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Emociones. Origen filosófico.

ANTECEDENTES FILOSÓFICOS

Nuestra cultura occidental remite a Grecia y sus pensadores dan las primeras concepciones, de las que se tiene constancia, sobre la naturaleza humana, consi­derándolas como precursoras de lo que hoy, más allá del ámbito de la especula­ción, constituye el quehacer en el ámbito de la ciencia. En la historia del pensamiento se han dado diversas concepciones sobre la naturaleza humana y algunas incompatibles entre. sí. Se concibe al hombre como esencialmente racional, un ser que escoge y quiere. un ser que conoce las fuentes de. su comportamiento, y que es consciente de las razones que a este comportamiento concreto le empujan. y por ello plenamente responsable del mismo. O se sostiene a veces que el hombre es por naturaleza un ser irracional que se ve empujado y arrastrado por las fuerzas de su propia constitución y las tensiones que le rodean y, por tanto, en gran medida, inconsciente en lo que a las fuentes de su acción se refiere (Cofer. 1972).

Dedicaremos unas pocas palabras a trazar los cambios más significativos en la historia del pensamiento que han tenido implicaciones en el pensamiento psicológico en general y respecto a la comprensión de la emoción en particular.

2.1,      Racionalismo.  El conocimiento como dominio de pasiones

El racionalismo es la concepción que prevaleció a lo largo de siglos en los grandes sistemas filosóficos y religiosos que dominaron el pensamiento occiden­tal, y que se remonta a Platón (428-348 a.c.) y Aristóteles (348-323 a.c.). En la. concepción racionalista del comportamiento los factores emocionales no ocupan apenas lugar, toda vez que según ésta es la razón humana el factor predominante en la determinación de lo que el hombre hace. Su voluntad es libre de elegir lo que la razón le dieta. Como hombre no está determinado en su comportamiento ni por las condiciones externas ni por los impulsos irracionales internos (corno emociones o pasiones). Esta teoría de que el hombre es libre en su pensamiento y en su acción y, por tanto, responsable. tuvo una influencia extraordinaria durante muchos siglos, influencia que se deja sentir todavía hoy en la doctrina moral teo­lógica y enlos textos legislativos (Bolles, 967; Cofer y Apply, 1964).

Bajo el presupuesto racionalista de que el hombre tiene la capacidad de razo­nar, las emociones –pasiones en el mundo clásico– tendrían poco que ver con la conducta humana, pues éstas quedarían sometidas a la capacidad de razonar. La relación entre razón y pasión se ve reflejada en la metáfora del “amo y el escla­vo”: a la razón le compete el firme control de los “peligrosos impulsos emocio­nales”, o idealmente, la consecución de la armonía entre ambas (‘Solomo’), 1993). Esta metáfora contrapone al amo, es decir la razón y el control, frente al esclavo, es decir, la emoción relegada a la dependencia del cuerpo. Supone por lo tanto un reduccionismo, que descarga sobre los aspectos racionales todo el peso del control de estos procesos, infravalorando o eliminando las influencias de los compo­nentes ambientales y biológicos.

Este presupuesto implica, además, que el hombre es capaz cíe elegir sus accio­nes. Dicha metáfora determina dos características, ampliamente asumidas por la filosofía. que han permanecido casi inalteradas hasta nuestros días. Primero, la emoción representa un papel jerárquicamente inferior con relación a la razón (es más primitiva, menos inteligente, más animal y, por tanto, más peligrosa que la razón), por lo que debe ser controlada por la razón. Segundo, la distinción razón-emoción responde a la existencia de las distintas naturalezas que las com­ponen, dos facetas antagónicas del alma.

Otra importante y duradera contribución de la psicología de Platón fue su división de la mente o alma en los dominios cognitivo, apetitivo y rile./.71hV (la trilogía básica de la mente comenzó con Platón que dividió la mente –a la que llamó alma-razón, apetito y espíritu–). En la actualidad los clasificamos como cognición, motivación y emoción. Platón utiliza de nuevo una metáfora en la cual el aspecto racional es comparado con un auriga y los elementos afectivos con dos caballos. Un caballo es bueno (el aspecto afectivo), mientras que el otro es malo (el aspecto apetitiw). Debe hacerse notar que a partir de Platón la teoría racionalista ha aceptado los aspectos irracionales de la mente como una parte integral de la psicología raciona­lista. Lo racional y lo irracional son las dos caras necesarias de una MiStna moneda.

Para Aristóteles, al contrario que. Platón, las dos dimensiones del alma. racional e irracional, forman una unidad, y entiende que las emociones conllevan elementos racionales como creencias y expectativas; razón por la que es considerado un precursor de las teorías cognitivas de la emoción (Lazarus, 1993. Lyons, 1980, 1999). La inclusión de los elementos cogniti­vo-valorativos en Aristóteles aparece en su obra “La Retóri­ca”, al definir la ira como “una creencia de que hemos sido ofendidos, lo que nos produce tanto sentimientos dolorosos como un impulso o deseo de venganza”. Será Magda Amold en su obra “Emotion and Personality” (1960) quien hace mención expresa a la deuda que toda teoría cognitiva tiene con la versión clásica aristotélica.

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