La crisis sacrificial 52

combate individual. Que la violencia sea física o verbal, no altera el sus­pense trágico. Los adversarios se devuelven golpe tras golpe, el equilibrio de fuerzas nos impide predecir el resultado del conflicto. Para entender esta identidad de estructura, podemos comenzar por referirnos al relato del singular combate entre Eteocles y Polinice en Las fenicias. No hay duda, en este relato, que no se aplique a los dos hermanos al mismo tiem­po; todos los gestos, todos los golpes, todas las fintas, todas las paradas se reproducen, idénticas por una y otra parte, hasta el final del combate:

«Si la mirada de uno superaba el ángulo del escudo, el otro levantaba su lanza para parar los golpes.»

Polinice pierde su pica y Eteocles pierde la suya. Polinice es herido, Eteocles también. Cada nueva violencia provoca un desequilibrio que pue­de pasar por decisivo hasta el momento en que la respuesta viene no ya, simplemente, a enderezarlo, sino a crear un desequilibrio simétrico y de sentido inverso, naturalmente no menos provisional. El suspense trágico coincide con estas diferencias rápidamente compensadas pero siempre emo­cionantes; la menor de ellas, en efecto, podría significar una decisión que, en realidad, no llega nunca.

«Ahora la lucha es equilibrada, estando cada brazo viudo de su pica. Entonces es cuando desenfundan y se atacan de cerca, escudo contra escudo, con gran estruendo, rodeándose el uno al otro.»

Ni siquiera la muerte romperá la reciprocidad de los dos hermanos:

«El polvo en los dientes, y cada cual asesino del otro, yacen juntos, y el poder entre ellos no está dirimido.»

La muerte de los dos hermanos no resuelve nada. Perpetúa la sime­tría de su combate. Los dos hermanos eran los campeones de dos ejérci­tos que se enfrentarán a su vez y también de manera simétrica en un conflicto que, cosa curiosa, no deja de ser meramente verbal y constituye un auténtico debate trágico. Aquí vemos nacer la tragedia propiamente dicha como prolongación verbal del combate físico, querella interminable suscitada por el carácter interminablemente indeciso de una violencia previa:

«Entonces es cuando saltan los soldados y estalla la pelea. Nosotros manifestamos que nuestro rey ha vencido.

Ellos dicen que Polinice. Los jefes ya no se ponen de acuerdo.

Polinice ha sido el primero en golpear, dicen unos.

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