ALGO SOBRE EL AUTOR

Thomas Mann es considerado, indudablemente, el más distin¬guido hombre de letras alemán de su generación.
Las cabezas trocadas es una de sus obras menores, apenas men¬cionada por sus biógrafos. Sin embargo, el mismo autor dice en Sketch of My Life: “La verdad es que cada obra es una realización fragmentaria, pero completa en sí misma, de nuestra individualidad; y esta especie de realización es la dolorosa y única manera en que podemos expresar la experiencia personal”.
Este cuento largo puede tomarse como el intento de elabora¬ción de las situaciones de disociación y conflicto que motivaron su preocupación por la identidad’ engañosa o ilusoria.
El tema del artista-estafador se repite con mucha frecuencia en la obra de Mann. Personajes de identidad dudosa aparecen en va¬rios de sus cuentos y novelas: el farsante, el hipócrita, el charlatán, el ocultista, el imitador. Baste recordar su Félix Krull, en base al cual J. Zac (25) desarrolló un trabajo muy completo sobre “el im¬postor”.
Thomas Mann se veía a sí mismo corno suma de contradiccio¬nes. Ante todo tenía conciencia de su dualidad como hijo de un alemán y de una criolla del Brasil, y de ser artista en una familia de comerciantes, si bien algunos de sus miembros tuvieron actuación en la política y en las letras.
Los Buddenbrook, su primera gran novela, presentación artísti¬ca de su generación y crónica de un proceso de transformación social, es también la descripción de su conflicto entre “bohemia” y “burguesía”. En La montaña mágica, obra central de su creación literaria, se complace en presentar, junto a temperamentos opuestos, teorías antitéticas, así como el contraste mismo y la distancia entre el mundo activo, de abajo, y los habitantes de “aquí arriba”, los de la montaña, entre los que obviamente se incluye como artista.
A partir de entonces hay una evolución en los escritos de Mann.
Dice Dujovne (2) : “Después del tiempo histórico de La mon¬taña mágica la política ya no le es indiferente. El escritor se decide a pronunciarse sobre ‘las cuestiones del día’: no elude ya las defi¬niciones por creerlas extrañas al artista”.
Varias de sus obras de entonces aluden simbólicamente al nazismo y sus peligros, a través de la dramatización de la seducción demoníaca ejercida por personajes que representan las propias ten¬dencias tanáticas: así, Mario y el hipnotizador y Doctor Faustus.
Expresa su respeto por la obra de Freud, considerándola un elevado ejemplo del esfuerzo humano por comprender lo incons¬ciente, lo instintivo, y un auxiliar inigualable para llegar al fondo de la historia, la religión y el mito.
En 1933 se exilia voluntariamente, radicándose en Suiza y en 1938 en Estados Unidos. Es allí donde termina su enjundiosa tetra¬logía José y sus hermanos y escribe Las cabezas trocadas, pequeña joya de frescura y gracia.
En esta obra, bajo la forma juguetona y satírica se oculta, sin embargo, la vivencia siniestra de ruptura del vínculo entre dos partes de sí mismo, a la que no debe ser ajena su migración. Pa¬recería que frente a la percepción de su propia disociación dolorosa tiene que recurrir a las defensas maníacas, que se hacen especial¬mente notorias en el estilo irónico de la narración. Pero el desen¬lace pone en evidencia su toma de conciencia del destino trágico de esa disociación y de que concibe la identidad del hombre como una totalidad, resultante del vínculo entre todas sus partes.

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