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El rinoceronte. Ejemplo ilustrativo de identidad impuesta por ideología mayoritaria.

A modo de ilustración, nos agradaría hacer un paréntesis para señalar brevemente algunos de los significados contenidos en la obra de Ionesco El rinoceronte (8) . Queremos destacar en forma específica aquellos aspectos relacionados con el sentimiento de iden­tidad que están entroncados con el planteo ideológico-social y que aparecen, en forma tan evidente, ligados tanto con la angustia de la pérdida de identidad como con la necesidad, sentida como inexo­rable, de adoptar la identidad del grupo.

En síntesis, la obra se refiere a un acontecimiento singular que conmueve a los habitantes de un pequeño pueblo ante la aparición cada vez más numerosa de rinocerontes que invaden las calles, productos de la transformación tipo endémica que van sufriendo progresivamente los seres humanos y asumen la identidad del rinoceronte. Uno de sus protagonistas, Bérenger, aficionado a la bebida, expresa cuál es el conflicto básico que lo ha llevado al alcohol y que se refiere fundamentalmente al problema de su identidad. Dice por ejemplo: “En todo momento siento mi cuerpo como si fuera de plomo o como si cargara a otro hombre sobre mis espaldas. No me he habituado a mí mismo. No sé si soy yo. En cuanto bebo un poco, el fardo desaparece y me reconozco, vuelvo a ser yo”. En los momentos finales de la obra, cuando la pareja constituida por Bérenger y Daisy parece quedar como sobreviviente única de los efectos del cambio que convirtió a todos los demás en rinocerontes, procuran reconfortarse mutuamente para evitar sucumbir a la trans­formación. Pero se sienten aislados, acorralados y perseguidos por el bando mayoritario de los rinocerontes que los acosan constante­mente con berridos y sacudidas, invadiendo todos los medios de comunicación (radio, teléfono, etcétera) La persecución contra la identidad se hace cada vez más aguda y difícil de controlar. Daisy es la primera en ceder. “Hay que ser razonable. Hay que encontrar un modus vivendi y tratar de entenderse con ellos. No hay otra solución”. Bérenger insiste en la defensa: “Todavía podemos hacer algo. Tendremos hijos y nuestros hijos tendrán también hijos. Llevará tiempo, pero quizá podremos regenerar a la humanidad … Hay que salvar al mundo”. “¿Para qué salvarlo?” responde Daisy “…después de todo quizá seamos nosotros los anormales”. Y luego acercándose y aceptando cada vez más la nueva identidad de rino­ceronte, dice refiriéndose a los ruidos que emiten: “Oye, ¡qué bien cantan!” —”No cantan, lanzan berridos”. —”Te equivocas, cantan, y además juegan y danzan”. Y luego de señalar que la vida en común con Bérenger ya no es posible, se aleja para integrarse a la manada.

Bérenger se desespera, se resiste. Grita: “No lo comprendo, no los imitaré. Sigo siendo lo que soy. Soy un ser humano, un ser humano”. Luego: “La única solución es convencerlos. Pero ¿con­vencerlos de qué? Y, las mutaciones, ¿son reversibles? Es preciso que aprenda su idioma. O que ellos aprendan el mío. Pero, ¿qué idioma hablo yo?” Luego, mirándose al espejo: “El hombre no es feo, el hombre no es feo. Sí, me reconozco, soy yo. Pero no soy hermoso. Ellos sí son hermosos. Cometí un error, no tengo cuernos. ¡Cómo quisiera ser uno de ellos! ¡Ay! Jamás me convertiré en rinoceronte. Ya no puedo cambiar. ¡Qué feo soy! ¡Malditos los que quieren conservar su peculiaridad! Pues bien, tanto peor. Me defenderé de todos. Soy el último hombre y seguiré siéndolo hasta el fin. ¡No capitulo!”

Esta obra admite diversas interpretaciones según el enfoque con que se la estudie. Pero, en este momento, lo que querernos destacar es cómo la “identidad-rinoceronte” puede representar la ideología del grupo mayoritario que convierte a los individuos de identidad más endeble (aspecto Daisy del personaje) que se iden­tifican con ellos y asumen su ideología-identidad por imposición. Bérenger mismo a pesar de que concluye diciendo que no capitula y defiende su condición negándose a “rinocerontizarse”, profunda­mente ha capitulado también: se ve feo y lamenta no ser “uno de ellos”.

Complementariamente, se puede ver en el personaje una an­gustia frente al cambio que lo lleva a proyectar todo lo malo en el afuera, aferrándose rígidamente a su precaria identidad y a su ideología anti-cambio. Como no puede elaborar el cambio, termina asumiéndolo en forma imitativa o impuesta como una seudoiden­tidad.

 

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  1. #1 por ines el 13 noviembre, 2011 - 10:47 AM

    me ha parecido muy interesante

    • #2 por psiqueyeros el 13 noviembre, 2011 - 10:48 AM

      Lo que dependemos de la mirada de lo que nos rodean es mucho más de lo que podemos siquiera imaginar.

  2. #3 por Gabriel el 13 noviembre, 2011 - 3:05 PM

    Muy bueno… pero para tratar de conservarse como humano no es mejor empezar por intentar ver que los rinocerontes, aunque no lo parezcan, siguen siendo humanos., Simplemente porque en la condición humana hay menos de merito o defecto propio que lo que hay de misterio recibido.
    Por ahí, si uno descubre que es incapaz de destruir lo que de humano hay en sí mismo, se le haría más fácil reconocer a los rinocerontes como “humanos rinocerntizados” y consiguientemente habría alguna posibilidad de dialogo
    .

  3. #4 por psiqueyeros el 14 noviembre, 2011 - 8:18 AM

    Ciertamente, las expectativas crean el resultado, si creo que estoy delante de rinocerontes obtendré…. rinocerontes.

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