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Fase 1 Primera sesión

Fase 1

Para simplificar, omitiremos la mayor parte de las interpretaciones. Los puntos principales que fueron comprendidos o aclarados posteriormente serán dados al final de la segunda sesión.

 

98                                               D. WEDDELL

Primera sesión

Al ver a Barry por primera vez en el Departamento Infantil de la Clínica de Psicoanálisis de Londres* tuve una sensación de shock; por un momento me pa­reció más un gorila que un niño; había algo monstruoso, repugnante, en la forma en que se paraba, con la cabeza y el mentón proyectados hacia adelante, los brazos colgando flojamente, los pies separados. Su frente era angosta y los ojos penetrantes, y permanecía de pie impasible, mirando aparentemente mi abdomen mientras su madre le doblaba los puños del pulóver. Después de las presentaciones le dije dónde estaba el consultorio, y el cuadro cambió con rapidez. Caminó por el corredor de una manera que recordaba el andar torpe de un niño de dos años con un grueso pañal, un niño de dos años en el cuerpo de un obeso niño de doce.

Cuando le dije que usaríamos el Cuarto O, me preguntó: “¿Por qué O? Me imagino que es sólo un número”. Una vez allí permaneció de pie mirando la mesa sobre la cual había juguetes pequeños; después, mientras se sentaba en el diván, dijo: “Son para bebés, yo no soy un bebé”; y después de una pausa agregó: ”Usted tiene nervios, carne y huesos, eso es todo”. Se mordía los labios y me hacía guiños a medias. Mientras yo hablaba él comenzó a hacer movimientos con sus manos que me recordaban los juegos de niños con los dedos: “Esta es la iglesia, éste es el campanario, mira adentro a toda la gente”. Más tarde, cuando yo hube distinguido entre adentro y afuera, me dijo que estaba pensando en el dentista, que necesitaba una emplomadura… que desde hacía dos semanas tenía sus labios doloridos. (Esta era tal vez una referencia a la consulta que había tenido dos semanas antes con el doctor Meltzer.) Se refirió a que su analista anterior había jugado con él, luego dijo: ” ¡Usted tiene un cuerpo!”, y meneando el pulgar agregó: “Usted sólo engaña”. Arañó la superficie de la mesa y agregó: “Usted tiene una boca adelante”. Y luego de una pausa: “Una cola atrás”. Cuando utilicé la palabra “pene” dijo que él “no conocía esa palabra”. Hizo chasquear sus dedos con un ruido como si fuera a romperlos. Mientras yo hablaba, abrió y cerró su boca mostrando sus dientes como un lobo, lamiendo sus labios, arrancándose pequeños trocitos de piel y comiéndoselos. Luego comenzó a hacer movimientos de morder que parecían ser reacciones hacia lo que yo hablaba. Continuó mordiéndose los labios, tirándose de la piel, de su nariz, de sus orejas, haciendo muecas y permaneció silencioso durante el resto de la sesión, aunque continué interpretando lo que me pareció que ocurría.

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