SÍNTESIS

La migración es una situación traumática múltiple que implica numerosos cambios de la realidad externa con la consiguiente reper¬cusión en la realidad interna.
La posesión de un vínculo con un “buen objeto interno, esta¬blecida en forma segura” da al yo la capacidad de tolerar y elaborar esos cambios externos e internos, y aún de enriquecerse con ellos.
Sabemos que ésa no era la situación de Marisa, cuyo historial infantil nos la muestra expuesta a experiencias de cambios traumá¬ticos, y a la relación con objetos muy poco estables, en quienes difícilmente podía confiar.
La tan repetida frase “partir es morir un poco” adquiría con¬tornos dramáticos cuando Marisa decía: “Es como asistir a la propia muerte; todos hablan del futuro y hacen planes en los que uno ya no cuenta”. Y cuando se refería al “otro país” decía: “Nadie me conocerá; allá no seré nadie”.
Este sentimiento de “de no ser nadie” reactivaba el que había experimentado frente al pecho.
La migración enfrentaba a Marisa con una nueva situación de nacimiento que, en su inconsciente, había sido equiparado a muer¬te, después de la cual dejaría de ser; es decir, en el “otro país” no sería nada, estaría de nuevo ante un pecho que la ignoraría. La fantasía de nacimiento estaba cargada con todas las vivencias deri¬vadas de su destete tardío y la represión en el uso de sus dientes, el retardo en el “cambio de comida” y las consiguientes fantasías de descuartizamiento del pecho y del pene y el interior de la madre por la frustración en la etapa genital temprana.
Es decir, ese nacimiento implicaba para ella un vaciamiento de todos sus contenidos, que pienso que es la fantasía inconsciente que subyace al temor a la pérdida de identidad.
La fantasía de vaciamiento provenía de distintas fuentes: 1) fantasías de desparramo de sus partes por identificación proyectiva en las situaciones de separación: nacimiento, destete, viaje; 2) di¬ficultad de reintroyectar esas partes por sentirlas peligrosas y por la desconfianza de que el pecho pudiera disminuirles la peligrosidad; 3) introyección e identificación proyectiva ulterior en un pecho vaciado hasta el agotamiento; 4) actuación de los mismos mecanis¬mos respecto de una imagen de la madre vaciada por fantasías hostiles, movilizadas por la envidia, y los celos de la fase edípica temprana; 5) fantasías, confirmadas por acontecimientos traumáti¬cos reales, de haber sido vaciada vengativamente por la madre; 6) fantasías de que el pene la vaciara en la relación sexual.
Todo eso correspondía a la fantasía de un nacimiento catastró¬fico, que era lo que determinaba el carácter extremadamente per¬secutorio de la vivencia de migración.
La posibilidad de que el abandono del propio país tenga un carácter de “nacimiento depresivo” y no “catastrófico” depende en cada caso de todo lo que, a lo largo de su evolución, haya permitido al individuo sentirse “rico y lleno”. Es decir, tener suficientes per¬tenencias internas adquiridas por identificaciones introyectivas, un objeto interno estable y seguro y, consecuentemente, un sentimiento de identidad sólidamente establecido, para poder hacer frente a las tremendas pérdidas que supone una migración, que expone siempre al riesgo del “nacimiento catastrófico”.

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