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SE PATOLOGIZA A LOS QUE NO SE AJUSTAN Y SE NIEGAN A PARTICIPAR. EN LA INVESTIGACIÓN

SE PATOLOGIZA A LOS QUE NO SE AJUSTAN Y SE NIEGAN A PARTICIPAR. EN LA INVESTIGACIÓN

Apreciamos una extraña correspondencia entre las intenciones de los psicólogos comunitarios y la de los psicólogos “positivos” pragmáticos. Ambos desean con ahínco ser “constructivos” y enfatizan lo que “funciona”, en lugar de los problemas que afron­tan las personas. Ejemplos de esta tendencia se encuentran en las técnicas inspiradas en la narrativa de la “entrevista apreciativa” (también conocida como “entrevista valorativa”), que fomentan que las personas hablen sobre sus vidas de manera más positiva39. Por tanto, las personas que no participen en este juego porque tie­nen su propia visión política y desean unir la teoría y la práctica para transformar las condiciones sociales corren el riesgo de ser tratadas como malhumoradas y destructivas.

En cierta manera, el concepto de “comunidad” resulta siem­pre asfixiante para quienes piensan y actúan de manera distinta. Por otro lado, los líderes de la comunidad suelen ser personas res­petables y loables que se creen con derecho a hablar en nombre de todos. En este sentido, el psicólogo comunitario cae con suma facilidad en la trampa de reconocer las estructuras de poder exis­tentes en una comunidad y de asegurarse la amistad de los líderes si desea que cooperen en su investigación. Así, pues, los que están dispuestos a trabajar con los investigadores perpetúan el silencio y la opresión de aquellos otros que pueden cuestionar la idea de que son realmente una “comunidad”.

En el área de la discapacidad encontramos un caso ejemplar de los “discapacitados” por las actuales condiciones sociales, además

 

IAN PARKER

de algunos de los avances más radicales procedentes de la “inves­tigación- acción”4°. No obstante, este tipo de investigación tuvo que desarrollarse al margen de la psicología, ya que la única mane­ra de salvaguardar la contradicción, la lucha y el cambio en la agenda investigadora suponía mantenerse alejado de la psicología o de la psicologización de las comunidades.

Por tanto, la “psicología comunitaria” aglutina los términos “psicología” y “comunidad” para psicologizar a la comunidad —en la medida que considera que es susceptible de ser estudiada y definida a partir de los propios términos psicológicos—, y seguida­mente abordar el estudio de los individuos que la constituyen a partir de una imagen psicologizada de la misma. Muchos psicólo­gos comunitarios bienintencionados incurren sistemáticamente en este error con un extraño movimiento en un doble sentido que traiciona todas las buenas acciones que esperan realizar en bene­ficio de la comunidad. Algunos de ellos evitan esta trampa, viéndose obligados a abandonar las concepciones tradicionales de psicolo­gía y comunidad y a buscar otras mejores41.

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