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La génesis de los mitos y de los rituales 112

tuye una dimensión fundamental de lo religioso. Y el fundamento del desconocimiento no es otro que la víctima propiciatoria, el secreto de la víctima propiciatoria jamás iluminado por la luz del día. Sólo de manera empírica, el pensamiento ritual se esfuerza en reproducir la operación de la unanimidad violenta. Si nuestra hipótesis es exacta, jamás encontrare­mos una única forma religiosa que la aclare por entero, pero encontrare­mos otras innumerables que iluminarán unas veces un aspecto y otras otro, hasta el punto de que llegará el momento en que la duda ya no será posible.

Hay que esforzarse, pues, en comprobar la presente hipótesis desci­frando a su luz nuevas formas rituales y míticas, lo más numerosas y diversas posibles, y lo más alejadas posible, tanto por su contenido apa­rente como por su localización histórica y geográfica.

Si la hipótesis es correcta, se verá verificada de la manera más espec­tacular al nivel de los ritos más complejos. En efecto, cuanto más com­plejo es un sistema, más numerosos, por hipótesis, son los elementos que se esfuerza en reproducir en el juego analizado anteriormente. Como la mayor parte de estos elementos, en principio, ya están en nuestras manos, los problemas más arduos debieran resolverse por sí solos. Los fragmentos sueltos del sistema debieran organizarse en una totalidad coherente; la iluminación perfecta debía suceder de repente a la oscuridad más densa.

Entre los sistemas más evidentemente indescifrables del planeta, apare­cen siempre las monarquías sagradas del continente africano. Su ilegible complejidad les ha granjeado durante mucho tiempo los calificativos de «extrañas», o «aberrantes», les ha llevado a alinearse entre las «excepcio­nes» en una época en la que todavía se creía posible agrupar los rituales por categorías más o menos lógicas.

En un grupo importante de estas monarquías, situado entre el Egipto faraónico y Swazilandia, el rey es obligado a cometer un incesto real o simbólico en determinadas ocasiones solemnes, especialmente con motivo de su entronización, o en el transcurso de ritos periódicos de «rejuvene­cimiento». Entre las posibles parejas del rey se encuentran, según parece, en las diferentes sociedades, prácticamente todas las mujeres que las reglas matrimoniales en vigor le prohíben de manera formal: madre, hermana, hija, sobrina, prima, etc. En ocasiones, el parentesco es real, en otras es «clasificatorio». En determinadas sociedades en las que el incesto ha de­jado realmente de ser consumado, si es que lo ha llegado a ser alguna vez, permanece un simbolismo incestuoso. Con gran frecuencia, como ha mostrado Luc de Heusch, el importante papel desempeñado por la reina madre exige ser entendido en la perspectiva de un incesto.i°

Para entender el incesto regio hay que renunciar a aislarlo de su con­texto como casi siempre se hace, debido a su carácter espectacular. Hay

10. Luc de Heusch, Essai sur le symbolisme de l’inceste royal en Afrique (Bruse­las, 1958).

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