solución. Un ejemplo de este tipo de conflicto es el que podría pro­ducirse entre dos países de la Unión Europea por cuestiones agrícolas o pesqueras. El conflicto afectaría a dichas áreas, pero las relaciones entre los países seguirían sien­do correctas en otros ámbitos.

Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, mediante los procesos de escalamiento que el modelo describe, un conflicto de baja intensidad puede acabar finalizando en un conflicto de alta intensidad. Entonces, el sentimiento de amenaza aumenta con el consiguiente aumento del etnocentrismo y de los sesgos perceptivos hacia el otro gru­po. Los canales de comunicación se rompen y se desencadenan una serie de procesos individuales y grupales que hacen muy difícil que, una vez alcanzado este punto, se produzca la desescalación o disminución del conflicto.

 

El modelo de Fisher no está avalado, hasta el momento, por investigaciones empíricas que verifiquen las complejas relaciones postuladas entre variables. A pesar de ello, el hincapié en la interacción de los tres niveles señalados y su explicación de la escalación del conflicto constituyen una aportación teórica de indudable importancia.

El conflicto intratable

Corno hemos señalado, el conflicto intergrupal puede adoptar muy diversas formas dependiendo de su duración, intensidad y del estatus y/o poder relativo de los grupos implicados. En este capítulo hemos trata­do de describir los modelos más comprehensivos o integradores del conflicto elaborados desde la Psicología Social. Existe, sin embargo, un tipo de conflicto, sumamente importante, que apenas ha sido abordado: es el llamado conflicto intratable. Para hablar de él seguiremos el modelo teórico propuesto por Bar-Tal (1995).

Según este autor, los conflictos intratables son aquéllos que reúnen las siguientes características:

persisten durante un largo periodo de tiempo (en ocasiones durante varias generaciones),

en ellos las partes implicadas se perciben como irreconciliables,

ciertos estamentos (ejército, partidos políticos) de los grupos implicados tienen interés en la continuación del conflicto,

son violentos, aunque en ellos se alternan periodos de guerra abierta con periodos en que la vio­lencia está más o menos latente,

son de tal naturaleza que cuando un grupo gana el otro necesariamente pierde,

son totales, es decir, existe la percepción de que el conflicto es vital para la supervivencia de cualquiera de los grupos y, como consecuencia de todo ello,

ocupan un lugar central en la vida de las personas y grupos implicados.

Un ejemplo claro de este tipo de conflicto es el que viene desarrollándose desde hace décadas entre árabes e israelíes (seguro que en el contexto español al lector se le ocurre algún otro ejemplo). La asunción básica de Bar-Tal con res­pecto al conflicto intratable es que cualquier sociedad implicada en él necesita desarrollar una serie de mecanismos militares, políticos, económicos y psicoló­gicos que le ayuden a afrontar con éxito la situación. Entre los mecanismos psi­cológicos estarían, entre otros, una especial devoción hacia el endogrupo, una al­ta motivación para contribuir a la lucha, capacidad de afrontar el estrés físico y psicológico, disposición al sacrificio personal, solidaridad, etc. Estas caracterís­ticas psicológicas se desarrollarían, según Bar-Tal, a partir de lo que llama creen­cias sociales o societales. En general, las creencias societales son un conjunto de

cogniciones compartidas por los miembros de una determinada sociedad sobre Daniel Bar-Tal.

aquéllos aspectos que tienen una especial importancia para esa sociedad. Las        Universidad de Tel Aviv {Jsrael}

creencias societales contribuyen a dar unidad y sentido de la especificidad a los miembros de la socie­dad en cuestión. Las creencias societales propias de un grupo o nación implicado en un conflicto in­tratable serían las que se presentan en el Cuadro 4.4.

Cuadro 4.4. Creencias que mantiene un grupo (o nación) implicado en un conflicto intratable

Creencias societales en la justicia de los objetivos que el grupo persigue. Esta creencia proporciona una base racional al surgimiento del conflicto y motiva a los miembros cle esa sociedad-a sacrificarse y luchar duro para conseguir sus metas.

Creencias societales en relación con la seguridad del propio grupo o nación. En un conflicto intratable la necesidad cle seguridad se convierte en un valor central para la sociedad en cuestión. Estas creencias contribuyen al fortalecimiento del aparato militar y a justificar las acciones que se puedan emprender en aras de salvaguardarla.

Creencias societales que deslegitiman al grupo o nación rival. Entre ellas pueden estar el considerar que el enemigo pertenece a una raza inferior, el atribuirle rasgos negativos (vagos, parásitos), o el equipararle con otros grupos no aceptables para la sociedacl en cuestión (nazis, comunistas, imperia­listas). Las creencias que deslegitiman al grupo rival contribuyen a justificar ante los miembros de la sociedad los costes derivados de la larga duración y el encono del conflicto. Asimismo, contribuyen a justificar las acciones emprendidas contra el exogrupo.

Creencias societales de autoimagen positiva. Este tipo de creencias reflejan la tendencia etnocéntrica que existe en cualquier grupo. Sin embargo, en periodos de conflicto intratable se exacerban y adquie­ren especial importancia.

Creencias societales de victimización. El considerarse una víctima del grupo oponente contribuye a justificar las acciones emprendidas contra él y reforzar la creencia en la justicia de las propias nietas.

Creencias societales de patriotismo. Dichas creencias, que vinculan a los miembros del grupo con el país en el que residen, son importantes cuando existe un conflicto intratable. Tienden a incrementar la co­hesión del grupo proporcionando una explicación y una justificación para cualquier tipo de sacrificios.

Creencias societales de unidad. Mediante estas creencias se resalta la importancia de permanecer unidos, de aparcar todas las discusiones internas con objeto de poder hacer frente a la amenaza exterior.

Creencias societales de paz. Este tipo de creencias sostienen que lo que el propio grupo desea, en último término, es la paz. Contribuyen a me¡orar la autoimagen del propio grupo y a presentarle positivamente ante otros grupos. Por otra parte, contribuyen también a proporcionar una cierta esperanza en el futuro. Esto es muy importante en los conflictos intratables que, como hemos dicho, son prolongados y suma­mente violentos.

 

Todas estas creencias societales constituyen una especie de ideología que apoya la continuación del conflicto y sirve, como ya hemos dicho, para desa­rrollar las condiciones psicológicas necesarias para afrontarlo. Según esto, las creencias societales cumplen dos funciones, una cognitiva y otra motivacional. En su faceta cognitiva sirven como explicaciones, justificaciones y guía de las acciones emprendidas durante el conflicto. En su faceta motivacional inspiran, motivan y dan coraje a los miembros del grupo para continuar en la lucha.

Todas las sociedades implicadas en conflictos intratables hacen especiales esfuerzos para trasmitir las creencias societales a sus miembros. Dicha trasmi­sión se realiza a través de los medios de comunicación y, en general, a través de todas las instituciones existentes en la sociedad. Especial importancia tiene, como demuestra Bar-Tal en el caso de los israelíes, la socialización de los nue­vos miembros a través de la enseñanza escolar y de los libros de texto. Parece evidente que los conflictos intratables tienen difícil solución. Sin embargo, si algo queda claro a partir del análisis de Bar-Tal es que dicha solución pasa por el cambio y desmontaje de las creencias societales.

LA REDUCCIÓN DEL CONFLICTO INTERGRUPAIL

Como señala Worchel (1979), en general, las diversas teorías han venido prestando más atención a los factores que conducen al conflicto intergrupal, o a los efectos que produce, que a las posibles ma­neras de reducirlo. Ingenuamente cabría pensar que si el conflicto se origina, como señala Tajfel, a partir de la identificación de las personas con un grupo o, como señala Sherif, por la competencia por recursos escasos, bastaría disminuir la identificación grupal o la situación competitiva para eliminar el conflicto. En la realidad esto es prácticamente imposible de conseguir. Por lo tanto, y dada esta imposibilidad, pa­rece razonable tratar de identificar aquellos procesos a través de los cuales el conflicto puede ser reduci­do. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en los últimos años los Psicólogos Sociales han comen­zado a contemplar el conflicto no tanto corno un problema en sí mismo sino corno la expresión de una situación de malestar existente entre los grupos. Dicho malestar es causado, casi siempre, por situacio­nes objetivas de injusticia, explotación y abuso de poder. Parece evidente, por tanto, que la superación del conflicto no puede lograrse sin tener en cuenta las circunstancias reales en las que tiene lugar y que, sin duda, el mejor método de resolver el conflicto es la existencia de justicia social. Teniendo esto presente, a continuación mencionaremos algunas de las alternativas sugeridas desde la Psicología Social para la disminución del conflicto.

El contacto intergrupai

La hipótesis de que el contacto entre los miembros de diferentes grupos conduce a una reducción de la hostilidad intergrupal tiene una larga tradición en Psicología Social (Allport, 1954). Existen, sin em­bargo, una serie de requisitos que contribuyen a que el contacto intergrupal sea eficaz (Brown, 1998). Dichos requisitos son:

que el contacto esté apoyado institucionalmente. En efecto, quienes ocupan posiciones de auto­ridad están en condiciones de otorgar sanciones o recompensas si se cumplen los Objetivos pro­puestos. Por ejemplo, si se trata de fomentar la integración de los alumnos hijos de inmigrantes en los colegios, las autoridades escolares pueden otorgar más fondos y/o reconocimiento público a los colegios que mejor hayan contribuido a dicha integración, fomentando así acciones similares por parte de otros colegios. Por otra parte, el apoyo institucional a las medidas de contacto ayuda a crear un nuevo clima social en el que pueden surgir normas más tolerantes.

que los contactos no sean esporádicos, sino que tengan una frecuencia, duración y cercanía sufi­cientes. Se supone que, de esta forma, es más fácil que las relaciones interpersonales positivas en­tre los miembros de grupos diferentes puedan generalizarse al exogrupo en su totalidad.

que las personas que interactúan tengan un estatus similar. Esto es importante porque las diferen­cias de estatus distorsionan la relación y refuerzan los estereotipos previos que se tienen hacia el grupo minoritario. Así, por ejemplo, blancos y negros llevan si­glos de contacto en los Estados Unidos y, a pesar de ello, el pre­juicio y la discriminación siguen existiendo todavía (véase Capí­tulo 5 de este manual).

que los contactos se produzcan en situaciones de cooperación.

En caso contrario el contacto intergrupal, más que reducir, pue­de aumentar el conflicto intergrupal. Existen numerosos estudios, entre ellos la clásica investigación de Sherif y colaboradores des­crita en el Cuadro 4.2, que demuestran los efectos positivos de la cooperación.

En el Cuadro 4.5 se describe brevemente la técnica del aprendizaje cooperativo, un modo de reducir el conflicto intergrupal.

A lo largo de los más de cincuenta años transcurridos desde que Allport formulara la hipótesis del contacto, se han realizado cientos de estudios para ponerla a prueba. Sin embargo, no existe acuerdo a la hora de hacer balance de dichas investigaciones. Así, mientras que para algunos autores la hipótesis del contacto ha recibido un claro apoyo empírico, para otros no ha podido demostrarse de forma feha­ciente su utilidad. No obstante, el reciente metaanálisis llevado a cabo por Pettigrew y Tropo (2006) ayuda a despejar algunas dudas. En su estudio estos autores han utilizado 713 muestras independientes provenientes de 515 estudios empíricos realizados durante los últimos treinta años en 38 países diferentes. Los resultados demuestran claramente que el contacto intergrupal reduce el prejuicio entre los di­ferentes grupos, y que las cuatro condiciones que acabamos de mencionar más arriba, si bien aumentan la eficacia del contacto, no son necesarias para que dicho contacto alcance efectos positivos. El lector interesado puede encontrar más información en castellano acerca de la hipótesis del contacto en Brown (1998) o Gómez (2004).

 

Existe también una importante línea de investigación relacionada con el denominado «aprendizaje cooperativo» que se utiliza principalmente en las aulas. Aunque existen diferentes técnicas, todas ellas presentan dos características generales: 1) El grupo amplio de la clase se subdivide en peque‑ nos grupos heterogéneos de trabajo (la composición de dichos grupos es determinada por el pro‑fesor en función de los objetivos propuestos) y 2) la tarea que se va a realizar requiere una interac-

ción directa (cara a cara) entre los miembros del grupo en una situación en la que los sujetos son , interdependientes. Esto significa que los estudiantes sólo pueden alcanzar sus metas individuales 11 a través del éxito del grupo. Se supone que la interacción en dichas condiciones, por un lado, me­jorará las relaciones intergrupales entre alumnos de diferente raza, nacionalidad y/o caracteristicas académicas y, por otro, facilitará un mejor rendimiento académico de todos los participantes en ge­neral, pero en mayor medida en los estudiantes provenientes de los grupos más desfavorecidos. El lector interesado puede ampliar información en Díaz-Aguado (2003) u Ovejero (1990).

Otra prometedora línea de investigación basada en la hipótesis del contacto es la propuesta por Wright, Aran, McLaughlin-Volpe y Ropp (1997). Dichos autores formulan la denominada “hipótesis del contacto extendido”, que sostiene que el mero hecho de conocer u observar que un miembro de nuestro grupo mantiene una relación estrecha con un miembro del exogrupo puede contribuir a la mejora de las actitudes intergrupales. Esta idea, de confirmarse en posteriores investigaciones, tiene unas implica­ciones prácticas importantes para la intervención, ya que, observar o dar publicidad a fas interacciones positivas entre los miembros de nuestro grupo y otro grupo estigmatizado es mucho menos costoso en tiempo y esfuerzo que propiciar un encuentro real entre los miembros de ambos grupos, y además sus­cita menos ansiedad entre las personas del grupo mayoritario.

La reducción del conflicto desde la Teoría de la identidad Social

Desde la TIS se sostiene que el favoritismo endogrupal (una de las principales raíces del conflicto) viene producido en gran medida por los procesos de categorización. Dichos procesos, al mismo tiempo que contribuyen a fa formación del grupo, conducen también a establecer la distinción entre «nosotros y ellos». Esta distinción lleva aparejada de forma casi automática el intento de favorecer al propio grupo en detrimento del exogrupo. Por ello resulta lógico pensar que si fuera posible modificar de alguna ma­nera estos procesos de categorización, también el favoritismo endogrupal resultaría modificado. Por otra parte, y dado que todas las personas pertenecen a varios grupos sociales, cabe pensar también que, en la medida que algunas de esas pertenencias fueran comunes, la hostilidad hacia el individuo o indi­viduos del otro grupo se reduciría. En consecuencia, desde esta perspectiva habría tres procesos que ten­derían a reducir el conflicto intergrupal.

La descategorización que consiste en procurar que los miembros de los grupos discriminados sean percibidos, por los miembros del grupo mayoritario, corno individuos y no como miembros de un grupo hacia el cual existen estereotipos negativos.

La categorización cruzada que consiste en resaltar las categorías comunes de pertenencia que pue­den tener los miembros de dos grupos enfrentados. De esta forma, al ser conscientes de que comparten al menos una categoría, la evaluación de las personas del otro grupo mejoraría porque en cierta medida son vistas también corno parte de nuestro propio grupo (Hewstone, Rubin y Milis, 2002). Tanto esta es­trategia como la descategorización han recibido apoyo empírico sobre todo en contextos de laboratorio, donde los grupos son creados de forma artificial. En contextos reales y sobre todo en situaciones de conflicto la modificación categorial resulta mucho más complicada.

La recategorización consiste en tratar de crear una nueva categorización que englobe conjuntamente a los miembros del exogrupo y del endogrupo. En esta línea Gaertner y Dovidio (2000) proponen el de­nominado «modelo de la identidad endogrupal común» que ha generado una gran cantidad de inves­tigación. La hipótesis principal de este modelo es que «si se induce a miembros de grupos diferentes a imaginar que forman parte de un único grupo y no de grupos separados, las actitudes hacia los miembros del anterior exogrupo se harán más positivas debido a una serie de procesos cognitivos y motivacionales, entre los que se incluye la tendencia a favorecer a los miembros del propio grupo» (Gaertner y Dovidio, 2000, p. 46).

A lo largo de este capítulo hemos tratado de resaltar la importancia que tienen los grupos en la vida de las personas. Hemos visto cómo los grupos influyen en las ideas y conductas de sus miem­bros. Asimismo, hemos examinado las diversas fases por las que pueden atravesar los grupos y las conductas que son más probables en cada una de ellas. Posteriormente, hemos analizado también las «fuerzas» que hacen que los miembros de un grupo permanezcan unidos (cohesión grupal) y los efectos de la grupalidad, a veces negativos, en la toma de decisiones (pensamiento de grupo). Por otra parte, en nuestra sociedad actual, no existe ningún grupo aislado de los otros. Por ello, el estudio de las relaciones intergrupales (que implica el estudio del conflicto entre grupos) constituye también un tema de vital importancia. En este sentido, hemos examinado las diversas teorías que, desde la Psicología Social, tratan de explicar el conflicto intergrupal para, finalmente, tratar de ofre­cer algunas alternativas para su reducción. Todas estas cuestiones, de vital importancia para los seres humanos y la sociedad, son, por la labor específica que desarrollan, de especial interés para los trabajadores sociales.


LECTURAS RECOMENDADAS Y REFERENCIAS EN INTERNET

Huici, C. y Morales, 1. F. (directores) (2004). Psicología de Grupos 1: Estructura y Procesos. Madrid: UNED.

Huici, C. y Morales, J. F. (directores) (2004). Psicología de Grupos 11: Métodos, Técnicas y Aplica­ciones. Madrid: UNED.

En estos dos libros el alumno interesado puede ampliar los contenidos de este capítulo. Lo que por razones de espacio aquí hemos tratado corno breves epígrafes figura desarrollado extensamente en estos dos volúmenes.

Páez, D., Fernández, l., Ubillus, S. y Zubieta, E. (Coorcls.) (2003). Psicología Social, Cultura y Edu­cación. Madrid: Pearson/Prentice Hall.

La sección VI de este libro contiene 5 capítulos relacionados con procesos grupales desde una perspectiva intercultural y pedagógica.

http://es.wikipedia.org/wiki/Conformidad

En esta página figuran enlaces que describen diversos experimentos realizados en Psicología Social para estudiar balo qué condiciones las personas tienden a conformarse a la presión del grupo o de la autoridad.

httn://www.s2j

1.1 Es la página Web de la vSociedad para el estuclio psicológico de los problemas sociales:. Esta asociación se fundó en 1930 y está compuesta por más de 3500 psicólogos y científicos sociales que tienen un interés común en la investigación de los aspectos psicológicos de los problemas so‑

: ciales. La asociación trata de unir las teorías científicas con la practica a la hora de abordar los problemas que ocurren en los grupos, comunidades y naciones. En ella pueden consultarse las ac­tividades de dicha asociación, así como múltiples enlaces interesantes sobre temas relacionados.

 

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