PRIMEROS PASOS EN EL ESTABLECIMIENTO DE LA IDENTIDAD SEPARADA

PRIMEROS PASOS EN EL ESTABLECIMIENTO
DE LA IDENTIDAD SEPARADA

Uno de los avances más dramáticos de John fue su repentina apreciación de la posibilidad de separación sin desastre, precedida por el reflejo de un rayo de sol en la pared. En un instante de insight , pareció establecerse en la mente de John

 

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el concepto de una madre cuyo espacio interno había sido llenado de algo que es­taba en relación con las necesidades del niño y no en competencia con ellas. De un golpe, aunque por cierto temporariamente, John, el participante pasivo, se fusionó con su objeto, o alternativamente el forastero excluido se convirtió en John:el explorador. Había emergido un espacio que podía atravesar con esperanzas, su dedo arriesgándose a trazar un sendero dentro de mi boca y retornar a la suya. Este espacio entre nosotros, lo suficientemente cercano como para ser cubierto en forma creativa, dio también nacimiento a la idea de un claustro dentro de mí mis­ma y, en la identificación, dio pie a la idea de un claustro dentro de él. El logro de un objeto tridimensional, con espacio interno y por ende capaz de contener, significó que se había establecido la base para el desarrollo mental. En este conti­nente se podía entonces proyectar dolor, y a su vez él podía internalizar un objeto que contuviera al asustado bebé-John. Este concepto podía extenderse al de una “señora” separada de John, e hizo posible para él tener un espacio dentro de su mente donde pudiera acumular la memoria de mi voz, y tomarse de ella durante mi ausencia. Dio lugar, incluso, a la posibilidad de contemplar la cuarta dimen­sión, la de las unidades de tiempo; de unos caramelos hoy y otros mañana. Es llamativo por qué el rayo de luz produjo tal impulso al desarrollo, cuando todos los otros sonidos o visiones sólo habían servido para hacerle sentirse excluido. No puedo dejar de especular que la mancha de luz revivió un recuerdo de senti­mientos de mucho tiempo antes, de un pecho-mamadera brillante, reluciente, lleno de la reconfortante leche de la que estaba sediento. Por una vez el adentro y el afuera estuvieron ligados en una manera transparente, que le hizo sentir que papá y mamá podían unirse para enriquecer al bebé, más que meramente para excluirlo.

Desde ese momento tuve pruebas de un aumento de su capacidad de intro­yección y retención, como por ejemplo su creciente vocabulario. Hizo grandes esfuerzos para cerrar sus propios orificios, y logró tanto el control de la vejiga como del recto. También observé cierto progreso hacia el establecimiento de un objeto estructurado cuyas entradas estaban entonces definidas con más clari­dad, y que sentía que papá custodiaba. Sólo necesitamos recordar la fascinación que sentía John hacia las rosas de la ventana para comprender que ya no entraba o penetraba su objeto, sino que trataba de espiar dentro, a través del ojo de la ce­rradura, la relación de unión entre papá y mamá. Pero la tragedia de todo esto radicaba en que al estar afuera sentía tales celos de papá y de los bebés internos, que lo forzaban a desgarrar el límite entre nosotros una y otra vez, y entonces eliminaba de nuevo el espacio.

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