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La crisis sacrificial 57

diferencias, esta destrucción a su vez hace progresar la violencia. No se puede tocar el sacrificio, en suma, sin amenazar los principios fundamen­tales de que dependen el equilibrio y la armonía de la comunidad. Es exactamente lo que afirma la antigua reflexión china sobre el sacrificio. Al sacrificio deben las multitudes su tranquilidad. Basta con suprimir este vínculo, nos dice el Libro de los ritos, para que se produzca una confusión general.’

*   *  *

Tanto en la religión primitiva como en la tragedia interviene un mis­mo principio, siempre implícito pero fundamental. El orden, la paz y la fecundidad reposan en unas diferencias culturales. No son las diferencias sino su pérdida lo que provoca la insana rivalidad, la lucha a muerte entre los hombres de una misma familia o de una misma sociedad.

El mundo moderno aspira a la igualdad entre los hombres y tiende instintivamente a ver las diferencias, aunque no tengan nada que ver con el estatuto económico o social de los individuos, como otros tantos obs­táculos a la armonía entre los hombres.

Este ideal moderno influye en la observación etnológica, con mayor frecuencia, por otra parte, al nivel de los hábitos maquinales que de los principios explícitos. La oposición que se esboza es demasiado compleja y abundante en malentendidos como para que sea posible perfilarla. Bas­tará con señalar que un prejuicio «anti-diferencial» falsea frecuentemente la perspectiva etnológica no sólo sobre la discordia y los conflictos sino sobre toda problemática religiosa. Implícito casi siempre, este principio es claramente reconocido y asumido en The Ritual Process de Victor Turnen

«Structural differentiation, both vertical and horizontal, is the foundation of strife and factionalism, and of struggles in dyadic relations between incumbents of positions or rivals for positions.»

Cuando las diferencias surgen, aparecen casi necesariamente como la causa de las rivalidades a las que proporcionan un pretexto. Pero no siempre han desempeñado este papel. Ocurre con todas las diferencias lo mismo que con el sacrificio que acaba por engrosar la riada de la vio­lencia cuando no consigue contenerla…

Para escapar a unos hábitos intelectuales, por otra parte perfecta­mente legítimos en otros terrenos, cabe dirigirse al Shakespeare de Troilo y Cresida. El famoso discurso de Ulises no tiene otro tema que la crisis

1. Citado por Raddcliffe-Brown, Structure and Function in Primitive Societ) (Nueva York, 1965), p. 159.

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