Esquizoidía.

 

La patología de la identidad se manifiesta claramente también en las personalidades esquizoides.

En primer lugar, la característica más importante de la esqui­zoidía es la disociación del yo, disociación que tiene que ver esen­cialmente con el self y que se manifiesta entre el adentro y el afuera, entre sujeto y objeto, entre pensamiento y emoción, entre cuerpo y mente, etcétera. La utilización excesiva de este mecanismo junto con el de la identificación proyectiva debilita al yo, produciendo una perturbación notoria del sentimiento de identidad.

Otra característica es la introversión, por la que el esquizoide se repliega en su mundo interno con gran riqueza de fantasías e imágenes.

Hay aislamiento, soledad y falta de relación con los objetos externos. Los esquizoides parecen estar suspendidos entre el mundo interno y el mundo externo sin que, aparentemente, nada les im­porte. Suelen ser susceptibles y su desconfianza es grande.

Se presentan sin compromiso emocional y con carencia de afectos. Actúan como observadores no participantes. Sus vínculos aparecen vaciados de todo contenido afectivo porque no quieren correr riesgos; para ellos, experimentar emociones de cualquier na­turaleza equivale, automáticamente, a perder sus contenidos más valorados. Están, generalmente, con el cuerpo presente y la mente ausente.

En todo caso lo que predomina es el sentimiento de futilidad, que es el precio que pagan por mantener su alejamiento: el mundo y la vida misma aparecen opacos y sin sentido. Además, en su fantasía, sienten haber sido despojados de todo vigor.

Acuden, frecuentemente, a la autosuficiencia, al sentimiento omnipotente y a la desvalorización del objeto como defensas com­pensatorias frente a la dependencia.

Por todo lo cual estas personalidades suelen caracterizarse por el predominio del “tomar” sobre el “dar”. Para su fantasía incons­ciente, “dar” significa perder “concretamente” contenidos corpora­les y mentales, y “tomar” es igual a ganarlos y acumularlos. Sienten que se agotan en los contactos sociales y en la relación con el objeto. Por eso reprimen los afectos para no empobrecerse. Es característica su tendencia a la artificialidad.

Por lo mismo, y como consecuencia de lo anteriormente des­cripto, tienen tendencia a mostrar y a exhibir para no arriesgarse a perder. Representan roles o personajes; de ese modo se aseguran que no son ellos quienes quedan expuestos a la pérdida.

Hay predominio de la intelectualización sobre la afectividad para evitar el compromiso emocional. Usan entonces las ideas y los pensamientos (a menudo erotizados) en sustitución de los afectos.

En síntesis, estas personalidades presentan una considerable perturbación en los tres vínculos de integración que afecta decidida­mente a su identidad.

 

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