LA FENOMENOLOGIA DE LA IDENTIFICACION ADHESIVA EN EL AUTISMO

LA FENOMENOLOGIA DE LA IDENTIFICACION ADHESIVA
EN EL AUTISMO

Los niños estudiados presentan un caleidoscopio de fenómenos clínicos que ha sido nuestra tarea organizar. Los hemos agrupado en las descripciones clínicas generalmente bajo los títulos de autismo propiamente dicho, psicosis obsesional

 

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postautista e inmadurez postautista. El material de Timmy ilustró la primera categoría, John y Barry la segunda y Piffie la tercera. La lucha para obtener la tridimensionalidad estaba sólo insinuada en el caso de Timmy, pero se presentó más claramente en el proceso analítico con el tratamiento de Barry. El progreso lento y arduo de este niño mostró muy claramente el movimiento paralelo en el desarrollo del objeto con respecto a la función de la piel continente y el desarrollo del self en relación a los componentes esenciales de la humanización. ‘Es, por con­siguiente, el material de Barry el que utilizaremos al describir la fenomenología de la identificación adhesiva que, retrospectivamente, puede verse que caracterizó su evolución.

Dependencia. A diferencia de la identificación proyectiva que tiende a dar lugar a una delusión de independencia debido a la pérdida de la diferenciación entre las capacidades adultas e infantiles, la identificación adhesiva parece produ­cir un tipo de dependencia adhesiva en la cual no se reconoce la existencia separa­da del objeto. El control tiránico no parece ser un descripción muy correcta pues­to que casi no se concibe la necesidad de coerción. Se dan más bien por sentados los servicios de las figuras parentales, de manera muy semejante a como común­mente damos por sentada la obediencia de nuestra mano a nuestras intenciones. Esto, por supuesto, juega una parte en el disminuido impulso a comunicarse, como se describió en el capítulo VII. El niño autista tomará la mano de un adulto con naturalidad para hacerle llevar a cabo una tarea a su servicio.

Separación-colapso. Mientras el niño en identificación proyectiva experimen­ta el rechazo de su tiranía como una amenaza a su omnipotencia y duplica sus es­fuerzos, un rechazo similar en el caso de la identificación adhesiva produce colap­so, como si el niño se sintiera arrancado y arrojado por el objeto. Esto puede verse claramente en John durante las vacaciones, y particularmente en Barry du­rante las primeras vacaciones de verano, que pasó vendándose a sí mismo y a su objeto.

Por tanto, para el niño identificado adhesivamente la negativa por parte del objeto a ser controlado y su desaparición son prácticamente indiferenciables, mientras que el niño en identificación proyectiva puede evitar totalmente la ex­periencia de separación al volver a invadir su objeto interno en ausencia del objeto externo. Por lo tanto, la comparación entre los dos parece bastante paradójica, ya que el niño identificado adhesivamente, en virtud de una mímica pegajosa y relativamente suave, no aparece tan tiránico ni, en consecuencia, tan obviamente necesitado. La agudeza del colapso es aún más sorprendente si no se lo previene sobre la inminente separación, para que el niño pueda reaccionar con ansiedad. Fue de la mayor importancia en el tratamiento de los niños de este grupo que no se les permitiera ignorar el advenimiento de una interrupción por vacaciones. La mayoría de los terapeutas adoptaron medios tanto visuales como verbales para asegurarse deque esta información era registrada.

Vacío en la cabeza (empty-headedness). Una de las manifestaciones más carac­terísticas de la identificación proyectiva, es decir, la delusión de conocimiento

 

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o de claridad de insight, parece estar ausente en el caso de la identificación adhe­siva. En realidad, lo contrario parece ser el caso: así como ese sentido de conoci­miento delusorio a menudo conduce a sobreestimar la inteligencia .de un niño seudomaduro, del mismo modo se puede fácilmente no estimar suficientemente la del niño con identificación adhesiva. Los procesos de identificación se orientan más en la dirección de la mímica de la apariencia y de la conducta superficial del objeto que de sus estados o atributos mentales, de modo que muy frecuentemente parecen ser un poco cabezas huecas, como uno puede ver en atletas, artistas, bailarines, actores y modelos.

Caricatura. Uno de los rasgos caracterológicos de la gente que emplea la iden­tificación proyectiva es, en gran medida, el grado con que presentan al mundo una ‘

caricatura hostil de sus objetos. La conducta del travestista es un ejemplo extre­mo, pero puede verse en cualquier caso de seudomadurez. Por el contrario, la

mímica de los identificados adhesivamente presenta una caricatura también, pero

que está muy lejos de ser hostil. Tiene más bien la cualidad de una diminutiza­ción (diminutization) con todo el encanto que esto tiende a implicar. Ejemplos

son la manera en que John comenzó automáticamente a marcar un ritmo con el barredero o a mecerse como el árbol. Cuando se observa a este tipo de niño ca­minando de la mano de un adulto, se los ve combinarse en una forma por demás llamativa por su cualidad de pas-de-deux*

Cuando nos movemos en el dominio de la conducta inteligente, sin embargo, el cuadro pierde su encanto. Nuevamente, aquí el niño identificado proyectiva­mente puede causarnos cierto enojo con la pretensión o pomposidad de su porte o

vocabulario, o divertirnos por su tosquedad, según la cualidad de su objeto. El niño identificado adhesivamente, en cambio, tiende a alarmarnos con su imita‑

ción no inteligente de su objeto interno o externo. Esto se observó con frecuencia en Timmy y John, cuando las alteraciones en el tono de voz y la ausencia del pro­nombre de la primera persona indicaban que estaban hablando como loros.

Podríamos citar extensamente otros fenómenos característicos de la identi­ficación adhesiva; pero no es nuestra intención exponerlos aquí, sino solamente

hacer explícito el concepto. Debemos ahora volver nuestra indagación en otra dirección, lo que nos lleva al área de los esfuerzos compensatorlos que pueden observarse en las funciones yoicas cuando aún prevalece la bidimensionalidad. Para ello citaré extensamente el trabajo de la señora Bick de 1968.

(La experiencia de la piel en las relaciones de objeto tempranas)**

La tesis es que en su forma más primitiva las partes de la personalidad se sienten como carentes de una fuerza que las una, y deben entonces reunirse de una manera que es viven­ciada por ellas pasivamente, como la piel que funciona como un límite. Pero esta función

* En francés en el original. [T.]

** Puede encontrarse la traducción completa de este trabajo en la Revista de Psicoanálisis de 1970, tomo XXVII, N° I. [N. del S.]

 

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interna de contener partes del self depende inicialmente de la introyección de un objeto externo que se experimenta como capaz de llevar a cabo esta función. Más tarde, la identi­ficación con esta función del objeto reemplaza el estado no integrado y da lugar a la fantasía de espacios internos y externos. Sólo entonces el escenario está listo para la operación de la disociación-e-idealización primaria del self y los objetos, tal como lo describió Melanie Klein. Mientras las funciones continentes no hayan sido introyectadas, el concepto de un espacio dentro del self no puede emerger. La introyección, es decir, la construcción de un objeto en un espacio interior, está en consecuencia reducida. En su ausencia, la función de la iden­tificación proyectiva continuará necesariamente sin amenguar (presumiendo que el concepto de espacio dentro del objeto se haya desarrollado) y se manifestarán todas las confusiones de identidad acompañantes.

Puede verse ahora que el escenario de la original disociación-e-idealización del self y los objetos se apoya en este proceso anterior por el cual el self y el objeto quedan contenidos en su respectiva “piel”.

Las fluctuaciones en este estado inicial se ilustrarán en el material de casos, a partir de la observación de bebés, de modo de mostrar la diferencia entre la falta de integración como una ,experiencia pasiva de total desamparo, y la desintegración a través de los procesos disociativos como una operación defensiva activa al servicio del desarrollo. En consecuencia, desde el pun­to de vista económico, estamos tratando con situaciones que conducen a ansiedades catas­tróficas en el estado no integrado, en comparación con las ansiedades paranoide y depresiva, más limitadas y específicas.

En el estado infantil de falta de integración, la necesidad de un objeto continente parecería producir la búsqueda frenética de un objeto —una luz, una voz, un olor u otro objeto sensual—’ capaz de sostener la atención y, por consiguiente, ser vivenciado, al menos momentáneamente, como manteniendo unidas las partes de la personalidad. El objeto óptimo es el pezón en la boca, junto con el olor familiar de la madre que sostiene y habla.

El material va a mostrar cómo este objeto continente es experimentad’ como una piel. El desarrollo defectuoso de esta función primaria de la piel puede considerarse como el resul­tado de fallas en la adecuación del objeto real o de ataques fantaseados contra él, que pertur­ban la introyección. La perturbación de la función primaria de la piel puede llevar al desarro­llo de una “segunda piel”, a partir de la cual la dependencia respecto del objeto se reemplaza por una seudoindependencia, por el uso inapropiado de ciertas funciones mentales, o tal vez mediante la creación de un sustituto para esta función de piel-continente. El material que se presenta a continuación contiene algunos ejemplos de la formación de esta “segunda piel”.

Observación de un bebé: Alicia

Un año de observación de una madre joven e inmadura y su primer bebé mostró un pro­greso gradual en la función de “piel-continente” hasta las doce semanas. Al aumentar la tolerancia de la madre a la cercanía del bebé, su necesidad de excitar a. la niña para que manifestara su vitalidad disminuyó paralelamente. En consecuencia, pudo observarse una disminución de los estados no integrados en el bebé. Estos se habían caracterizado por tem­blores, estornudos y movimientos desorganizados. En ese momento tuvo lugar la mudanza a una nueva casa aún no terminada, hecho que perturbó severamente la capacidad de la madre de contener a su nenita y la forzó a distanciarse de ella. Comenzó a alimentarla mien­. tras miraba televisión, o de noche en la oscuridad sin tenerla en brazos. Esto produjo en la niña un torrente de perturbaciones somáticas y un aumento de los estados no integrados. La enfermedad del padre en esa época empeoró las cosas y la madre debió plantearse la necesidad de volver al trabajo. Comenzó a presionar a la pequeñita hacia una seudoinde­pendencia, forzándola a usar el orinal, introduciendo un andador (bouncer) durante el día, mientras se rehusó con dureza a responder al llanto de la pequeña durante la noche. La madre volvió entonces a su tendencia anterior estimulando a la niña a realizar exhibicio­nes agresivas, que ella misma provocaba y admiraba. A los seis meses y medio el resultado era una niñita hiperactiva y agresiva, a la que la madre llamaba la “boxeadora” debido

 

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a su hábito de dar puñetazos en la cara de la gente. Vemos aquí la formación de un tipo muscular de “segunda piel” autocontinente, en lugar de una adecuada piel-continente.

Análisis de una niña esquizofrénica: Mary

Algunos años de análisis desde los tres años y medio nos permitieron reconstruir los estados mentales reflejados en la historia de su perturbación infantil. Los hechos son los si­guientes: un nacimiento dificultoso, se prendió fuertemente del pezón desde temprano pero fue muy perezosa para tomar, succionar; la mamadera complementó al pecho en la tercera semana, pero el amamantamiento al pecho continuó hasta los once meses; tuvo eczema infantil a los cuatro meses y se rascaba hasta sangrar, se pegaba a su madre en extremo, tenía severa intoleranCia a esperar por sus comidas, era atrasada y atípica en todas las áreas del desarrollo.

En el análisis se reflejó desde el principio una severa intolerancia a la separación en el apretar de las mandíbulas y la rotura sistemática de todos los materiales después de la pri­mera interrupción debida a las vacaciones. La total dependencia del contacto inmediato pudo verse y estudiarse a través de la no integración de sus estados posturales y de su motilidad por un lado y el pensamiento y la comunicación por el otro, que existían al comienzo de cada sesión y mejoraban en su transcurso, para reaparecer al irse. Venía encorvada, con los miem­bros tensos, grotesca como una “bolsa de papas” como más adelante ella se llamó a sí misma, y emitiendo un explosivo “ssbick” por “buenos días, señora Bick”. Esta “bolsa de papas” parecía estar en continuo peligro de derramar sus contenidos, debido en parte al constante agujerear de su piel que representaba la piel-“bolsa” del objeto en el cual algunas de sus partes, las “papas”, estaban contenidas (identificación proyectiva). Se logró la mejoría de esa postura encorvada a la erguida, junto con la disminución de su total dependencia gene­ral, pero más a través de la formación de una segunda piel basada en su prppia muscularidad, que por identificación con un objeto continente.

Análisis de un paciente neurótico adulto

Podría estudiarse la alternancia de dos tipos de experiencia del self —la “bolsa de man­zanas” y el “hipopótamo”— en relación con el tipo de contacto en la transferencia y con la experiencia de separación, ambos relacionados con una perturbación en el período de ali­mentación. En el estado de “bolsa de manzanas”, el paciente era quisquilloso, vano y tenía una constante necesidad de atención y halago, era fácilmente vulnerable, esperando siempre una catástrofe, tal como un colapso al levantarse del diván. En el estado de “hipopótamo”, el paciente era agresivo, tiránico, cáustico e inflexible en querer hacer las cosas a su manera. Ambos estados se relacionaban con el tipo de organización de la “segunda piel”, dominado por la identificación proyectiva. La piel de “hipopótamo”, tanto como la “bolsa”, era un reflejo de la piel del objeto dentro del cual existía, mientras que las manzanas, de piel fina y fáciles de magullar, representaban el estado de las partes del self que estaban dentro de este objeto insensible.

Análisis de una niña: Jill

En el análisis de una niña de cinco años cuyo período de alimentación se había caracteriza­do por la anorexia, se presentaron de entrada problemas de piel-continente, como por ejemplo sus constantes exigencias a la madre, durante las primeras vacaciones analíticas, de que sus ropas fueran ajustadas con firmeza y sus zapatos atados apretadamente. El material ulterior mostró su intensa ansiedad y necesidad de diferenciarse a sí misma de sus juguetes y muñecas, acerca de los cuales decía: “Los juguetes no son como yo, se rompen en pedazos y no se arreglan.•No tienen piel. , ¡Nosotros tenemos piel!”.

 

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Esto es lo sustancial del trabajo que abrió el problema de la no integración, en contraste con la desintegración, relacionándolo con un continente defectuoso. Además, la señora Bick ha rastreado algunos de los esfuerzos compensatorios de la autocontención patológica. Al describir la psicosis postautista (por ejemplo Barry) también hemos delineado un estado de no integración, mientras que el autismo propiamente dicho se ha considerado como una forma extremadamente primitiva de desintegración.

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