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Lunes 31 de mayo de 1965

Lunes 31 de mayo de 1965

Hubo cierta demora por parte de Barry en venir al consultorio, y dijo “Hola, pene” de manera algo provocativa, cantando “pene y pecho”. Mi continuo inter­pretar pareció producir un cambio en sus sentimientos, y eventualmente comenzu a tararear “Tierra de gloria y esperanza”. Leyó historietas por unos minutos y continuó su canto, con ocasionales referencias de una manera obscena y mecánica al pezón, el pene, el pecho, que en cada ocasión interpreté en la forma ya indica­da. Se levantó y escribió “PATV” en la puerta, y “programa y FSC” y “su pro­pia TV2” en la pared, y hubo luego todo tipo de cambios en estos programas, pero los más importantes parecían ser la introducción de “Mr. Magoo”. Hubo tam­bién alteraciones a “Ningún escondite”, que eventualmente lo cambió por “Panorama”, “Hechizada” y “Perry Mason”. Pasó muchos gases, no sólo los ruidos, y en una ocasión luego que pasó cerca de mí dejando olor, dijo “Le pido disculpas, nada que ver con el análisis, estoy descompuesto del estómago”. Le pregunté si había estado produciendo mal olor con su madre en el fin de semana porque estaba enojado conmigo, o si había estado comiendo algo que sabía le caería mal (ligado a la sesión anterior, en que había dicho que había estado co­miendo demasiado queso). Tomé los ataques mediante gases a los niños de la Clí­nica como dirigidos a mis bebés, y me dijo “cállese”. Interpretó que intentaba acallarme dentro de sí como si yo estuviera durante el fin de semana en el campo de concentración de su cola, atacada por toda clase de tormentos.

Comenzó a tamborillear en la mesa un ritmo militar con sus dedos, pero finalmente se convirtió en un S.O.S., que interpreté como un reconocimiento de que necesitaba ayuda durante el fin de semana, y el problema de tener que esperar cuando se sentía identificado con el bebé y la madre que podían morirse como resultado de sus ataques con gases. Hubo más cambios en el programa y dijo: “Pido disculpas por el breve preaviso”, que en ese momento pensé que po­dría vincularse con el hijo de la reina, quien había sido internado en un hospital durante el fin de semana para una operación de oído. Se acostó sobre la mesa cómo si fuera a morir, lo que interpreté como su insistencia de que él era mi

 

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bebé analítico real, que iba a morir envenenado desde adentro por los gases. Cuan­do le recordé del largo fin de semana de Pentecostés, se levantó y escribió “riesgo calculado”. Diferencié el tipo de riesgos que yo debía tomar, los riesgos que había en el mundo exterior, del problema de proteger a la mamá dentro de sí, y agregué que, cuando él fuera capaz de hacer esto, todos los riesgos del mundo exterior serían menos amenazadores. La última parte de la sesión la pasó con provocacio­nes y amenazas de atacarme a puntapiés, rasguños y tirándome objetos; pero finalmente se quedó todo el tiempo.

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