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La razón y Procusto

La razón es siempre ese lecho de Procusto que estamos obligados a usar para descansar en lo que es en el mismo momento que el lecho cumple su función, desaparecer de la consciencia para dar lugar al menos onírico de todos los lugares: la diamantina dureza de la alteridad de lo real.
P&E

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Emborracharse con Metafísica

Io mi ubriaco di metafisica per essere solo, per sentirmi solo, e per sentir palpitare in questo silenzio tutto ciò che deve desiderare e pensare di scegliere ogni uomo che vuol vivere in dignità.

 

Me emborracho de metafísica para estar solo, para sentirme solo, y para sentir palpitar en este silencio todo lo que debe desear y pesar escoger todo hombre que quiere vivir en dignidad.

Cornelio Fabro

Puedo dar testimonio personal que los insights más importantes de mi vida se dieron escuchando a este ebrio de la metafísica. Tuve el absoluto privilegio de escuchar sus clases grabadas y de cada una de ellas algo martillaba profundamente en mí. Fue Fabro el que me puso la pulga en la oreja que me permitieron detectar las monstruosidades corporativistas (no fueron el “mal espíritu”, la “murmuración”, ni mi rebeldía, domada by the way…). Por eso, cada vez que siento que pierdo el norte, lo que más me calma es agarrar el auto, irme a algún lugar que necesite 3 o 4 horas manejando y coloco en el pen drive las clases de Fabro en Perugia y me emborracho de su borrachera. Esos humores no etílicos, sino más bien de musa boeciana, vuelven a poner en su norte y en paz mi alma.

Hay hombres que no sé de qué tela están hechos que han nacido mutilados de la posibilidad de aprovechar un retiro espiritual. El pudor de la fe es tan enfermamente intenso en ellos que cualquier predicación, del apóstol, cualquier comunicación directa les suena a puro hollejo. Son como perros callejeros que por haber sido tan golpeados solo aceptan la mano del mendigo, del Sócrates, y de su elixir bacanal: la metafísica.

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El sentimiento discutido

Si può dire che a volte noi attingiamo in modi misteriosi le qualità delle persone e delle cose, così per delle spinte profonde del sentimento; e non è un sentimento cieco ma è un sentimento che è stato preceduto da esperienza, riflessioni, letture, discussioni, sofferenze; è un sentimento che è il punto di arrivo di una maturazione profonda.

 

“Podemos decir que a veces nos acercamos de manera misteriosa la cualidad de las personas y de las cosas, del mismo modo sucede con las mociones profundas del sentimiento; y no es un sentimiento ciego, sino que es un sentimiento que ha sido precedido por la experiencia, las reflexiones, las lecturas, las discusiones, los  sufrimientos; Es un sentimiento que es la culminación de una maduración profunda”.

 

Il sentimento non può mai diventare oggettivo. Il sentimento è ciò che c’è di più appartenente, indissolubilmente, insolubile, incomunicabile e impartecipabile. È assurdo sentire per un altro e sentire con un altro. Il sentirsi in atto del sentimento è ciò che c’è di più incomunicabile perché è lì che l’io decide la propria responsabilità.

 

“El sentimiento nunca puede volverse algo objetivo. El sentimiento es lo que hay de más propio (perteneciente), indisolublemente, insoluble, incomunicable e imparticipable. Es absurdo oír sentir por un otro y sentir con un otro. El sentirse en acto del sentimiento es lo más incomunicable que existe, porque es allí que el Yo decide su propia responsabilidad”.

 

“Niente di più intimo e di più inafferrabile del sentimento”.

Nada de más íntimo y de más inaferrable que el sentimiento.

 

Cornelio Fabro

 

El sentimiento es el “phantasma” de la voluntad, es el lugar donde la voluntad hace la “conversio” en orden a “encarnar” una acción. No existe el acto de voluntad puro que pueda prescindir de un sentimiento para ponerse en acto. Tampoco es fenomenológicamente determinable el “puro acto de voluntad” o, lo que es lo mismo, determinar fenomenológicamente en su pureza, la puesta en acto de la voluntad, de un modo tal que dicha fenomenología responda patognomónicamente a un supuesto acto de voluntad y solo a él.

Lo que percibimos fenomenológicamente son las acciones. Las acciones, en su fenomenología, nos aparecen como un mixto de movimiento corpóreo ( externo no siempre) y movimiento emocional interno (siempre) imposible de separar del fundamento voluntario que las origina (y que las compone) de modo que podamos decir “este fenómeno corresponde al puro acto de la voluntad”.

Lo más parecido al acto de la voluntad que podemos percibir e identificar es el sentimiento, o siendo más precisos la “moción emocional” que acompaña todo acto voluntario.

Esa moción emocional no solo acompaña sino que conecta y desencadena la acción a nivel corpóreo, haciendo que se “ponga en acto”, o para no sonar demasiado escolástico, pero queriendo decir exactamente lo mismo, para que se “actúe”.

Está tan próximo el sentimiento y tan sintonizado con el acto de la voluntad, o, lo que es lo mismo, con el actuarse de la voluntad, que como dice Fabro, nunca puede volverse algo objetivo. Es la carne del esqueleto del estructurarse más íntimo de nuestra identidad: la scelta (la elección). Es por eso que no hay nada que nos pertenezca de más profundo, ni nada que sea más incomunicable. El sentimiento es mío, y me estructura en lo más profundo de mi identidad, porque es una resonancia directa de la scelta “estructurante”, que es lo más mío que puedo tener.

Por eso mi maestra de psicología me enseñó que el sentimiento no se discute, no hay objetividad alguna para discutir en el sentimiento, desde afuera o desde la propia consciencia se lo podrá considerar adecuado o no. Pero eso es lo que se siente y de algún modo eso es lo que se es, aunque sea en un momento determinado de nuestra historia.

Algo diverso es que se pueda poner en cuestión la cosmovisión (en tanto que aprendizajes de la realidad y elecciones que estructuran y refundan dichos aprendizajes en una totalidad como posición del hombre frente al mundo) que funda ese sentimiento y que hace que el sentimiento se exprese de una manera determinada frente a una realidad determinada. Pero el sentimiento no se discute, se legitima, se le da derecho a ser. Es el único modo de conectar con quien verdaderamente soy, darle cabida, reconocerlo como tal, sin querer distorsionar sus contornos, sin querer meterlo en el lecho de Procusto de nuestra razón, sin juzgarlo, es lo que es, el resultado de la sintonía corporal influenciado por ese mix de inteligencia y elección (scelta), vuelto cosmovisión, que reacciona frente a una realidad determinada.

Cuestionar el sentimiento sería como cuestionar el síntoma, ponerse a discutir sobre la perversidad de la fiebre que enardece el cuerpo. Un absurdo, el síntoma es pura manifestación de causas más profundas. Mucho peor sería negar el síntoma y romper el termómetro, al estilo K, no hay inflación. El síntoma es nada más que eso manifestación de algo ulterior. El sentimiento es el síntoma de lo que somos. No se discute. Se lo acepta, se lo acoge, se le da un lugar, se lo deja ser y se trabaja consigo mismo sin usar una lógica represiva que lo niegue o lo deforme, ni una lógica sentimentaloide que lo exacerbe como si fuera el último eje constituyente de lo que somos.

P&E

 

 

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Pedagogía

 

 

“L’unica pedagogia è la profondità del nostro essere”.

“L’unica scuola è il nostro bisogno interior”.

Cornelio Fabro

La única pedagogía es la profundidad de nuestro ser. La única escuela es nuestra necesidad interior.

Dos elementos absolutamente olvidados en la pedagogía contemporánea. La emergencia del ser de quien aprende, totalmente por encima de cualquier truquito pirotécnico pedagógico. Y, en segundo lugar, no por ello menor en importancia, el deseo como motor estructurante del aprendizaje: “bisogno interior”. Mientras no se corrija la mentira fundante de todas las pedagogías contemporáneas, arraigadas en el silencioso e invisible poder estructurante de sus cosmovisiones, muy previas a las pedagogías en sí, no habrá educación, habrá simplemente macroplasia social, no individuos, mucho menos personas.

 

Macroplasia: crecimiento amorfo y exagerado de tejidos.

 

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El barco sin capitán

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A pesar de las diferencias entre sus marineros el barco había logrado navegar bastante bien, sin perder ningún marinero. Estaban a un tercio del camino, se habían propuesto demostrar que la tierra era redonda.

Zhen He, el legendario capitán chino, había concebido la peregrina idea de que la tierra era redonda. El mismo emperador Zhu Di, su íntimo amigo, rió a mandíbula batiente cuando escuchó de labios de Zhen He la lunática idea. Las carcajadas de Zhu Di diciendo “La tierra redonda” resonaron por toda la ciudad prohibida. Sin embargo, como lo amaba más que a su propia vida, y ya había tenido 7 expediciones gloriosas, que le habían traído una fama inconmensurable no solo al capitan Zhen He, sino a toda China y hasta al mismo Emperador, simplemente se rió, no quiso contradecirlo y le regaló una Champán, que no es una bebida, sino un especie de buque chino de esa época, con lugar para unos 120 marineros. Leer el resto de esta entrada »

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Discusión pseudo socrática con un relativista K

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Mantuve una discusión con un militante kirchnerista con una cierta capacidad de escucha con algunos ribetes interesantes.

 

Lo llamaremos K, para no ser originales.

K había puesto en su muro la siguiente reflexión:

 

K- La heterosexualidad no es una condición natural, es un concepto construido por el hombre en sociedad. Este concepto se definió en contexto donde el paradigma vigente era el biologismo, la hegemonía de lo natural y cristiano. Estamos hablando del siglo XIX, sin embargo todavía hay opiniones conservadoras de tal idea naturalista y providencialista.

Es solo por ello que desnaturalizan a la homosexualidad desde la lógica que la sexualidad esta ligada a la reproducción (otra vez el biologismo). Como si nuestra condición biológica determinara nuestra subjetividad.

Lo mas preocupante es que vamos a tener un presidente que piensa de la Homosexualidad como una enfermedad.

 

A lo que yo comento lo siguiente:

E- La vida no es una condición natural, es un concepto construido por el hombre en sociedad. Este concepto se definió en contexto donde el paradigma vigente era el biologismo, la hegemonía de lo natural y cristiano. Estamos hablando del siglo XIX, sin embargo todavía hay opiniones conservadoras de tal idea naturalista y providencialista.

Es solo por ello que desnaturalizan al asesinato desde la lógica que el asesinato amenaza la conservación de la especie (otra vez el biologismo). Como si nuestra condición biológica determinara nuestra subjetividad. Leer el resto de esta entrada »

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Fanatismo


El fanatismo siempre es una patología, pone de relieve alguna carencia en la historia de afectos que construyeron la identidad, hay como una necesidad de refundar la identidad en esta novedad que viene a substituir la mala experiencia temprana. Este soy yo, este ser refundado en base a esta novedad girocopernicana, al menos de mi historia personal. Por eso, por lo general, el fanático es un tipo resentido. Está enojado con su historia, con los personajes que provocaron esa mala experiencia y necesita un demonio afuera para proyectarlo. De ese modo se vuelve dicotómico, ve la realidad en términos de blancos y negros, amigos y enemigos, en la medida que favorezcan o vayan en contra de su pensamiento único que, esencialmente ha expulsado al otro y a su diversidad. Es la violencia intrínseca del pensamiento único, las masacres más grandes de la historia de la humanidad comienzan con este mecanismo. Los millones de muertos de la Rusia comunista son una mera consecuencia de este modo de pensar. Nuestros fanáticos locales no distan mucho de eso. Escuché un diálogo entre dos pibes camporistas en la puerta de la Catedral de San Juan con ocasión de los cacerolazos: Si tuviera un rifle los liquidaba a todos. En realidad debería traducirse: Si tuviera el poder suficiente los liquidaba a todos. Nada muy distinto de Stalin, Mao o Castro. La ideología de pensamiento único es intrísecamente asesina. Que algunos estén solo al comienzo del camino u otros hayan matado millones es solo cuestión de tiempo y medios para hacerlo. Nada más.

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Soledad

Hay una soledad material, que no es de temer, no hay un otro de hecho presente. Hay una soledad formal, que sí es de temer, cuando no se han construido los “otros internos” que han de estar en nosotros, por toda la eternidad, como el molde en el yeso. Eso es estar solo de verdad, eso es el infierno, no haber sido y elegido ser lo suficientemente plásticos para que la bondad de los otros y del Otro, dejen huellas indelebles en nosotros. Pretender la presencia material y permanente del otro es simplemente egoísmo infantiloide.

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El simulacro del aprendizaje y la inclusión

Por Claudia Peiró

Lo más atractivo de En las escuelas (subtítulo: Una excursión a los colegios públicos del GBA. Santiago Arcos editor)- es su honestidad. Sin rodeos, sin temor a la incorrección política, Santos dice lo que tantos docentes padecen pero no se atreven a decir: cuenta su experiencia como profesor ante clases que más bien parecían un “motín”, incomparables con los tiempos en los que él hizo la primaria, “cuando la escuela pública todavía era una escuela y no un centro de contención de potenciales delincuentes, como es ahora”. Admite -y escribe- sin ambages haber tenido ganas “de cagar a trompadas a un alumno” y afirma que muchos chicos van a la escuela “sólo para recibir el subsidio, tomar el brebaje parecido al mate cocido” y comerse “el sánguche de un peso o dos” que envía “el gobierno como limosna”. Leer el resto de esta entrada »

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Paternalismo y paternidad

Buscando un dato entre mis cosas de la compu con el Google Desktop, me topé con un voto para provincial que emití en el 2004 del cual no tenía el más mínimo registro, pero parece que se permitía justificar el voto y/o hacer observaciones porque después del voto en sí mismo estaba este texto que pego a continuación. Lo que más me sorprende es que están en esencia elementos complejos de la comunicación humana que sin tener toda la formación técnica psicológica específica ya había identificado perfectamente y probablemente ustedes me han leído en producciones muy posteriores a esta. En fin un simpático y agradable hallazgo.

Las virtudes humanas de un superior son esenciales a su función. De todas ellas las más esencial según mi punto de vista es saber dialogar, que no es otra cosa que el ejercicio de comunicación de bienes por medio de la caridad. Entre seres finitos una auténtica comunicación de bienes tiende a hacer iguales (ya no os llamo siervos, os llamo amigos….), el verdadero «padre» sin dejar de ser padre, es decir siempre respetando las esencias, se baja del pedestal y dialoga mano a mano con el hijo (un padre que da consejos más que un padre es un amigo…). Dialogar mano a mano implica reconocer, por medio de la tensión amorosa que eso conlleva, que la calle, la vía de comunicación es de doble mano. De ida y de vuelta. Que del otro lado de esa vía de comunicación hay una persona, no un mecanismo automático que debe interpretar y repetir la cosmovisión del padre sin hacerla propia. Todas las cosas y verdades infinitas que tenemos para comunicar, inclusive las de la fe en cierto modo, están mediadas por los vehículos finitos, las fórmulas finitas de nuestros pensamientos, palabras, actos y decisiones (ello no significa que se identifiquen inemergentemente en su razón fundante, muy por el contrario el contenido infinito emerge siempre sobre el continente finito y le da el sentido a este último). Por tanto ese «otro» no necesariamente debe asimilar en ese dialogo los «modos finitos» con los cuales el padre comunica cosas infinitas. Ese «otro», llamado hijo, discípulo, súbdito tiene que tener el espacio y la libertad de apropiar esas verdades eligiéndolas como suyas, y en ese elegirlas como suyas engendrar su propio verbo, que puede, a la postre, ser el mismo del padre (en sus modos finitos). «Debe» ser el mismo del padre en lo que las palabras del padre contengan de eterno, «Puede» ser el del padre si yo considero expresión de lo más íntimo de mi persona el «modo» finito conque el «padre» comunica lo que tiene para comunicar y lo elijo para mí como tal, o puede no serlo, si yo así no lo considero. Leer el resto de esta entrada »

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Birdman, una obra maestra.

No soy crítico de cine y la crítica de cine siempre me ha parecido que tiene algo de superestructura artificial, una especie de constructo de consciencia refleja que deja fuera un torrencial caudal de impresiones que se dan en la inmediatez íntima y holística del espectador y su película. Dicho esto, déjenme explicarles desde qué punto de vista afirmo que Birdman es una obra maestra.

Por un lado, jamás vi plasmado como en esta película todos los pliegues posibles del narcisismo y sus espejismos inasibles que atropellan a varios de los personajes de la película, inclusive cuando, paradojalmente, tienen la intención consciente de escapar de la imagen de sí. Leer el resto de esta entrada »

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El mejor regalo de un padre a su hijo…

Fui testigo de una conversación de padres primerizos, bueno en realidad casi primerizos, donde discutían sobre algunas cosas que deberían comprarle al bebé.

El tema es que pertenecen a una familia amplia muy rica en personajes y personas, y todos quieren contribuir en algo para esa joya que está por venir. Por supuesto en un contexto como ese todos tienen un montón de cosas para el amateur de la vida que está por estrenar sus minutos, que serán amados como el rocío en el desierto. Todos tienen algo, una tía la cuna, otra tía la ropita, otra el carrito para bebé, etc, etc. Entonces ella dijo:

Ella- ¡Pero algo nuevo le tenemos que comprar!

Él- ¿Por qué?

Ella -mmm ….. – permaneció callada en un silencio pensante, como no pudiéndole encontrar palabras para ponerle al sentimiento que estaba detrás del impulso cuando dijo: ¡Algo nuevo le tenemos que comprar! En algún lugar, cuando comenzó a decantar la inmediatez del impulso, cuando pudo serena percibir todos los colores de los hilos emocionales e inconscientes de que estaba hecha la urdimbre de su afirmación, percibió, sin avergonzarse, ya que sabía perfectamente del barro que estaba hecha, el destello fugaz, muy fugaz, de un cierto grado de alucinación narcisista. A un nivel microscópico, en la trama de las mociones humanas, escuchó la nota discordante en su corazón y sin avergonzarse, se sonrió, y le sonrió a él, mostrándole que había entendido el peso y la profundidad de su: ¿Por qué?

Fue solo entonces, después de varios minutos, cuando el café ya estaba frío y él buscaba ansioso la mirada del mozo, que nunca mira cuando lo necesitamos, fue solo entonces que dijo:

Él- El mejor regalo que un padre puede darle a un hijo es enseñarle que el mundo no gira a su alrededor.

Fin.

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La muerte

Al final después de estudiar toneladas de teorías sobre la madurez, procesarlas, jerarquizarlas e integrar todo sistemáticamente lo que queda en pie es algo viejo como la humanidad, la persona verdaderamente madura es quien día a día convive con la muerte como un estructurante de de todos sus actos y de su proyección total como persona en el tiempo. Memento mori!!!!!! (Recuerda que morirás)

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La poesía que querría que mi mujer ponga en mi lápida

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Versión histórico-crítica de la  muerte del ruiseñor.

Dice la crónica espuria
que al ruiseñor no fusilaron
que fue peor la injuria
de sus alas maltratadas
-¡Debe ser como todos!
Unánimes sentenciaron
-Debe olvidar la lujuria
pretensiones trasnochadas
de trinar «sus» epodos
de entonar «sus» baladas
de cantar «su» canto
de vivir sin el manto
que a los hombres viste
de hablar un mismo lenguaje
gris profundo triste
mugido torpe del danto.

No debe decir su verbo
esa será su condena
que no joda ese protervo
subversivo de las masas
se atragante con su pena
se cocine en las brasas
le coma los ojos el cuervo
de la mirada ajena.

Que cante lo que todos cantan
hasta que ronca la garganta
muja la partitura
alegre la bailanta
del mulo en su locura
que esquizofrénico pretende
no ser él
sino la meadura
de un cuerpo que lo abomina
como escoria en el carel.

Que ni la sabina
le sirva de reparo
cuando el furor abrazante
del fariseo y su orina
meen su descaro
de haber pretendido
ser un «yo»
de matar el cohibido
temor lacayo
de desnudar el alma
de burlar el sinedrio
y con calma
de mil colores ebrio
una a una
cantar sus notas
dibujar sus melodías
remembrar la cuna
de su estilo crío
de mil gaviotas
que en las osadías
de incontables clavadas
sintiendo en el rostro las gotas
del mar, del llanto y del canto
encuentra lo mejor de sí mismo
y crea, crea, crea
aunque a diestra y siniestra
lo amenace el abismo
lo aterrorice el espanto.

Eduardo Montoro

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Alabanza y generosidad

Hace unos días le envié a un amigo mi opinión sobre un trabajo que él había hecho.

Les dejo aquí la respuesta que no pudo menos que sorprenderme:

Te agradezco. Sabía que valía más de lo que me habían dicho o de un simple muy bueno. Pero no pertenezco al grupo de los que podían hacerlo, de los que me podían servir de espejo. Y se sabe, la generosidad del halago no abunda en aquellos que no pueden vivir sin el retorno narcisista de alabarse a sí mismos alabando a alguien de la ‘pertenencia’.
Te agradezco el reflejo. Sin el otro, sin el otro bueno, preciso y caritativo, la sana imagen de sí no fragua, no se solidifica, no se consolida.
Dios nos hizo de barro, de un mismo barro, y por más que nos retorzamos en la fantasía de una consciencia con pretensión de individualismo absoluto, al final del día, el barro reclama lo suyo, cae el velo, se dobla el espinazo y descubrimos que estamos hechos de tantos otros, descubrimos el arlequín cosido con retazos de humanidades.

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Galeano, nausea y deconstrucción

Murió Galeano, no me interesa hablar de Galeano, sino de los Galeanos, los Foucault, los Derrida, los Vattimo. Alergia y/o náusea me provoca la marea pseudointelectual beatificando a Galeano post mortem. Y no por Galeano, sino por el hábito Galeano-Foucault-Derrida-Vattimo (y tanto otro…), el hábito deconstructivista. Capaz que con Galeano me hubiera tomado un café y hasta la habría pasado bien. Pero hoy siento náuseas, sí es náusea. Es tan fácil hacer deconstrucción, tan fácil como meterse los dedos a la boca, tocarse la úvula y vomitar el ácido gástrico de todo lo que está en pie. Es tan fácil, tán fácil, que me da asco, repugnancia, y siempre tengo que terminar tomando el mejor antivomitivo que se haya inventado desde el siglo XIII en adelante, la Prima Pars. Sostenerla en la mano tranquiliza. Sostenerla en la mano me devuelve a mi centro. Sostenerla en la mano me recuerda que la verdadera genialidad no está en la pirotecnia inquisitiva y facilonga del destornillador, sino en la paciencia infinita del artesano que, sin ignorar ninguna de todas las preguntas posibles y sin el histrionismo figurón del cuestionador degenerado, teje la urdimbre del manto del todo, del holos, de ese sutil abrigo que nos entibia y nos acompaña, haciendo posible la esperanza, en la gélida soledad existencial de este valle de lágrimas.

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La educación en Corea del Sur. Un probable exceso que muestra el absolutamente cierto estado de decadencia de la educación argentina.

Muchos se horrorizarán, y tal vez con razón, al ver los posibles excesos de la cultura del éxito y del éxito educativo en Corea del Sur. Sí, es cierto, muy probablemente hay un exceso y un abuso. Muy probablemente tenga muchos aspectos destructivos. Con todo el justo medio está mucho más cerca de ese exceso que del otro extremo que es la estafa en la que se ha convertido el sistema educativo argentino.

Los excesos coreanos con un buen diagnóstico y voluntad política se pueden corregir con cierta facilidad. El abuso argentino de la nadificación mental del alumno tardará décadas en ser corregido, si es que alguna vez lo corregimos.

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El gusto y la educación, lo natural y lo adquirido.

El gusto se educa. Se puede educar para percibir todos y cada uno de los más sutiles productos de la cultura humana. El gusto es algo adquirido (en su mayor parte). De los sabores, por ejemplo, solo es natural el gusto por lo dulce, todo el resto es culturalmente adquirido, con fundamento in re (digo, para que nadie me acuse de estructuralista), pero finalmente aprendido por medio de un otro que nos propone ese algo como bueno y agradable. Toda esta introducción era solo para hacerme una pregunta: ¿cuándo la construcción cultural del gusto pierde de vista en el camino la inmediatez de la satisfacción y se vuelve mera afectación?

No sé, no tengo la respuesta, preguntas que uno se hace en un día de paro….

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El tiempo y la enfermedad mental. Un insight terapéutico.

 

Hace meses un amigo me comentaba sobre el caso del “Pequeño Nicolás”, un impostor y figurón que logró hacerse pasar por una persona importante, y lucrar con ello, a partir de dejarse ver con personas famosas. Me decía mi amigo que sería interesante que escribiese algo en mi blog sobre el tema o sobre el Pequeño Nicolás, a lo cual le respondí un tanto evasivamente:

Sí, lo seguí más o menos al caso mientras estaba en la prensa. Lo curioso es que la mayoría de las personas piensan que a los psicólogos nos gustan estos casos raros, y capaz que así sea, los psicoanalistas, por ejemplo, los más ortodoxos, todavía enseñan psicología en base a casos, por supuesto, raros. Y tal vez sea verdad, y hasta se puede detectar un cierto morbo por los casos psicológicos más extremos entre mis compañeros. A mí me pasa lo contrario, los casos raros no me gustan mucho, porque la mayoría casi no tiene solución real (asesinos seriales, violadores, etc.) o porque la terapia a seguir es más que evidente. Leer el resto de esta entrada »

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Una sesión de terapia en contra del estereotipo

Me llamó la atención esta escena de los Sopranos, una sesión de terapia tan en contra del estereotipo que vemos en televisión y en películas comunmente. En algunos aspectos se parece mucho a mi estilo terapéutico…

(Para activar los subtítulos hacer click en el cuadradito a la izquierda de la rueda dentada en el ángulo inferior derecho del video)

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