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CAPITULO II LA PSICOLOGIA DE LOS ESTADOS AUTISTAS Y DE LA MENTALIDAD POSTAUTISTA

CAPITULO II

LA PSICOLOGIA DE LOS ESTADOS AUTISTAS
Y DE LA MENTALIDAD POSTAUTISTA

Donald Meltzer

En este capítulo queremos presentar en forma esquemática la formulación general de nuestros hallazgos, que a continuación serán descritos detalladamente por cada terapeuta en particular. Nos ha sorprendido a todos en cierta medida la complejidad de las ideas que hemos desarrollado durante los años de trabajo en común. No podemos pedir disculpas por esta complejidad en sí, excepto en lo que respecta a no poder responder si se debe a una incapacidad nuestra en alcanzar formulaciones y modos de expresión más simples, más amplios y más precisos, o si la complejidad reside ciertamente en la naturaleza propia del ma­terial.

El aspecto más importante de esta complejidad radica en el punto de vista que tiende a dividir el estado autista propiamente dicho de las cualidades de la mente en general que aparecen en estos niños durante el desarrollo, y que están en cierta forma fuera del autismo propiamente dicho —lo que llamamos estado residual del autismo—. En sí misma, no parece ser ésta una idea muy complicada, ya que está vinculada al concepto común en medicina de enfermedad y secuela; la complejidad reside realmente en la peculiar forma en que las dos se entrelazan en cada niño durante cada período particular de observación. Esto va a ser ejem­plificado muy claramente en el material de Timmy (J.B.), cuya observación dio lugar a un modo de estudio muy convincente. A lo largo de un período de meses se hizo claro que ciertas formas de comportamiento que aparecían repetidamente constituían el fenómeno autista en Timmy, y mediante la selección de los datos que parecían claramente escapar a esta categoría para enhebrarlos después como perlas en un hilo pudimos reconstruir secuencias (cubriendo a veces varias sesio­nes) pasibles de ser interpretadas como si efectivamente hubieran sido consecu­tivas. El resultado fue algo semejante a la fotografía cinemática de la apertura de las flores, en que tomando fotos con intervalos de pocos minutos es posible delinear un proceso de desarrollo y crecimiento que no es visible para el ojo desnudo.

Sin embargo, tal vez más importante que la revelación particular sobre Tim‑

 

22                                                            11 MELTZER

my, fue la certeza que ganamos a partir de esta observación sobre el grado de aislamiento que estas dos categorías de fenómenos mantienen en la mente del niño. Por supuesto, no es una novedad que distintas partes de la mente puedan ser mantenidas a cierta distancia y en un mutuo desconocimiento; éste es un lugar común para la represión, los procesos de disociación y los sistemas deliran­tes. Pero lo que apareció como gran novedad y como deslumbrante exhibición de la velocidad y complejidad del aparato mental fue la manera en que estas dos categorías de fenómenos estaban entrelazadas y combinadas. En esta yuxtaposi­ción de estados mentales, el fenómeno autista pudo ser visto en relación al mate­rial de la transferencia, como aparecen las bruscas perturbaciones del juego en el análisis infantil. Pero mientras la perturbación del juego está relacionada a un cambio que implica un nivel o aspecto diferente de la situación transferencial, la perturbación autista daba una impresión muy distinta; se asemejaba a la inser­ción de un ataque de petit mal en la conversación: como si, de haber sido éstos procesos verbales, la oración interrumpida fuera posteriormente comple­tada una vez que cesaba el “ruido” autista. Barry (D.W.), bastante mayor, desa­rrolló en sesión la pauta de dormirse, que daba la misma impresión de funciona­miento mental suspendido.

Lo importante de esta suspensión de las transacciones transferenciales es que gradualmente nos pareció ser la clave para la comprensión del problema central en el autismo: en especial la cualidad del estado autista y su singular impacto en el desarrollo de la personalidad. El problema de encontrar un lenguaje con el cual describir nuestra comprensión de este estado es imposible de superar si queremos evitar una espiral tautológica de palabras que gradualmente se estrechan en el nudo asfixiante de la jerga.

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