La pareja y el matrimonio.

No he hablado aún de su pareja, porque esta elección objetal se hace más comprensible en posesión de los antecedentes que acabo de exponer. Ricardo era de su misma nacionalidad, pero lo había conocido en el extranjero. Era una elección de objeto basada, entre otras cosas, en una actitud paranoica, ya que identificada proyectivamente con la madre, desconfiaba de los “hombres del otro país”. Sin embargo, al mismo tiempo, había elegido a alguien que, en al¬gún sentido, era “extranjero” para su familia; siendo sus padres ca¬tólicos practicantes, y para quienes el serlo era factor importante en SU posición social, se había enamorado de un judío.
En las relaciones sexuales, que habían iniciado compulsivamente a instancias de Marisa (contrafóbicamente) , ella era frígida. Estas relaciones la angustiaban en grado sumo, apareciendo numerosas veces en sus sueños al comienzo de su análisis el temor a que la des¬cubrieran o a que “se le notara en la cara”.
El comienzo de su actividad genital, que ponía en funcionamiento un nuevo aspecto de su identidad sexual, la angustiaba haciéndole sentir que toda su identidad tambaleaba: no era solamente que su cara pudiera delatarla, que todo aquello por lo que se sentía culpable quedara en descubierto, sino que dejara de ser ella, que tuviera otra cara *.

Tanto sus relaciones sexuales como su casamiento eran actos de aparente rebeldía contra el padre. Hacer algo sin su intervención y que, para su vivencia, sólo podía ser “contra él”. Sólo podía dife¬renciarse estando en contra. Luego de la tormenta familiar desatada, el padre transó y aceptó que se casara: comenzó entonces a abrumar¬la de regalos que ella no podía disfrutar porque sentía que la ataba con ellos. Su vivencia era que nunca le habían cortado el cordón umbilical y podía diferenciar lo que le habían dado y le era “propio” (identificación introyectiva o vínculos internos asimilados que for¬man parte del self y contribuyen al sentimiento de identidad) de lo que era “del otro”. Vivía así también todas mis interpretaciones, sintiendo que yo siempre las reclamaría como mías.
Pero, a pesar de sus quejas porque no le cortaban el cordón umbilical, la ansiedad predominante con respecto al casamiento, de naturaleza paranoide, tomaba forma de miedo al empobrecimiento expresado en términos de dinero: perdería a la familia, quedando “sola y pobre” a merced del marido (médico malo que pincha sá¬dicamente y saca contenidos del cuerpo) .
En realidad, el nuevo estado, la nueva casa, eran el “otro país”. Casarse era para ella una nueva migración.
Quiero recalcar, porque importa a los fines de este capítulo, la participación de las experiencias de migración en el incremento de las ansiedades persecutorias frente a las situaciones de cambio y ad¬quisición de nuevos roles.
El análisis de todo este material permitió a Marisa afrontar el casamiento, algunos meses después de la fecha fijada primitivamen¬te, sin crisis agudas de ansiedad.
Para ese entonces Marisa estaba más sólidamente instalada en el análisis, aunque su comunicación seguía siendo difícil; en las se¬siones había silencios largos y pesados, y se llevaba las interpreta¬ciones a casa para “rumiar”.

* Ph. Greenacre (2) se refiere especialmente al rostro y los genitales como elementos significativos de la identidad.

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