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LA PRIMERA SESION DESPUES DE LAS VACACIONES DE NAVIDAD: EL QUE ESTA ADENTRO O EL QUE ESTA AFUERA: PAPA O JOHN

LA PRIMERA SESION DESPUES DE LAS VACACIONES

DE NAVIDAD: EL QUE ESTA ADENTRO O EL QUE ESTA AFUERA:
PAPA O JOHN

John estaba pálido y un poco somnoliento, pero saltaba colgado de la mano de la madre cuando abrí la puerta. Inmediatamente tomó la mano que le tendía y subió las escaleras con excitación. Puso en mi mano papel y lápiz, dijo “aero­plano, aeroplano” y señaló el papel con cierta urgencia. Entendí que debía dibu­jar, y tan pronto como lo hice, tachó el dibujo del aeroplano y lo borroneó con gruesas líneas negras. Nuevamente me pidió que dibujara un aeroplano y repitió las mismas acciones. Siempre había estado interesado en los aviones, pero yo nun­ca los había dibujado, ni había habido ningún trabajo con papel, salvo la tarjeta de las vacaciones. En consecuencia, interpreté que yo debía presentarle este papá-aeroplano-vacaciones que me había llevado lejos de John, de manera que

 

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John pudiera arañarlo y convertirlo en caca. A continuación John hizo rodar el puñado de lápices sobre la tapa de la cómoda, dejó que cayeran detrás uno por uno y los dejó allí. Amasó unas salchichas de plastilina, las dejó sobre la mesa y, tirándome del lóbulo de la oreja (retorciéndolo de una manera muy martiri­zante), me empujó a la ventana desde donde miró hacia la calle cubierta de nieve. Me empujó hacia el diván, saltó arriba y abajo riendo, e intentó empujarme para que me acostara a su lado. Cuando me negué, me dio un puntapié en el estómago, saltó y volvió a reír, puso sus pies contra la pared, dejó colgar su cabeza por el borde del diván y de manera desafiante dijo “arriba”. Pienso que algún sonido del exterior lo debe haber perturbado, porque sorpresivamente me empujó hacia la ventana, tirando del lóbulo de mi oreja, y miró para abajo. Paseó su mirada alre­dedor del cuarto con ansiedad, se golpeó la cabeza con su mano, después golpeó la mesa furiosamente. Yo tenía la impresión de que “papá”, de un golpe, lo sacó de mi interior y, a su vez, John me atacó por haber contenido a este papá y haber­le permitido que tomara posesión de mí. Cuando fue la hora, John dijo con voz ruda “esto es suficiente para ti”, y no cabía duda de que “papá” le estaba dicien­do que él ya había tenido su turno, que era tiempo de salir. Mientras bajábamos las escaleras John decía “abajo, abajo” y una vez afuera tomó puñados de nieve y los comió.

Durante las sesiones siguientes la conducta de John varió. En parte parecía un invasor circunspecto tratando de ganarle terreno al enemigo, mediante oler las escaleras, mirar a su alrededor cuidadosamente, golpear las paredes y el piso a su llegada. De otro modo, mediante el látigo de plastilina, se estaba convirtiendo en un cruel celador de su mamá, forzando su entrada y saltando arriba y abajo en el diván en son de triunfo posesivo, para volver a caer finalmente en la deses­peración ante cualquier sonido del exterior. Al final de la sesión nuevamente se con­vertía en un extraño furioso que trataba de entrar mediante golpes. El material presentado a continuación va a mostrar con qué rapidez John alternaba de un estado de ánimo a otro, y qué propenso era a caer en depresión y desesperación

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