El papel de Sita.

A todo esto, ¿qué ocurría en Sita? El autor no se dedica mu¬cho al estudio de ese personaje. Sin embargo, comienza la historia como “la de la esbelta Sita —hija de Sumantra, un criador de vacas descendiente de guerreros— y de sus dos esposos (si así puede de¬cirse) “. Es decir que, desde un primer momento, destaca la diso¬ciación de Sita, aunque proyectada en el objeto. Es por eso que eligió dos hombres que debían formar parte en realidad de uno mis¬mo, pero que representaban partes que ella necesitaba mantener separadas y controladas: se casó con uno, pero mantuvo siempre cerca al otro. Al mismo tiempo, cada uno de ellos, por su propia disociación, se prestó a su juego.
Si tratamos de indagar las razones profundas que obraron en Sita para hacerle cometer “el error” de trocar las cabezas, encontraríamos varias explicaciones. Por de pronto, hubo una influencia de la diosa Kali al prevenirle que tuviera cuidado de no equivo¬carse, actuando como un superyó corrupto que induce las actuacio¬nes maníacas y psicopáticas.
Vemos entonces la importancia de conocer las identificaciones proyectivas que el sujeto ha recibido de sus objetos primitivos.
Además “el error” equivalía a un retorno de lo reprimido, ya que su fantasía omnipotente era poseer al objeto idealizado con todas sus perfecciones: la cabeza de Chridaman y el cuerpo de Nan¬da, como veremos luego. Se trataba, en el fondo, de una nueva disociación donde se tendía a poner todo lo bueno en un objeto y todo lo malo en otro.
En función de la culpa por haber desencadenado esta tragedia Sita sentía la necesidad perentoria y urgente de repararla, pero sólo podía hacerlo por medio de una reparación maníaca y a costa de una nueva disociación.
Pero había más. En el diálogo de Sita con la diosa Kali, cuan¬do ésta le impide ahorcarse, Sita se disculpa por “el estropicio” que ha desencadenado. Y se refiere a su propia disociación en una ima¬gen carnal y otra espiritual de sí misma y de su objeto. “Sólo me preguntaba, con todo mi respeto hacia él —refiriéndose al esposo— si realmente le competía el hacerme mujer y enseñar a mi frialdad desdeñosa la dulce y terrible seriedad de los sentidos; siempre me pareció como si no le compitiera, que no fuera cosa digna de él y no le cayera bien, y siempre cuando su carne se levantaba contra mí en las noches conyugales me parecía que era una vergüenza para él y un rebajamiento de su finura”. Sita, inconscientemente, guar¬daba rencor contra Chridaman por haber atentado contra su iden¬tidad de muchacha virgen, de “frialdad desdeñosa”, y haberla trans¬formado en mujer.
En este contexto, y fluctuando con las distintas disociaciones, era Chridaman quien representaba al padre temido y odiado por su potencia viril —aunque profundamente idealizado— mientras que Nanda simbolizaba la imagen materna protectora que la acogía en sus brazos.
Sus deseos de venganza contra ese padre impulsaban también sus fantasías de infidelidad con Nanda en su significación masculi¬na. “…él (Chridaman) me abrió con poder masculino… cam¬biada estoy desde entonces, y el pecado tiene poder con irresistible dulzura sobre mis sentidos abiertos”.

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