SEGUNDO MES: LA “LABY”

SEGUNDO MES: LA “LABY”

Durante el transcurso del segundo mes mi boca y mi abdomen se convirtieron en el foco de interés de John. A menudo insertaba el dedo en mi boca y lo olía antes de insertarlo en la suya. El desarrollo de su vocabulario parecía sugerir que se estaba produciendo cierta primitiva identificación por medio de la expe­riencia concreta de extraer las palabras-saliva de mi boca y ponerlas dentro de la suya. Con frecuencia buscaba mi falda, se recostaba en mis brazos y se cobijaba en mis senos. Después, a veces, decía “laby”, lo cual interpreté que significaba “señora-con-bebé *. En esos momentos yo no sentía que estuviera “dentro” de mí como un bebé-interno sino más bien que me decía que estábamos adheri­dos como las palabras, amalgamados, piel-a-piel. El final de las sesiones continuó resultándole muy penoso. Me lo demostraba comenzando a rengiiear. Y entonces iniciaba el día siguiente arrancando pedazos de las hojas.

No obstante, su conducta al promediar las sesiones y la semana, se caracteri­zaba en esa época por una cualidad mucho más apacible. En una ocasión se arro­dilló sobre mis muslos, aplicó el oído a mi estómago mientras yo hablaba, olió el dedo que me había insertado en la boca, niego se subió la camiseta, se tocó el ombligo y después se olió el dedo. Parecía estar desarrollándose un concepto dife­rente de los límites del cuerpo. Era a la vez más definido (una piel separaba el interior del exterior, a él de m0 y más suave, no duro como antes. Permitía que los compartimientos existieran y fueran explorados de un modo cuidadoso: mi boca, su boca; mi estómago, su estómago. Mis palabras, que para él salían de mi estómago y subían hasta mi boca, podían ser puestas en su boca y su estóma­go. Aunque el olfato continuaba siendo la modalidad sensual dominante, había comenzado a explorar la textura, calidez y profundidad de los diversos orificios.

A partir de este momento John se convirtió en un niño físicamente vulnera­ble, susceptible a resfrios y diarreas. Esto resultaba de lo más sorprendente porque había gozado de una robusta salud durante varios años. Su vulnerabilidad parecía ir de la mano con su grado de cercanía respecto de mí, y sus ataques destructivos pronto dieron lugar a un deterioro somático. Me preocupaba en ese momento có­mo podría afectarlo una interrupción por vacaciones. La perspectiva era inquie­tante; parecía esencial que tuviera una preparación de muchas semanas para elabo­rar sus sentimientos acerca de la separación y la pérdida.

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