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El sentimiento discutido

Si può dire che a volte noi attingiamo in modi misteriosi le qualità delle persone e delle cose, così per delle spinte profonde del sentimento; e non è un sentimento cieco ma è un sentimento che è stato preceduto da esperienza, riflessioni, letture, discussioni, sofferenze; è un sentimento che è il punto di arrivo di una maturazione profonda.

 

“Podemos decir que a veces nos acercamos de manera misteriosa la cualidad de las personas y de las cosas, del mismo modo sucede con las mociones profundas del sentimiento; y no es un sentimiento ciego, sino que es un sentimiento que ha sido precedido por la experiencia, las reflexiones, las lecturas, las discusiones, los  sufrimientos; Es un sentimiento que es la culminación de una maduración profunda”.

 

Il sentimento non può mai diventare oggettivo. Il sentimento è ciò che c’è di più appartenente, indissolubilmente, insolubile, incomunicabile e impartecipabile. È assurdo sentire per un altro e sentire con un altro. Il sentirsi in atto del sentimento è ciò che c’è di più incomunicabile perché è lì che l’io decide la propria responsabilità.

 

“El sentimiento nunca puede volverse algo objetivo. El sentimiento es lo que hay de más propio (perteneciente), indisolublemente, insoluble, incomunicable e imparticipable. Es absurdo oír sentir por un otro y sentir con un otro. El sentirse en acto del sentimiento es lo más incomunicable que existe, porque es allí que el Yo decide su propia responsabilidad”.

 

“Niente di più intimo e di più inafferrabile del sentimento”.

Nada de más íntimo y de más inaferrable que el sentimiento.

 

Cornelio Fabro

 

El sentimiento es el “phantasma” de la voluntad, es el lugar donde la voluntad hace la “conversio” en orden a “encarnar” una acción. No existe el acto de voluntad puro que pueda prescindir de un sentimiento para ponerse en acto. Tampoco es fenomenológicamente determinable el “puro acto de voluntad” o, lo que es lo mismo, determinar fenomenológicamente en su pureza, la puesta en acto de la voluntad, de un modo tal que dicha fenomenología responda patognomónicamente a un supuesto acto de voluntad y solo a él.

Lo que percibimos fenomenológicamente son las acciones. Las acciones, en su fenomenología, nos aparecen como un mixto de movimiento corpóreo ( externo no siempre) y movimiento emocional interno (siempre) imposible de separar del fundamento voluntario que las origina (y que las compone) de modo que podamos decir “este fenómeno corresponde al puro acto de la voluntad”.

Lo más parecido al acto de la voluntad que podemos percibir e identificar es el sentimiento, o siendo más precisos la “moción emocional” que acompaña todo acto voluntario.

Esa moción emocional no solo acompaña sino que conecta y desencadena la acción a nivel corpóreo, haciendo que se “ponga en acto”, o para no sonar demasiado escolástico, pero queriendo decir exactamente lo mismo, para que se “actúe”.

Está tan próximo el sentimiento y tan sintonizado con el acto de la voluntad, o, lo que es lo mismo, con el actuarse de la voluntad, que como dice Fabro, nunca puede volverse algo objetivo. Es la carne del esqueleto del estructurarse más íntimo de nuestra identidad: la scelta (la elección). Es por eso que no hay nada que nos pertenezca de más profundo, ni nada que sea más incomunicable. El sentimiento es mío, y me estructura en lo más profundo de mi identidad, porque es una resonancia directa de la scelta “estructurante”, que es lo más mío que puedo tener.

Por eso mi maestra de psicología me enseñó que el sentimiento no se discute, no hay objetividad alguna para discutir en el sentimiento, desde afuera o desde la propia consciencia se lo podrá considerar adecuado o no. Pero eso es lo que se siente y de algún modo eso es lo que se es, aunque sea en un momento determinado de nuestra historia.

Algo diverso es que se pueda poner en cuestión la cosmovisión (en tanto que aprendizajes de la realidad y elecciones que estructuran y refundan dichos aprendizajes en una totalidad como posición del hombre frente al mundo) que funda ese sentimiento y que hace que el sentimiento se exprese de una manera determinada frente a una realidad determinada. Pero el sentimiento no se discute, se legitima, se le da derecho a ser. Es el único modo de conectar con quien verdaderamente soy, darle cabida, reconocerlo como tal, sin querer distorsionar sus contornos, sin querer meterlo en el lecho de Procusto de nuestra razón, sin juzgarlo, es lo que es, el resultado de la sintonía corporal influenciado por ese mix de inteligencia y elección (scelta), vuelto cosmovisión, que reacciona frente a una realidad determinada.

Cuestionar el sentimiento sería como cuestionar el síntoma, ponerse a discutir sobre la perversidad de la fiebre que enardece el cuerpo. Un absurdo, el síntoma es pura manifestación de causas más profundas. Mucho peor sería negar el síntoma y romper el termómetro, al estilo K, no hay inflación. El síntoma es nada más que eso manifestación de algo ulterior. El sentimiento es el síntoma de lo que somos. No se discute. Se lo acepta, se lo acoge, se le da un lugar, se lo deja ser y se trabaja consigo mismo sin usar una lógica represiva que lo niegue o lo deforme, ni una lógica sentimentaloide que lo exacerbe como si fuera el último eje constituyente de lo que somos.

P&E

 

 

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