Edipo y la víctima propiciatoria 91

Los hombres no pueden enfrentarse a la insensata desnudez de su propia violencia sin correr el peligro de abandonarse a esta violencia; siempre la han ignorado, al menos parcialmente, y pudiera muy bien ser que la posibilidad de sociedades propiamente humanas dependiera de este desconocimiento.

El mito edípico, deconstruido y explicado como lo ha sido en las pá­ginas anteriores, se basa en un mecanismo estructurante que coincide con el mecanismo de la víctima propiciatoria. Ahora convendrá preguntarse

si el mecanismo en cuestión figura en otros mitos que el mito edípico. Ya podemos sospechar que constituye uno de los procedimientos principales,

tal vez el único gracias al cual los hombres consiguen expulsar la verdad de su violencia, el saber de la violencia pasada que envenenaría el presen­te y el futuro si no consiguieran liberarse de él, rechazarlo por entero sobre un «culpable» único.

Para los tebanos, en suma, la curación consiste en adoptar el mito, convertirlo en la versión única e indiscutible de la crisis ahora superada,

la Carta Magna de un orden cultural renovado, en convencerse, en otros

términos, de que la comunidad sólo ha sufrido la enfermedad de la peste. La operación exige una firme creencia en la responsabilidad de la víctima

propiciatoria. Y los primeros resultados, la paz repentinamente restaurada, confirman la identificación del culpable único, acreditan para siempre la in­terpretación que convierte a la crisis en un mal misterioso aportado desde fuera por la mancha infame y cuya propagación únicamente es capaz de interrumpir la expulsión de este portador de gérmenes.

El mecanismo salvador es real y, si se contemplan las cosas con mayor atención, se descubre que no está nada disimulado; a decir verdad, se

trata incesantemente de él, pero en el lenguaje y a partir de los temas que

él mismo ha hecho surgir. Está claro que este mecanismo coincide con el oráculo traído por Creonte. Para curar a la ciudad, hay que identificar y

expulsar al ser impuro cuya presencia la contamina por entero. En otras

palabras, es preciso que todos se pongan de acuerdo respecto a la identidad de un culpable único. La víctima propiciatoria desempeña en el plano

colectivo el papel de aquel objeto que los chamanes pretenden extraer del cuerpo de sus enfermos y que presentan a continuación como la causa de todo el mal.

Ya veremos más adelante, por otra parte, que en ambos casos se trata de lo mismo 2 pero los dos segmentos de la metáfora no son equivalentes. El mecanismo de la unanimidad violenta no está modelado a partir de la técnica de los chamanes, no es en absoluto metafórico; hay buenas razones,

por el contrario, para suponer que la técnica de los chamanes está modelada sobre el mecanismo de la unanimidad parcialmente descubierto e interpre­tado de manera mítica.

2. Cf. cap. IX.

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