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ESBOZO DEL DESARROLLO DE LA VIDA PSÍQUICA

II. ESBOZO DEL DESARROLLO DE LA VIDA PSÍQUICA

Las formas estructurales de la vida psíquica se organizan en el curso del desa­rrollo ontogénico, de tal manera que las estructuras fundamentales integradas por la evolución y la organización del sistema nervioso alcanzan la madurez en la edad adulta, en tanto que, en el curso de toda la existencia, las estructuras superiores y lábiles continúan su organización funcional, dinámica e integrativa. La organización psíquica supone la maduración del sistema nervioso.

A. — DESARROLLO MORFOLÓGICO Y MADURACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO

La ontogénesis del sistema nervioso reproduce de manera aproximada la filogé­nesis en la serie animal.

1. — DESARROLLO EMBRIONARIO

Al mismo tiempo que se desarrolla el sistema nervioso cerebrospinal (neuroem- De las briologia anatómica) se construyen sistemas reflejos funcionales (neuroembriologia fisiológica o funcional).                                                                                                            

 

Desde Mathias Duval y His, el desarrollo del sistema nervioso nos es bien conocido. Desarrollado a partir de la hoja externa del blastodermo (eje neural), el encé­falo de un embrión humano de 4 semanas comporta cinco segmentos (vesículas encefálicas secundarias):

El mielencéfalo forma la calota del bulbo y los núcleos de origen de los nervios craneanos (porción mielencefálica del rombencéfalo).

El cerebro posterior propiamente dicho forma, por su desarrollo, la calma pro­tuberancial, el cerebelo y los núcleos superiores de los nervios craneanos (porción metencefálica inferior del rombencéfalo).

El istmo del cerebro forma la calota protuberancial y los pedúnculos cerebe­losas superiores (porción metencefálica superior del rombencéfalo).

El cerebro medio forma la calota de los pedúnculos cerebrales y los tubérculos cuadrigéminos (Mesencéfalo). —EI cerebro intermedio forma la región subóptica y el tálamo (Diencéfalo).

No es sino más tardíamente cuando el proceso de telencefalización se acentúa por el desarrollo de las grandes formaciones que provienen de las vesículas hemisféricas. La porción axil del cerebro anterior (Telencéfalo) da nacimiento a los cuerpos estriados, al globos pallidus y a la cápsula interna, en tanto que las vesículas laterales constituyen los primeros esbozos hemisféricos.

En la serie animal como en la ontogénesis nerviosa humana el rinencéfalo o mejor el sistema límbko constituye un vasto sistema cortical (alocórtex) formado por el asta de Arrimón, el lóbulo limbico, la circunvolución limbica (gyrus dentatus), etc.

Se desarrolla hacia el 6.° mes de la vida intrauterina.

El estudio funcional de los embriones (M. Minkowski) ha permitido seguir la evolución de las funciones nerviosas que manifiestan este desarrollo morfológico. A una fase puramente muscular y aneural de la motilidad embrionaria primitiva, sucede una fase de transición neuromuscular en la que los movimientos son menos rítmicos. Es entonces (2.° mes) cuando se constituye el arco reflejo espinal cuya fun­ción es esencialmente rítmica y alternante (ya virtualmente locomotriz), observable bajo la influencia de estímulos internos o experimentales a nivel del tronco, de la cabeza o de las extremidades. Estos movimientos son a su vez estímulos para una serie de movimientos (excitación neuroceptiva). Un poco más tarde, los estímulos

Fic. 1. Embrión humano de 5 semanas (según His).

M = medula; AC = mielencéfalo (rombencéfalo); CP = cerebro posterior (rombencé­falo); CM = cerebro medio (mesencéfalo); CI = cerebro intermediario (d’encéfalo); CA = = telencéfalo, vesículas hemisféricas.

laberínticos engendran movimientos bilaterales y simétricos que presentan caracteres de reflejos de defensa o de huida (reflejos nociceptivos de Sherrington), caracteri­zados por su extensa irradiación. Esta fase corresponde al desarrollo de las forma­ciones rombencefalicas (bulbo). En esta época aparecen los reflejos bucales (oclusión de los labios, succión). En efecto, al arco reflejo espinal se superponen y combinan progresivamente elementos funcionales que manifiestan la acción de la calota del mesencéfalo, del cerebelo y, más tarde, de los núcleos grises centrales.

II. — DESARROLLO POSNATAL, LA MADURACIÓN
DEL SISTEMA NERVIOSO

En el momento del nacimiento, el sistema nervioso central se halla desarrollado de una manera incompleta; más aún que el resto del cuerpo, se encuentra en un es­tado de premaduración.

Tan sólo su morfología está casi acabada, al igual que la histogénesis, es decir que la constitución y la distribución de los agrupamientos de neuronas derivadas de los neuroblastos está casi terminada. El número de células (diez mil millones, afirma Grey Walter) que integran la estratificación arquitectónica de la corteza cerebral se adquiere a partir del 7.° mes de la vida intrauterina y no varia hasta la muerte.

Sin embargo, esta imbricación de material neurónico, de sostén y de vasculari­zación del aparato cerebral no constituye sino una organización espacial previa al funcionamiento que las condiciones de la vida de relación extrauterina (estímulos del mundo exterior, problemas de coordinación sensoriomotores y de construcción de las formas adaptativas, etc.) van a hacer, en adelante, a la vez indispensable y po­sible. La maduración del sistema nervioso comienza con la experiencia y va a formar y a mantener con ella relaciones entre lo subjetivo y lo objetivo que, como hemos señalado anteriormente, constituyen el fundamento y el sentido de la vida psíquica. Esta maduración puede ser considerada desde cuatro aspectos:

I.° La mielogénesis. Es hacia el 4.° mes de la vida intrauterina cuando la mie­lina hace su aparición en el protoplasma que rodea al cilindroeje de las neuronas. El proceso de mielinización tiene lugar según leyes constantes (Flechsig) que permiten seguir la maduración de las diversas porciones del sistema nervioso. El “instinto formativo” del sistema nervioso experimenta con el nacimiento un fuerte impulso. En tanto que al finalizar la vida intrauterina la mielinización se extendía por las zonas pálido-mesencéfalo-cerebelo-tegumento-bulbospinales, después del nacimiento, de subcortical se hace cortical. Durante las ocho primeras semanas, se extiende a la masa de los axones de las neuronas de los hemisferios cerebrales. Se inicia por los campos primordiales, después alcanza los centros intermediarios, según el famoso esquema que ha establecido Flechsig. Es entonces cuando la influencia de la corteza cerebral comienza a ejercerse en tanto que diferenciación, inhibición y condiciona-miento de los reflejos subcorticales y espinales (mielinización de la gran vía piramidal o corticospinal y de los analizadores perceptivos corticales).

Existen razones para insistir especialmente en la mielogénesis de los centros del lenguaje, que se desarrollan a partir del 5.° mes de la vida fetal, después de la apari­ción de la cisura de Rolando. Su maduración mielinica está ya realizada en el mo­mento de nacer por lo que respecta al opérculo rolándico, para T z y para F3. Pero las fibras tangenciales no son mielinizadas en estos centros sino 6 u 8 meses después del nacimiento, y su maduración se alcanzará sólo lentamente en la edad adulta y en úl­timo lugar. Es, además, de los tres a los cinco años cuando los campos mielogénicos, correspondientes al ejercicio del lenguaje y a los grandes sistemas de las gnosias y praxias, alcanzan una completa maduración. Es el momento en que se hacen posibles las operaciones de coordinación sensoriomotrices y la integración de los esquemas ideoverbaies o motores en el tiempo y en el espacio, en que se desarrollan el proceso lingüístico y las comunicaciones intersubjetivas.

2.° El dinamismo de las relaciones Interneuronales. Como hemos visto, la mielinización de los axones es la condición o, en todo caso, el signo de la puesta en marcha del sistema nervioso, es decir de las transformaciones y comunicaciones del influjo nervioso necesarias a la conducción de sus sistemas funcionales. El sistema nervioso, como fue visto por Ramón y Cajal, representa un sistema discontinuo en el que la propagación intercelular está asegurada por procesos metabólicos y eléctricos. Dicho sistema está compuesto de “relevos” sinópticos axodendríticos y axosomáticos en los que los contactos y las interrupciones están bajo la dependencia de los grandes mediadores bioquímicos (adrenalina, acetilcolina) y de reguladores enzimáticos (coli­nesterasa-serotonina). De tal forma que el dinamismo intersináptico y cronáxico (Lapicque), que está en la base del funcionamiento del sistema nervioso, se halla bajo la dependencia de factores energéticos (ácido glutámico, ácido adenosin-trifosfórico) y metabólicos, los cuales integran la maduración de! sistema nervioso en el proceso general del crecimiento del organismo (véanse págs. 622-624).

3.° Ontogénesis de la «cavidad eléctrica cerebral. La maduración bioeiéctrica se manifiesta por el paso de una actividad no diferenciada a una organización dife­renciada (véase pág. 152).

En el prematuro (de 6 a 8 meses de edad conceptual), no hay diferencia entre e! trazado de la vigilia y el del sueño.

En el recién nacido a término (de 1 a 3 meses de la vida extrauterina), los poten­ciales eléctricos son de débil voltaje con predominancia de los grafoelementos de baja frecuencia. La oclusión de los ojos no modifica el trazado.

En el lactante de 3 meses, el trazado de vigilia deja de ser uniforme y se observa un primer esbozo de !a reacción de paro.

Hacia los 6 meses de edad, la actividad occipital se hace rítmica en el momento en que el niño adquiere la aprehensión voluntaria.

Alrededor del año, aparecen las primeras formas de hipersincronia paroxistica del adormecimiento. Los trazados manifiestan una cierta diferenciación topográfica (pun­tas lentas frontales, puntas difásicas centrales).

Hacia los 3 años de edad, el trazado se asemeja al de la fase de adormecimiento del adulto (aplanamiento, descargas theta).

Todo este período de 1 a 3 años está caracterizado, finalmente, por el ritmo della (búsqueda del reposo y de la tranquilidad, según Grey Walter). De 3 a a años, el ritmo theta (correspondiente a un comportamiento en el que dominan las frus­traciones y la búsqueda del placer) es el que constituye la forma de organización característica. Por último, de 8 a 10 años, es el ritmo alfa (8-12 c/s) de predominio posterior el que, como en el adulto (a la manera del tono de reposo de la actividad psíquica), caracteriza la vigilia y la “disponibilidad”.

Podemos detener aqui esta descripción de la evolución de las funciones nerviosas. Todos sabemos que las neuronas no se renuevan y que entre ellas y a través de sus conexiones sinápticas, se construye de forma continua un sistema relacional o fun­cional que integra la experiencia en la historia del individuo. Más adelante veremos, en el capitulo que consagramos a la Neurobiología, en la cuarta parte de esta obra, cómo funciona el conjunto de sistemas y subsistemas de integración del “Sistema Nervioso Central”.

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