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TRIDIMENSIONALIDAD

TRIDIMENSIONALIDAD
Una vez que el objeto ha sido vivenciado como resistente a la penetración, de modo que los problemas emocionales ya no parecen consistir eh estar mera¬mente a uno u otro lado de un objeto fino como papel (anverso y reverso, por ejemplo), el escenario está preparado, como hemos visto en el desarrollo de John y Barry en particular, para que surja el concepto de orificios en el objeto y en el self. Puede entonces comenzar la pugna acerca de la forma de guardar o de cerrar estos orificios, que se conciben como naturales más que hechos a la fuerza o des¬garrados. Con el comienzo de esta nueva lucha la visión-del-mundo en su totalidad se eleva a un nuevo nivel de complejidad, el nivel de la tridimensionalidad de los objetos, y del self por identificación, como continentes de espacios potenciales.
La potencialidad de un espacio y, por ende, de un continente, sólo puede

200 D. MELTZER
tener lugar una vez que se ha hecho efectiva la función de esfínter. Con la evolu¬ción y el desarrollo de estos esfínteres tiene que ver la mayor parte del análisis de Barry. Su material muestra con particular claridad que la capacidad de un objeto de proteger y, por ende, de controlar sus propios orificios es una con¬dición previa para que el self realice un movimiento en esa dirección, de conti¬nencia: tanto como de resistencia a la penetración agresiva.
Empero, en tanto el interior de un objeto también persiste en tener el signi¬ficado de un estado anterior de la mente, ya que el sentimiento de ser adecuada¬mente contenido es una precondición para la experiencia de ser un continente capaz de contener, los movimientos en la fantasía de entrar y salir de un objeto tienen necesariamente significación con respecto a la concepción del tiempo. El tiempo, que no se podía diferenciar de la distancia en la unidimensionalidad de la desmentalización y que había. adquirido cierta vaga continuidad o circula¬ridad al moverse de un punto a otro en la superficie del mundo bidimensional, comienza ahora a tener una tendencia direccional propia, un movimiento inexo¬rable de adentro hacia afuera del objeto. Pero la operación continua de la omni¬potencia da forma a la fantasía de identificación proyectiva. Por este medio, no sólo se afirma la reversibilidad de la diferenciación del self respecto del objeto, sino que también se proclama, como corolario, la reversibilidad de la dirección del tiempo. Así surge el tiempo oscilatorio en las concepciones mentales “del mundo” y, para llegar finalmente a ser unidireccional, tendrá que esperar a que se cumpla el proceso doloroso y nunca totalmente completo de renunciar a la identificación proyectiva. El tiempo se convierte entonces en el esposo impla¬cable del Destino, ese imponderable y azaroso factor del mundo exterior.

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