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¿POR QUÉ LOS HOMBRES ODIAN EQUIVOCARSE?. El temor al fracaso.

¿POR QUÉ LOS HOMBRES ODIAN EQUIVOCARSE?

Para poder entender por qué los hombres odian equivocarse, es nece­sario comprender de dónde viene esta actitud. Remóntese a esta situación: la familia se encuentra en la cueva, reunida alrededor del fuego. El hombre está sentado en la entrada de la cueva, vigilando, controlando el paisaje y comprobando que no hay señales de movi­miento. La mujer y los niños no han comido durante días y él sabe que tiene que ir a cazar en cuanto mejore el tiempo y no volverá hasta

abandonarle porque nunca estaba en casa.

Mientras que a las mujeres les gusta fantasear con un amor ideal y un romance idílico, los hombres sueñan con coches, ordenadores poten­tes, lanchas y motos. Les encantan las cosas que pueden utilizar y que tienen relación con la habilidad espacial y el poder «hacer algo» con ellas.

¿POR QUÉ MUCHOS HOMBRES Y MUJERES ACABAN ABANDONÁNDOSE?

La necesidad biológica del hombre es sostener a la mujer y la aprecia­ción de sus esfuerzos confirma sus logros. Si ella está contenta, él se siente realizado, pero si ella es infeliz, se siente fracasado porque le parece que no le ha ofrecido todo lo necesario. Los hombres le dicen a sus amigos constantemente: «es que parece que nunca la hago feliz» y esto puede ser todo lo que el hombre necesita para dejar una relación y en­contrar a otra mujer que parece más contenta con lo que él le ofrece.

La razón por la que las mujeres abandonan a los hombres
no es porque quieren más cosas materiales,
sino porque quieren más afecto y comprensión.

Las mujeres quieren amor, romance y conversación. Él necesita que la mujer le diga que se siente feliz con lo que él le ofrece y que no necesita nada más. El hombre tiene que aprender a ser más romántico y a escuchar a la mujer, sin ofrecerle soluciones.

¿POR QUÉ LOS HOMBRES ODIAN EQUIVOCARSE?

Para poder entender por qué los hombres odian equivocarse, es nece­sario comprender de dónde viene esta actitud. Remóntese a esta situación: la familia se encuentra en la cueva, reunida alrededor del fuego. El hombre está sentado en la entrada de la cueva, vigilando, controlando el paisaje y comprobando que no hay señales de movi­miento. La mujer y los niños no han comido durante días y él sabe que tiene que ir a cazar en cuanto mejore el tiempo y no volverá hasta que haya encontrado comida. Esa es su misión y su familia depende de él. Tienen hambre, pero confían en que él encontrará comida, como ha hecho siempre. El siente temores y un hormigueo en el estómago. ¿Será capaz de encontrar comida esta vez? ¿Se morirá de hambre su familia? ¿Le matará algún enemigo porque está débil al no haber co­mido? Ahí está. Sentado con cara inexpresiva y vigilando. No debe mostrar ningún signo de temor a su familia porque deben mantener la esperanza. Tiene que ser fuerte.

Al equivocarse, un hombre se siente un fracasado
porque no ha sabido hacer su trabajo como correspondía.

Un millón de años evitando ser un fracaso parece haber calado hondo en la estructura cerebral del hombre de hoy en día. La mayoría de las mujeres no saben que si un hombre va solo en el coche, seguramente se parará a preguntar el camino, pero si ella está en el coche, él no sabe cómo llegar y se ve obligado a preguntar se sentirá un fracasado porque no supo cómo.

 

«Por quinta vez, Nathan, te lo suplico… ¡para y pregunta a alguien!»

Cuando una mujer dice, «vamos a preguntarle a alguien», el hom­bre entiende: «Eres un incompetente. No sabes ni por dónde ir». Si ella dice: «el grifo de la cocina gotea. Tendremos que llamar al fonta­nero», él oye: «Tú eres un chapuzas. Será mejor que llame a otro hom­bre para que lo arregle». Ésta también es la razón de que a los hombres les cueste tanto decir: «Lo siento» porque sería admitir que se han equivocado y esto es fracasar.

Para solucionar este problema, una mujer tiene que asegurarse que el hombre no se siente inferior cuando discute algo con él. El hombre podría interpretar incluso un regalo de un libro de autoayuda como un «tienes que mejorar. Todavía no estás a mi altura».

Los hombres odian que les critiquen, por eso les gusta casarse con vírgenes.

Un hombre tiene que entender que una mujer no pretende criticarle, sino que intenta ayudarle y él no se lo tendría que tomar como algo personal. Una mujer quiere mejorar la conducta del hombre al que ama, pero él lo interpreta como no estar a la altura de las circunstan­cias. Un hombre se negará a admitir sus errores porque cree que en­tonces ella dejará de quererle, cuando la realidad es que una mujer quiere incluso más a un hombre cuando éste admite sus fallos.



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