Rol e identidad.

En los estudios psicoanalíticos acerca de la identidad, algunas definiciones incluyen como elemento básico el desempeño de roles y otras lo excluyen deliberadamente. Según D. de Levita, algunos autores señalan que “la identidad es la totalidad de los roles de un individuo en la comunidad”, mientras otros sostienen que “iden­tidad es el núcleo esencial del individuo, que se hace visible sola­mente después que todos sus roles han sido dejados de lado” (15) . D. de Levita, por su parte, opina que en la conducta humana generalmente el rol tiene un modelo, no tan fijo como el libreto de un actor, pero dado por la comunidad y es, en ese sentido, una especie de contrato entre un individuo y un grupo. Por definición, el rol sería desempeñable por distintos individuos y, por lo tanto, los individuos que desempeñan un rol, sustituibles.

Kluckhohn y Murray (12) consideran que la identidad es la combinación específica de roles de cada individuo, y la individua­lidad la manera en que llenan esos roles. La suma de la identidad más la individualidad hacen de cada ser humano un ser único

El rol permite vincular a las personas entre sí y con respecto a su sociedad. Al pensar en otros, de inmediato los estamos ubica do implícitamente en un rol. Los conceptos de self verdadero y falso podrían resultar más útiles si se los considerara vinculados con el concepto de rol. Por ejemplo, la “deprivación del rol” se asocia frecuentemente con el “empobrecimiento del yo”, como en el caso de individuos que parecen “parásitos” en su rol. Cuando quedan separados de su rol, como ocurre al jubilarse o perder su trabajo, pueden sufrir algún tipo de breakdown mental o físico, una regre­sión grave, o hasta la muerte. Y es a través de los “requisitos del rol” como se transmiten e imponen al individuo muchas de las nor­mas y valores de la sociedad.

El “rol” es la función que regula el comportamiento individual con ciertas normas del grupo, relacionadas con la conducta que “se espera” del individuo en función de su edad, sexo, especialización profesional, estado civil, etcétera. No todas las categorías de “roles” influyen de la misma manera en la formación de la personalidad. Esto se debe, en primer término, a que no todos los “roles” son igualmente obligatorios: unos están prescriptos, los otros simple­mente permitidos; unos son adquiridos (facultativos) , los otros adscriptos (imputados) . Parece ser que las características de los “roles” que se ofrecen al individuo durante el transcurso de la evolución, son rápidamente introyectados; de este modo, se trans­forman en normas de conducta inconsciente. El individuo puede llegar a formarse un ideal de sí mismo en función de su “rol” dife­rencial y comienza a adquirir, en función del sistema de clasificación que tiene vigor en su sociedad, otras características que lo distin­guen más claramente de sus semejantes en quienes percibe otras posiciones o “roles”. Posiciones y “roles” sirven, pues, de sistemas de referencia para comunicar a los individuos entre sí, pero cada individuo asume su “rol” de una manera que le es propia.

 

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