La génesis de los mitos y de los rituales 98

larga repetición de los sacrificios, ¿cómo explicar la misma repetición? ¿En qué pensaban los sacrificadores cuando todavía no tenían dioses con los que «comunicar»? ¿Para quién y por qué repetían sus sacrificios delante de un cielo totalmente vacío? Por muy devoradora que sea, tampoco debe confundirnos la pasión que empuja al antiteísmo moderno a inculpar de toda la cultura humana a «los dioses»; el sacrificio es una cosa humana y lo debemos interpretar en términos humanos.

La insuficiencia de Hubert y Mauss en el plano de la génesis y de la función hace todavía más notable su descripción sistemática de la operación sacrificial. No es posible atribuir este carácter sistemático a una idea a priori que colorearía los análisis, ya que el sistema del sacrificio sigue esperando su interpretación. La semejanza de los ritos en las diferentes culturas que practican el sacrificio tiene algo de asombroso. Las variaciones entre cultura y cultura jamás son sufícíentes para comprometer la especi­ficidad del fenómeno. Así pues, Hubert y Mauss pueden describir el sacri­ficio al margen de cualquier cultura concreta, como si se tratara de una especie de técnica. Y se trata exactamente de eso. Pero, de creer a nues­tros dos autores, esta técnica no tiene ningún objeto real, ninguna fun­ción de ningún tipo en el plano de la realidad social. ¿De dónde puede venir la tan notable unidad de una institución en último término fanta­siosa e imaginaria? Excluyamos el recurso a las tesis «difusionistas». Ya estaban desacreditadas en tiempos de Hubert y Mauss, y no sin motivo: son insostenibles.

Cuanto más se piensa en esta extraña unidad estructural, más tenta­dos nos sentimos de calificarla ya no de sorprendente, sino de absoluta­mente milagrosa. Sin dejar de admirar las descripciones de Hubert y Mauss, comenzamos a lamentar la curiosidad de sus predecesores. No cabe duda de que era necesario poner muchos problemas entre paréntesis para siste­matizar algunas formas de análisis. Eso es precisamente lo que hacen estos dos autores. Una reducción provisional del campo de la investigación ha permitido distinguir unas cuestiones y unos terrenos que constituían hasta entonces el objeto de lamentables confusiones.

Tanto en la investigación científica como en el arte militar, es conve­niente presentar las retiradas estratégicas bajo un aspecto positivo, a fin de galvanizar las tropas. No conviene confundirlas, sin embargo, con una victoria total. En nuestros días, la tendencia ya prefigurada por Hubert y Mauss triunfa por completo en todas las ciencias sociales. Ya no se trata de referir el ritual al mito, ni siquiera el mito al ritual. Es un hecho que se trataba de un círculo en el que permanecía apresado el pensamiento y al que siempre se creía escapar favoreciendo un punto cualquiera del re­corrido. Se ha renunciado a esta ilusión, y eso es bueno. Se comprueba, y sigue siendo bueno, que, de existir una solución, estaría situada en el cen­tro del círculo y no en su contorno. Se termina por decir, y esto sí que ya no es bueno en absoluto, que el centro es inaccesible o incluso que no hay centro, que el centro no existe.

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