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Todo está en los ojos. Su perfección y especialización determinó los diferentes tipos de visión.

TODO ESTÁ EN LOS OJOS

El ojo es una extensión del cerebro situada fuera del cráneo. La retina, situada en la parte posterior del globo ocular, contiene unos 130 millo­nes de células cilíndricas llamadas fotorreceptores que detectan el blanco y el negro y unos siete millones de células cónicas encargadas de la detección del resto de colores. El cromosoma X suministra estas células detectoras de colores. Las mujeres cuentan con dos cromosomas X por lo que poseen más variedad de células cónicas que los

hombres. Esta diferencia se puede comprobar fácilmente, puesto que las mujeres describen los colores con mayor detalle y hablan de tonos hueso, escarlata, bermellón o cobrizo mientras que los hombres se sue­len limitar a colores como blanco, rojo o marrón para referirse al mis­mo objeto.

El ojo humano se caracteriza por poseer mayor espacio blanco en el globo ocular que el resto de primates. De esta forma, tanto el movi­miento del ojo como la dirección de la mirada resultan más visibles al interlocutor y, por lo tanto, se facilita la comunicación cara a cara. Los ojos de la mujer presentan mayor superficie blanca que los hombres, ya que la comunicación personal es una parte esencial de las relacio­nes femeninas y, gracias a este hecho, envían y reciben mayor número de señales oculares al poder descifrar con mayor precisión la direc­ción de la mirada.

Este tipo de comunicación dista de ser fundamental en la mayoría de las especies animales. De ahí que no posean casi superficie blanca o carezcan de ella por completo, puesto que se comunican casi exclusivamente a través del lenguaje corporal.

¿TIENEN LAS MUJERES OJOS EN LA NUCA?

No exactamente, pero casi. Además de contar con mayor número de células cónicas en la retina, también poseen una visión periférica más amplia que los hombres. Debido a la tarea que debía realizar como protectora del hogar familiar, la estructura cerebral de la mujer le permi­tía un ángulo de visión clara de al menos 45° por cada lado y por enci­ma y por debajo de la nariz. Se puede afirmar que efectivamente, mu­chas mujeres disfrutan de una visión periférica de casi 180°.

Los ojos del hombre suelen ser más grandes y su cerebro los ha configurado para un tipo de «visión túnel» a larga distancia por lo que puede visualizar precisa y claramente todo cuanto está enfrente suyo, aunque esté muy retirado, cual par de binóculos. En su tarea de caza­dor, el hombre necesitaba un tipo de visión que le permitiese identifi­car un blanco a gran distancia y perseguirlo con la vista.

¿ POR QUÉ LAS MUJERES TIENEN TANTA VISTA?

Las mujeres tienen mayor visión periférica
mientras que los hombres han perfeccionado la visión cilíndrica.

El hombre anuló casi por completo su visión periférica para evitar distraerse y poder concentrarse en perseguir con la mirada únicamente a sus presas. Por el contrario, la mujer necesitaba un amplio ángulo de visión para controlar que ningún depredador acechase la cueva. De ahí que los hombres de hoy en día sepan llegar sin ninguna dificultad a un bar que está a kilómetros, pero no puedan encontrar nada en las neveras, los cajones y los armarios de la cocina.

Figura 1. El ángulo de visión de los ojos masculinos y femeninos

Las estadísticas demuestran que en 1997 sólo en el Reino Unido se atropelló a 3.952 niños, de entre los cuales 2.460 eran niños y 1.492 eran niñas. En Australia la cifra de niños víctimas de accidentes dobla a la de las niñas. La causa se encuentra en la combinación del mayor riesgo que los niños corren al cruzar carreteras junto con su disminui­da vista periférica, lo que provoca inevitablemente un aumento en el índice de víctimas varones en los accidentes.

Billones de fotones de luz, equivalentes a 100 megabytes de informa­ción contenida en un ordenador, entran en la retina del ojo cada segundo. Se trata de demasiada información que el cerebro debe procesar y, por ello, sólo asimila los datos necesarios para la supervivencia. Por ejemplo, una vez que el cerebro recoge información sobre los dife­rentes colores del cielo, selecciona únicamente lo importante, en este caso, el color azul. Nuestro cerebro estrecha nuestra visión para que nos podamos concentrar en aspectos específicos. Si estamos buscando una aguja en la alfombra, centraremos nuestro campo de visión para conseguir nuestro propósito. El cerebro del hombre, habiendo esta-do estructurado para la caza, ha desarrollado un campo de visión más limitado. En cambio, el cerebro de la mujer procesa información que pertenece a un campo de visión más amplio debido a las tareas que solía realizar como defensora del hogar.

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