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El Sacrificio 17

leo es sacrificial en su sentido riguroso, pero evidentemente tampoco es ajeno al sacrificio. El sacrificio institucionalizado reposa sobre unos efectos muy semejantes a la cólera de Ajax, pero ordenados, canalizados y disci­plinados por el marco inmutable en que están fijados.

En los sistemas típicamente rituales que nos resultan algo familiares, los del universo judaico y de la Antigüedad clásica, las víctimas son casi siempre unos animales. También existen otros sistemas rituales que susti­tuyen con otros seres humanos los seres humanos amenazados por la vio­lencia.

En la Grecia del siglo y, en la Atenas de los grandes poetas trágicos, parece que el sacrificio humano no había desaparecido del todo. Se per­petuaba bajo la forma del pharmakos que la ciudad mantenía a su costa para sacrificarlo en determinadas ocasiones, especialmente en los períodos de calamidades. Si quisiéramos interrogarla respecto a este punto, la tra­gedia griega podría aportarnos unas precisiones muy notables. Está claro, por ejemplo, que un mito como el de Medea es paralelo, en el plano del sacrificio humano, al mito de Ajax en el plano del sacrificio animal. En la Medea de Eurípides, el principio de la sustitución de un ser humano por otro ser humano aparece bajo su forma más salvaje. Asustada por la cólera de Medea, que acaba de ser abandonada por su amante, Jasón, la nodriza pide al pedagogo que mantenga a los niños alejados de su madre:

«Yo sé que su furor no se apaciguará antes de haber golpeado a una víctima. ¡Ah, que se trate por lo menos de uno de nuestros enemigos!»

Medea sustituye con sus propios hijos el auténtico objeto de su odio, que queda fuera de su alcance. Se me dirá que no existe relación posible entre este acto de demencia y todo lo que merece, en nuestra opinión, el Calificativo de «religioso». No por ello el infanticidio es menos suscepti­ble de inscribirse en un marco ritual. El hecho está demasiado bien docu­mentado, y en un número excesivamente grande de culturas, incluidas la griega y la judía, como para que se pueda dejar de tomarlo en cuenta. La acción de Medea es al infanticidio ritual lo que la matanza de los rebaños, en el mito de Ajax, es al sacrificio animal. Medea prepara la muerte de sus hijos de la misma manera que un sacerdote prepara un sacrificio. Antes de la inmolación, lanza la advertencia ritual exigida por la costum­bre; conmina a alejarse a todos aquéllos cuya presencia podría comprome­ter el éxito de la ceremonia.

Medea, al igual que Ajax, nos devuelve a la verdad más elemental de la violencia. Cuando no es satisfecha, la violencia sigue almacenándose hasta el momento en que desborda y se esparce por los alrededores con los efectos más desastrosos. El sacrificio intenta dominar y canalizar en la «buena» dirección los desplazamientos y las sustituciones espontáneas que entonces se operan.

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