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Las defensas.

Toda esta historia podía tomarse como una fantasía onírica en la que puede descubrirse la actuación de distintos mecanismos ligados a perturbaciones del sentimiento de identidad y del esquema corporal.
Por de pronto, está clara la evidencia de la participación del mecanismo de identificación proyectiva, posibilitada por una disociación previa: cuerpo de un personaje y cabeza de otro, como ya anteriormente había sido la diferente valoración de cabeza y cuerpo en cada uno de ellos: idealización de una parte (“princi¬pal”) y desprecio de la otra (“accesorio”) .
D. García Reinoso (6) señala que la división cuerpo-mente es una elaboración posterior de la primitiva disociación entre bueno y malo, referida a la más precoz relación de objeto que se establece desde el primer momento luego del nacimiento.
Si desde un principio la disociación normal entre bueno y malo no se logra, este fracaso, ligado a la envidia, dice M. Klein (12) , trae frecuentemente como resultado la disociación entre un objeto omnipotente ideal y otro muy malo. La otra consecuencia del fracaso de la disociación normal es la confusión entre objeto bueno y malo, que es la base de cualquier estado confusional ulterior.
Rosenfeld (21) explica más el concepto, partiendo de la base de que en la más temprana infancia el niño vive en un estado de no-integración, en que la percepción es incompleta y los estímulos externos e internos, objetos externos e internos y partes del cuerpo pueden no ser diferenciados. Considera que esta confusión es normal, y todo progreso en el desarrollo puede producir confusiones transitorias hasta que se produzca un nuevo ajuste. En la fase paranoide-esquizoide, en los momentos en que por circunstancias externas o internas predominan las pulsiones agresivas, no se puede mantener la disociación entre bueno y malo y los objetos buenos y malos se mezclan, se confunden. Esto produce gran angustia porque al mezclarse las pulsiones libidinosas y destructivas, las segundas amenazan destruir a las primeras. La salida normal de esta situación es diferenciar entre amor y odio, y la salida patológica consiste en reforzar los mecanismos de disociación y mantener las partes buenas y malas a mayor distancia, lo que constituye uno de los móviles inconscientes de la identificación proyectiva. De ahí que, en el caso que estudiamos, la primitiva disociación “principal-accesorio” se convirtió en “cabeza de uno-cuerpo del otro”.

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