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capítulo X EL CONSUMO DE TÓXICOS

capítulo X

EL CONSUMO DE TÓXICOS

El hábito es como un cable: nos vamos enredando
en él cada día hasta que no nos podernos desatar.
H. MANN

El consumo abusivo o la dependencia de todo tipo de sustancias es un problema muy común entre las personas que padecen un trastorno bipolar. Entre dos y seis de cada diez afectados por la enfermedad tienen, además, un problema relacionado con sus­tancias de abuso. En muchas ocasiones, el paciente empieza a consumir sustancias psicoactivas antes de recibir el diagnóstico de la enfermedad bipolar, generalmente intentando escapar de algunos síntomas de la misma. Por ejemplo, es frecuente que algu­nos de nuestros pacientes hayan empezado a consumir cocaína durante un periodo depresivo no tratado para activarse, hayan empezado a fumar cannabis para calmarse o para conciliar el sueño, o se hayan iniciado en el consumo abusivo de alcohol para intentar «animarse». Todo ello, como veremos en este apartado, supone un gran error que no hace sino empeorar el curso de la propia enfermedad.

También es cierto que no todos los pacientes empiezan a consumir tóxicos como automedicación de la enfermedad; mu­chos de ellos llevan un estilo de vida desordenado anterior a la

misma, y tampoco es raro el caso de que empiecen a consumir tóxicos durante los episodios de manía, no para calmarse sino para estimularse aún más.

EL ALCOHOL

Lamentablemente, mucha gente cree que el alcohol es una sus­tancia menos peligrosa que otros tóxicos, por el mero hecho de que es legal. Esto es totalmente absurdo; el hecho de que la marihuana sea legal, por ejemplo, en Holanda o en otros países, no hace que sea menos nociva. La cocaína y heroína fueron legales en la mayoría de los países del mundo hasta bien entra­do el siglo xx y, obviamente, no por eso eran menos dañinas entonces.

El alcohol, por lo tanto, es una sustancia adictiva y poten­cialmente nociva de uso legalizado. La dependencia y el uso per­judicial de alcohol constituyen un problema de salud altamente frecuente entre la población general, los problemas de salud físi­ca asociados a su consumo son importantísimos y no pocas per­sonas mueren de enfermedades relacionadas directa o indirecta­mente con la bebida, incluso si ignoramos la desastrosa combinación de alcohol y conducción de vehículos.

Las tasas de alcoholismo oscilan entre el 20 y el 40 por cien­to en los pacientes bipolares. Es decir, según esta estadística, en­tre una y dos de cada cinco personas que padecen un trastorno bipolar serían, además, alcohólicas. Muchos bipolares empiezan a beber para combatir la ansiedad (aunque a medio plazo produ­ce mayor ansiedad), para poder dormir (aunque acaba por inhi­bir el sueño profundo), para combatir los síntomas depresivos (si

bien, a medio plazo, es un potente depresógeno, es decir, causa depresión) o para no sentir la soledad (aunque a medio plazo el alcohólico acaba siempre solo). Por lo tanto, el consumo de al­cohol no hace sino agravar la enfermedad, y sus consecuencias sobre la vida social, familiar y laboral y sobre la salud física y psíquica son muy graves. Hay que señalar que si usted padece un trastorno bipolar, no hace falta que sea un alcohólico para que el consumo de alcohol sea muy nocivo. Aunque éste sea moderado, empeorará claramente el pronóstico de un trastorno bipolar (y el de la mayoría de las enfermedades). El consumo crónico, que es considerado normal por muchos sectores de nuestra sociedad, resulta tremendamente perjudicial para las personas que padecen un trastorno bipolar.

Pongamos por caso el siguiente patrón de consumo: a me­dia mañana una cerveza con el desayuno, un cuarto de botella de vino y un carajillo de anís con la comida, otra cerveza por la tarde al acabar el trabajo y un poco más de vino con la cena. Este consumo, que muchos podrían juzgar como muy habi­tual o no excesivo, es prácticamente incompatible con la es­tabilidad de un trastorno bipolar (e incompatible con la salud física en general). La pregunta clave parece ser cuánto puede beber en realidad una persona que padece un trastorno bipo­lar. La respuesta es sencilla: nada. ¿Por qué? Por todas las ra­zones señaladas hasta aquí. Y porque el alcohol aumenta las posibilidades de sufrir una recaída y desestabiliza el estado de ánimo, por lo que debe evitarse a toda costa. Además, prácti­camente todas las medicaciones que se toman como trata­miento del trastorno bipolar son incompatibles con el alcohol, que suele aumentar sus efectos secundarios o restar eficacia a las mismas.

EL CAFÉ

Si hay mucha gente que contempla el vino, la cerveza o el bran­dy como inofensivos por el mero hecho de que se pueden comprar en un supermercado, el caso del café es aún más exagerado. Prác­ticamente nadie, fuera del ámbito médico, considera el café como un tóxico potencialmente nocivo y adictivo. Incluso mucha gen­te que no fuma, no bebe y no tiene «malos hábitos» cuenta sus virtudes mientras toma un par de tazas de café. El café es un es­timulante que suele producir ansiedad e insomnio, al ser un ago­nista noradrenérgico (es decir, al facilitar la transmisión de nora­drenalina). Tiene efectos sobre el sistema nervioso central, estimulando el estado de vigilia y la resistencia al cansancio y sobre el corazón, provocando vasoconstricción. También actúa sobre el sistema respiratorio y gastrointestinal (generalmente laxando) y sobre la función renal. Su uso excesivo puede provocar arritmias, jaquecas, movimientos involuntarios, úlceras, aumen­to del colesterol, ansiedad e insomnio. Otro riesgo añadido de la adicción a la cafeína es la alta tolerancia que genera; es decir, al cabo de unos días de hábito, para conseguir el mismo efecto que inicialmente nos provocaba un café necesitaremos un par, al cabo de un tiempo necesitaremos tres, y así sucesivamente, hasta llegar a casos nada extraños de personas que consumen más de diez tazas de café al día para mantenerse despiertos y que, si dejan bruscamente de consumirlo, presentan un síndrome de abstinen­cia caracterizado por jaquecas, cansancio e irritabilidad.

Precisamente por eso es curioso que la publicidad televisiva sobre el café nos presente al mismo como una sustancia inofen­siva y relajante, y en ningún momento se nos avise de su peli­grosidad (algo que sí ocurre, por ejemplo, con el alcohol o el

tabaco). Ello ha creado en muchas personas una cierta confu­sión respecto al uso adecuado del café, y no son pocas las que beben café bien avanzada la tarde o después de cenar, ignoran­do las consecuencias negativas que ello puede tener sobre su salud.

La cafeína es un potente activador que empieza a hacer su efecto unos cuarenta minutos después de ingerirla y permanece activa en sangre hasta ocho horas después. Por ello, el consejo en general para una persona que padece un trastorno bipolar y está eutímica es que puede beber un máximo de dos cafés o bebidas con cafeína al día, pero con dos condiciones: que no se sienta especialmente inquieto, ansioso o agitado tras beberlos y que consuma el último siempre un mínimo de ocho horas antes de acostarse.

Los pacientes propensos a presentar ansiedad deben abste­nerse por completo de tomar café o refrescos de cola con cafeína. Del mismo modo, si tenemos la sospecha de estar iniciando un episodio mixto, hipomaníaco o maníaco, debemos dejar de to­mar café o bebidas con cafeína.

Por el contrario, si el episodio es depresivo, el paciente está autorizado a beber café (siempre respetando los plazos de sueño y teniendo en cuenta que no sea ansioso), que puede incluso beneficiarle, al ayudarle a activarse.

Muchos pacientes bipolares abusan del consumo de café, muchas veces para combatir su sintomatología subdepresiya leve, lo que es nocivo de por sí.

Como ya hemos dicho, el café altera la calidad y la cantidad de sueño y por ello puede llegar a ser muy perjudicial para una persona con trastorno bipolar. Todos conocemos a alguien que afirma beberse un café con la cena y dormir ocho horas como

un tronco: aceptamos que pueda llegar a dormir ocho horas, pero, en cualquier caso, la calidad del sueño nunca va a ser la misma.

Todo lo dicho sobre el café es aplicable, en general, a los re­frescos de cola, a no ser que especifiquen claramente que no contienen cafeína. Respecto a otras bebidas energéticas que con­tienen taurina u otros estimulantes, debernos desaconsejarlas del todo para personas con un trastorno bipolar. Aparte de tener un sabor bastante lamentable, su potencial estimulante sería el de unos cuatro cafés tomados de golpe, por lo que hay que evitar ingerirlas. Son fáciles de identificar porque suelen tener nombres llamativos que hacen referencia a la energía o a explosiones y porque su continente suele ser una lata algo más delgada y alta que las convencionales (fálica, desde el punto de vista del már­keting psicoanalítico).

EL TABACO

El tabaco es probablemente la sustancia tóxica más adictiva y consumida en el mundo. Causa anualmente millones de muertes y decrece la esperanza de vida de forma contundente. Pero, para sorpresa de todos, no hay ningún estudio que muestre que fumar perjudica el curso del trastorno bipolar. En principio, desde un punto de vista exclusivamente psiquiátrico, no hay ningún dato que nos haga aconsejar a nuestros pacientes dejar de fumar. El problema es que cualquier persona que fume se plantea en algún momento dejar de fumar (y mejor que lo haga, por su bien) y, precisamente, dejar de fumar es algo complejo para alguien que padece un trastorno bipolar,

Independientemente de si lene o no un diagnóstico psiquiá­trico, dejar de fumar es extremadamente difícil para cualquier persona. El síndrome de abstinencia de nicotina puede provocar ansiedad, sintomatología depresiva, insomnio e irritabilidad. Esto puede, en el caso de alguien que padece un trastorno bipolar, llegar incluso a provocar una recaída, tanto maníaca como de­presiva. Eso no quiere decir que una persona que padece un trastorno bipolar no pueda dejar de fumar; puede hacerlo, pero siguiendo algunas instrucciones que nos aseguren que no va a presentar una recaída:

No deje de fumar  de forma brusca o heroica, es decir, de golpe. Aunque para muchas personas es la única técnica que funciona, no es adecuada para una persona que pade­ce un trastorno bipolar. Las típicas historias de fumador empedernido que se hace el propósito de dejar de fumar con el nuevo año suelen acabar o bien en nada —como la mayoría—, y el fumador vuelve a fumar en dos o tres días, o —en algunos casos— en un episodio depresivo o maníaco. La forma adecuada de dejar de fumar para un bipolar es de modo progresivo.

3 Utilice productos sustitutorios: son adecuados los parches o los chicles de nicotina.

Si usted tiene un trastorno bipolar, no debe utilizar bupro­pión (Zyntabac o Quonem) para dejar de fumar, a no ser que esté deprimido. El hupropión es un buen antidepre­sivo, por lo que puede ocasionarle un viraje si no lo toma indicado por su psiquiatra.

No trate de dejar de fumar durante un episodio, ya que podría empeorarla. El mejor momento para intentar dejar

de fumar es una vez transcurridos un mínimo de seis meses desde el último episodio, ya que el riesgo de recaí­da es menor,

EL CANNA}3IS

El cannabis es una sustancia psicoactiva y potencialmente adic­tiva. Sus efectos sobre la salud mental son negativos; en la po­blación general puede provocar depresión, psicosis, ansiedad, problemas de concentración y problemas conductuales. El can­nabis, por lo tanto, es perjudicial para el trastorno bipolar, ya que puede inducir un síndrome amotivacional caracterizado por apatía, aplanamiento, pasotismo, un estado subdepresivo cróni­co; suele aumentar la ansiedad a largo plazo y Facilita la apari­ción de síntomas psicóticos, sobre todo del tipo paranoide (creer que alguien nos sigue o planea algo collera nosotros). Contra­riamente a lo que algunas personas creen, el cannabis no «calma» sino que a medio plazo induce ansiedad y puede desencadenar manía. No ayuda a dormir, sino que altera la estructura del sueno.

De un modo peculiar, por ser un fenómeno que no ocurre con otras sustancias adictivas, las consumidores habituales de can­nabis suelen presentar una conducta de asociacionismo o «cor­porativismo tóxico»; a través de revistas, libros o páginas de Internet defienden las bondades de su uso. En algunas ocasio­nes incluso argumentan que el cannabis abre la mente y permi­te una visión crítica de la realidad, por lo que el sistema es el primer interesado en abolir su consumo para favorecer la per­petuación del propio sistema y la manipulación de las rnasas

Es por eso que el personal sanitario —médicos, enfermeros, psicólogos, todos ellos agentes 9rosistema», sin duda— está especialmente interesado en prohibir su consumo, Queremos subrayar, desde nuestra posición contundente de agentes prosa­lud, que el cannabis es perjudicial para el trastorno bipolar. Como también lo es el alcohol y lo puede ser el café (que son legales), ya que el efecto de una sustancia sobre una enfermedad no tiene nada que ver con su consideración legal. Es simple­mente una cuestión médica, desnuda de posicionamientos ideológicos. Si usted fuera hipertenso le aconsejaríamos no to­mar sal (y la sal es legal), Si fuera diabético, le dirían que no tome azúcar (y es legal), Si es bipolar, le recomendamos no tomar cannabis.

LA COCAÍNA

Todo el mundo sabe que la cocaína es una sustancia altamente adictiva y destructiva que suele arruinar física, mental, social y económicamente a quien es adicto a ella. Lamentablemente, son muchas las personas que creen que es posible «tontear» con esta sustancia sin quedarse enganchado a ella, o que un consumo moderado o lúdico de la misma no comporta ningún riesgo de salud. En el caso de personas que no padecen un trastorno bi­polar, ese uso lúdico o social (consumo los fines de semana en salidas nocturnas acompañado de más gente) tiene el riesgo ob­vio de ser la puerta de entrada a una adicción en toda regla; muchas personas empiezan consumiendo sólo los fines de sema­na, pero al cabo de unos meses el concepto de fin de semana pasa de ser sábado y domingo a incluir además jueves y viernes

noche, Al cabo de unos meses más, no es infrecuente que el lunes por la mañana se ayude de un poco de cocaína para poder ir a trabajar. Y así sucesivamente hasta que el consumo es casi diario. Lo que empezó siendo diversión se convierte rápidamen­te en adicción. La adicción a la cocaína es una enfermedad gra­ve, con importantísimas consecuencias sobre la salud física y mental. Y puede ser la puerta de entrada a otras enfermedades psíquicas.

En alguien que padezca un trastorno bipolar, el consumo ocasional de cocaína no sólo puede suponer el inicio de una adicción. Además puede desencadenar un episodio de cualquier tipo. Un único consumo. La cocaína puede provocar síntomas psicóticos, ansiedad, crisis de pánico, sintornatologría maniaca o depresiva, e insomnio.

Dos áltimos comentarios al respecto del consumo lúdico de sustancias: las personas que hace tiempo que trabajamos en uni­dades de salud mental sabemos que el día de la semana en que nos encontramos con más nuevos pacientes ingresados es el lu­nes muchos de ellos fueron traídos de urgencia en la noche del viernes o el sábado. La mayoría de ellos habían consumido alcohol, cannabis, cocaína, éxtasis o similares. Por otra parte, no son po­cos los pacientes que se quejan de los efectos secundarios y las molestias que les ocasionan los fármacos que deben tomar para estabilizar su estado de ánimo, pero se preocupan muy poco por las consecuencias de las sustancias que toman para desestabilizar-lo. No parece lógico, ¿verdad?

RECUERDE QUE…

Un consumo crónico, incluso moderado, de alcohol es perjudicial para el trastorno bipolar.

El consumo máximo de cafeína aconsejado para un paciente bipo­lar eutímico es de dos tazas al día.

Dejar de fumar, aunque es beneficioso para su salud física, puede desencadenar un episodio, por lo que debe hacerse con consejo médico.

” El consumo de cannabis es incompatible con la estabilidad del tras­torno bipolar.

Un único consumo de cocaína puede desencadenar un episodio.

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