La génesis de los mitos y de los rituales 125

Pese a sus significaciones opuestas, el incesto no es un mero peón que puede ocupar cualquier casilla en un tablero estructural. No es un adorno que el esnobismo y la moda pueden añadir o, al contrario, eliminar de sus sucesivas composiciones. No hay que desdramatizarlo completamente con un estructuralismo puramente formal ni convertirlo en el sentido del sen­tido con el psicoanálisis.

* * *

En el plano de la antropología general es donde el freudismo ortodoxo es más vulnerable. No existe una lectura psicoanalítica del incesto del rey, así como tampoco del mito edípico. No existe una lectura de las asombrosas relaciones entre las monarquías africanas y el mito de Edipo. Existe el índice genial de Freud vuelto hacia el parricidio y el incesto, y a partir de entonces no ha habido nada más. En lugar de comprobar la impotencia del psicoanálisis en un terreno que le toca tan de cerca, la mayoría de los investigadores, incluso los que le son hostiles, le abandonan tácitamente todo lo que está relacionado, de cerca o de lejos, con el tema del incesto. Nadie, en nuestra época, puede evocar la cuestión del incesto del rey sin quitarse cortésmente el sombrero ante Freud. Ahora bien, el psicoanálisis no ha dicho ni puede decir nunca nada decisivo respecto al incesto del rey, nada que pueda satisfacer nuestra sed de comprensión, nada que recuerde al mejor Freud.

La ausencia casi absoluta del tema del incesto en la cultura occidental a fines del siglo XIX ha sugerido a Freud que la totalidad de la cultura humana está influida por el deseo universal y universalmente rechazado de cometer el incesto con la madre. La presencia del incesto en la mitología primitiva y en los rituales es interpretada como una confirmación evidente de esta hipótesis. Pero el psicoanálisis jamás ha conseguido demostrar cómo y por qué la ausencia del incesto en una determinada cultura significaría exactamente lo mismo que su presencia en otras mil. No cabe duda de que Freud se equivocaba, pero con frecuencia tenía motivos para equivo­carse mientras que los que proclaman su error tienen con frecuencia mo­tivos para no hacerlo.

Freud presentaba detrás del parricidio y el incesto del mito edípico algo esencial para toda cultura humana. En el contexto cultural en que creaba su obra, estaba casi fatalmente abocado a creer que poseía en los crímenes atribuidos a la víctima propiciatoria el deseo oculto de todos los hombres, la clave de todo comportamiento humano. Algunos testimonios culturales de su época se dejan más o menos descifrar a la luz de una cierta ausencia, parcialmente definible como la del parricidio y del incesto. En lo que se refiere a los mitos y las religiones, no se puede aportar en el activo del psicoanálisis ningún éxito comparable a ése, por parcial y limi­

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