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DOS MANERAS DE ENFRENTAR LA DEPRESION: CON UN TAPON O EN COMPLICIDAD CON EL OSITO DE FELPA

DOS MANERAS DE ENFRENTAR LA DEPRESION:

CON UN TAPON O EN COMPLICIDAD CON EL OSITO DE FELPA

Al día siguiente John vino con aspecto ausente y pálido. Su madre me dijo que apenas había dormido; había llorado la mayor parte de la noche sin que nada lo consolara. Me tendió sus brazos para que lo levantara, y al llevarlo arriba rodeó mi cintura con sus pies y sus piernas. Quiso que las dos canillas estuvieran abiertas y las observó durante un rato. Le dije que él se había sentido inconsolable porque sintió que había vaciado, arruinado y perdido a la buena señora-pecho. Se bajó, puso en su boca el tapón negro de la pileta y continuó mirando correr el agua. El tapón puede considerarse como un tapón-pezón que le impediría morder y escupir, lo ayudaría a controlar la parte de John-bebé-cruel y también podría expresar el sentimiento de estar taponado con la pena.

Pocos minutos después, sin embargo, John me escupió en la cara y volvió al alféizar de la ventana. Mientras miraba cómo las ramas del árbol se mecían con el viento, saltaba de arriba a abajo con excitación. Hablé de una parte suya que se sentía muy desdichada de lo que le hacía al cuerpo de mamá, pero que otra parte-osito de felpa le decía que escupiera las lágrimas en mí. Pensó que de este modo podía ser el papá, y divertirse nuevamente. Escupió en el piso, también contra el vidrio y luego lamió la escupida como si fuera algo delicioso, mirándome con una expresión sonriente. Le dije que el osito le decía que lo que debe hacerse con las lágrimas es escupirlas dentro de mamá, porque tienen muy buen sabor cuando están en ella y uno las lame. Bajá, bebió un poquito y tiró vasos llenos de agua sobre el borde de la pileta, riéndose y bailando con excitación. Luego dio vuelta el vasito, lo llenó con el agua de ambas canillas y bebió unos sorbos. Me miraba con una expresión de desafío y de gozo. Salpicó más agua, bailó y pisoteó en el charco. Cuando llegó el momento de irse, John chupó agua de su camisa mo­jada y se fue golpeándose la cabeza con la del osito.

Durante la primera semana de las vacaciones, John tomó líquidos pero rehu­só comer y durmió muy mal. Ambos síntomas desaparecieron espontáneamente, y durante el resto de las vacaciones parecía muy feliz en tanto pudiera tener a ambos, mamá y papá, sólo para él.

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