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4- Hablar y escuchar.

B arbara y Allan se estaban preparando para ir a una fiesta bastante lujosa. Barbara se había comprado un vestido nuevo y estaba nerviosa porque quería estar espléndida. Cogió dos pares de zapatos, unos azu­les y otros dorados, y le preguntó a Allan las temidas palabras: «Cari­ño, ¿qué zapatos crees que quedan mejor con el vestido?».

Un escalofrío recorrió la espalda de Allan. Sabía que estaba en una difícil situación. «Ahh… umm… los dos quedan bien cariño», tartamu­deó. Ella le volvió a preguntar, esta vez impaciente: «Venga Allan, ¿cuá­les quedan mejor, los azules o los dorados?». «Los dorados —respondió él nervioso—. Pero, ¿qué les pasa a los azules? —preguntó Barbara—. Nunca te han gustado, ¿verdad? Estos zapatos me costaron un ojo de la cara y tú los odias ¿a que sí?».

Allan se encogió de hombros. «Barbara, si no quieres oír mi opi­nión, entonces no me preguntes» dijo. Allan creía que ella le había pedido su opinión para resolver una duda, pero cuando le dio la respuesta, ella no se mostró demasiado agradecida. Por su lado, Barbara estaba empleando un rasgo femenino en la conversación: hablar por hablar. Ya había tomado una decisión sobre los zapatos que llevaría a la fiesta y no quería ninguna opinión más. Simplemente quería que le Allan le confirmase que estaba muy guapa. En este capítulo, estudiaremos los problemas con los que se enfrentan hombres y mujeres en sus conversaciones diarias y ofreceremos originales soluciones.

LA ESTRATEGIA DE «LOS ZAPATOS AZULES O DORADOS»

Si una mujer le pregunta «¿azules o dorados?» cuando finge elegir unos zapatos es importante que el hombre no le ofrezca una respues­ta. Por el contrario, le debería preguntar: «Cariño, ¿ya has elegido algún par?» La mayoría de las mujeres se sorprenderán con esta pregunta porque los hombres que conocen suelen decirles su preferencia. Así, la mujer seguramente dirá «Bueno… había pensado que podría ponerme los dorados…». En realidad ella ya ha escogido llevar los zapatos dorados. «El hombre debería preguntarle «¿por qué los dorados?». «Pues porque me voy a poner complementos dorados y mi vestido tiene una cenefa dorada», responderá ella. Un hombre con habilidades para tra­tar a una mujer le dirá: «Muy buena elección. ¡Estás increíble! Está claro que has acertado. Me encanta». Con esta estrategia le puedo ase­gurar que la diversión nocturna está garantizada.

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