La emoción

La Emoción es un proceso psicológico que nos prepara para adaptarnos y responder al entorno. Su función principal es la adaptación que es la clave para entender la máxima premisa de cualquier organismo vivo: la supervivencia.

Como tal proceso psicológico, no puede observarse directamente, sino que se deduce de sus efectos y consecuencias sobre el comportamiento. Su com­prensión nos lleva a explicar qué nos pasa cuando reaccionamos ante determi­nados estímulos, sean éstos externos o internos y por qué lo que hacemos.

La Emoción como proceso implica una serie de condiciones desenca­denantes (estímulos relevantes), diversos niveles de procesamiento cognitivo (procesos valorativos), cambios fisiológicos (activación), patrones expresivos y de comunicación (expresión emocional). Además, la Emoción tiene efectos moti­vadores y su función primordial es la adaptación del individuo a un entorno en continuo cambio.

Para la explicación de este proceso se ha originado una extraordinaria proliferación de modelos y planteamientos teóricos. Las distintas aportaciones proceden de la utilización de diferentes niveles de análisis: conductual, biológico y cognitivo. Por tanto, cada perspectiva se ha interesado por estudiar aspectos parciales, lo que ha dado origen a una terminología, metodología y principios explicativos propios. Las principales orientaciones atienden a los principios que las sustentan y al nivel de análisis predominante en cada una de ellas.

En la orientación conductual, la contribución de los psicólogos del aprendizaje ha sido decisiva en la Psicología de la Emoción, ya que en su seno se han desarrollado las conceptualizaciones fundamentales que basan el pro­ceso emocional en el propio proceso de aprendizaje. Las aportaciones más importantes se centran en el estudio del miedo y la ansiedad.

La orientación biológica tiene sus antecedentes en principios evolucio­nistas y fisiologistas. Los principios evolucionistas se contemplan, respecto a la emoción, en el estudio del componente expresivo del proceso emocional y el ele­mento clave relacionado con la fisiología es la activación.

El estudio de los sistemas cerebrales implicados en el procesamiento de la información emocional se lleva a cabo desde un área multidisciplinar de investigación reconocida como neurociencia afectiva, cuyo objetivo es delimitar los fenómenos emocionales, analizar los elementos diferenciados del proceso emocional y establecer los circuitos cerebrales asociados.

H) La amígdala es una de las estructuras cerebrales implicadas en el pro­cesamiento de la información emocional. Las contribuciones más significativas de la amígdala se han observado en los trabajos de investigación realizados en ratas sobre el condicionamiento de una respuesta de miedo.

1) Los estudios realizados en humanos confirman la participación de la amígdala en la adquisición del miedo condicionado y en los procesos de apren­dizaje emocional implicito. La amígdala desempeña también un papel relevante en la evaluación afectiva de estímulos relacionados con la amenaza y el peligro y actúa como un sistema muy rápido que nos alerta y nos permite responder de forma rápida y eficaz ante cualquier amenaza.

.1) Las emociones humanas son fruto de una acción más deliberada que, además del estado emocional inmediato de nuestro organismo, tiene en cuenta otros factores, como la situación externa, el conocimiento previo adquirido, el repertorio de conductas emocionales y sobre ledo nuestra habilidad para antici­par, hacer planes y tomar decisiones sobre nuestra conducta futura. Estos fac­tores tienen mucho que ver con nuestras capacidades cognitivas y. por tanto, con la participación de sistemas localizados en la corteza cerebral y más concreta­mente en las áreas que conforman la corteza prefrontal.

La disposición anatómica del córtex prefrontal, estrechamente conec­tado con regiones corticales de integración sensorial y con estructuras subcorti­cales emocionalmente relevantes, especialmente con la amígdala, ha llevado a suponer que determinados sectores del córtex prefrontal podrían ejercer un efecto modulador o inhibitorio sobre la actividad amigdalina. El córtex orbitofrontal y el córtex ventromedial son las regiones de la corteza prefrontal que están especialmente implicadas en la emoción.

La orientación cognitiva comparte la asunción de que la emoción es el resultado de los patrones subjetivos de evaluación de un antecedente o aconte­cimiento. La emoción, por tanto, será el resultado de los patrones evaluativos, fruto del procesamiento cognitivo de estímulos relevantes.

La comprensión global del proceso emocional debe hacerse desde la integración de los datos aportados por los diferentes niveles de análisis.

Las emociones son procesos psicológicos que nos prestan un valioso servicio, al hacer que nos ocupemos de lo que realmente es importante en nuestra vida. Como si fuera un sistema de alarma, nos señalan las cosas que son peligrosas o aversivas, y que por lo tanto debemos evitar, y las cosas que son agradables o apetitivas y a las que por lo tanto debemos acercarnos.

Pero las emociones pueden ser también consideradas como uno de los proce­sos psicológicos más complejos y difíciles de explicar. Así. en los inicios de la Psicología científica, William James en 1884 se preguntó: “¿Qué es una emoción?”. pregunta para la que. hoy tenemos cientos de contestaciones y, que como indicador de la complejidad de este proceso. ninguna de ellas es considerada como una definición aceptada y consensuada para la mayoría de los investigadores en el área (Ekman y Davidson. 1994; Oatley y jenkins, 1996). Ciertamente. “casi todo el mundo piensa que sabe lo qué. es una emoción. hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla” (Wenger, iones y hines.. 1962.  pág. 3).

Desde sus inicios, la psicología ha estado interesada por el estudio de la emoción, si bien este interés ha sufrido suertes muy diversas a lo largo de la historia de la psicología. Por un lado, la emoción hasta muy recientemente no ha formado parte de los grandes temas sobre los que se han focalizado los estudios psicológicos. tales como el aprendizaje, la atención, la percepción o la memoria. Por otro lado, la primacía del conductismo durante la primera mitad del siglo XX y los enfoques cognitivistas desarrollados durante la década de los setenta, influyeron en su marginación, bie.n por las connotaciones mentalistas que han acompañado al estudio de la emoción, en el caso del conductismo, o porque en el seno del cognitivismo se ignoraban las interferencias generadas por la emo­ción al emular el funcionamiento limpio de la inteligencia artificial. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos de estos otros procesos psicológicos, antes o después, de forma más directa o tangencial, han topado en sus trabajos con la emoción y a ellos les debemos muchas de las aportaciones que ha recibido la Psicología de. la Emoción que provienen del estudio de on-os campos de interés, y no solo de los estudios básicos que se han centrado exclusivamente en estos procesos.

Esta realidad ha propiciado que el estudio de la emoción se. haya realizado desde perspectivas y orientaciones dispares que han generado múltiples formas de entender y conceptualizar estos procesos. Así pues, podríamos calificar con “la metáfora de la torre de Babel” (Fernández-Abascal, 1995a) a las aportaciones de la psicología al estudio de la emoción, debido a la diversidad terminológica y con­ceptual en la que su estudio se encuentra inmerso.

Para hacer una primera aproximación al estudio de la Psicología de la Emoción, si realizamos una revisión de. la literatura científica. nos encontramos con cuatro elementos que, de forma consensuada, se consideran esenciales para entenderla.

El primero de estos elementos es la presencia en las emociones de cambios fisiológicos. Cada emoción parece tener su propio modo de reacción fisiológica, que puede incluir desde cambios en el sistema nervioso autónomo (como por ejemplo, el aumento en el ritmo del corazón. el enrojecimiento de la piel de la cara o el erizamiento del vello), cambios en el sistema nervioso central (activan­do o inhibiendo determinadas estructuras neuronales) y en la secreción hormonal (epinefrina y norepinefrina —adrenalina y noradrenalina—). En este contexto, hay cambios fisiológicos que tienen una relevancia adicional y son los que tienen lugar fundamentalmente en la cara. va que. además de formar parte de la experiencia emocional como el resto de los cambios, al ser manifiestos comunican a los demás nuestros estados emocionales (Cacioppo y Gardner, 1999; Ekman y Rosenberg, 1997; Levenson, Ekman, Heider y Friesen, 992).

Un segundo conjunto de variables es la denominada “tendencia a la acción” o afrontamiento, que incluye acciones tales como la agresión, la evitación, la curio­sidad o la adopción de una determinada postura corporal, lo que sugiere un tipo de respuesta concreta de afrontamiento. Una de las funciones principales de la emo­ción es precisamente el dar respuesta a las situaciones del entorno que nos son emocionalmente importantes, por ello todas las emociones incluyen una movili­zación de acciones encaminadas a resolverlas (Lazarus, 1991).

El tercer elemento, se asocia a la experiencia subjetiva de la emoción o senti­miento. Se refiere a lo que la gente experimenta cuando se sienten irritado, ansio­so u orgulloso (Vallerand y Blanchard, 2000). Se trata de las señales de aviso que las emociones hacen conscientes para reclamar nuestra atención. Este componente subjetivo de las emociones humanas es probablemente el más estudiado de todos, como una señal convincente de que la persona se enfrenta a un tipo de emoción particular (Smith, 1989).

Una cuarta aproximación, se refiere a la emoción como un sistema de análisis y procesamiento de información. Ortony, Core y Collins (1988) propusieron que las emociones se producen a través de procesos cognitivos y que, por lo tanto, van a depender de la interpretación que cada persona haga de las distintas situaciones. Se asume que las emociones ocurren debido a una valoración (posi­tiva o negativa) de ras situaciones y así, una misma situación puede provocar en distintas personas emociones diferentes. Además, algunas emociones como por ejemplo el asco, son menos cognitivas que otras como por ejemplo la vergüenza.

Aunque como hemos indicado existe un cierto consenso sobre estos cuatro componentes, la aquiescencia no es general. La “necesidad” de la aparición de cambios fisiológicos en todas las emociones, por ejemplo, parece plantear pro­blemas con la identificación de algunos cambios en las emociones (por ejemplo en la tristeza o el orgullo) e incluso pueden ser necesarias para admitir la posibi­lidad de que algunas emociones se caractericen por cambios fisiológicos, mientras que otras no (Lazarus, 1999). Además, aunque algunos autores sostienen que la tendencia a la acción es la parte central o núcleo de una emoción (por ejemplo, Frijda. 198(i), otros no le conceden mucho valor, e incluso hay quienes consideran innecesaria la identificación tic la tendencia de acción en todas las emociones (por ejemplo, Ortony, Clore y Collins, 1988). La tendencia de acción se puede ocultar o simplemente puede no ser particularmente evidente (por ejemplo, en el caso de la tristeza o la alegría), o puede ser limitada por reglas informales de comporta­miento social que consideran inapropiado un comportamiento en una situación determinada (Vallerand y Blanchard, 2000). También sobre la “experiencia sub­jetiva” parece haber algunas reservas por parte de algunos científicos sobre la vali­dez de los autoinformes que describen la experiencia emocional de la persona, va que hay circunstancias en las que puede ser severamente distorsionada. Y por últi­mo. respecto a la emoción como un sistema de análisis se ha cuestionado tantodonde se localiza éste (la emoción es pre o posicogniti va) y sobre el propio papel que juega la emoción (Fernández-Abascal y Martínez, 2008).

El desarrollo de este capítulo nos sirve de plataforma desde la que emprender el estudio de los diferentes contenidos de la asignatura de Psicología de la Emoción, En primer lugar trazaremos un recorrido muy breve por la heren­cia que la psicología actual ha recibido del pensamiento filosófico, la biología y concretamente el evolucionismo y la fisiología. Sus aportaciones han sido fun­damentales para la comprensión actual de la emoción. En segundo lugar nos acercaremos a la delimitación conceptual de la emoción y las dificultades para encontrar una definición consensuada debido a la profusión de modelos teóricos propuestos para explicar el proceso emocional.

Tal profusión se debe fundamentalmente a dos circuns­tancias. Por un lado, durante el desarrollo de la Psicología como ciencia, el concepto de emoción ha evolucionado para­lelamente a los paradigmas teóricos dominantes, por cuanto la interpretación de nuestro objeto de estudio se enmarca nece­sariamente en las coordenadas espacio-temporales en las que se gesta, en un intento por dar respuestas a las demandas sociales y científicas que en cada momento se plantean. Cada uno de los modelos teóricos propuestos a lo largo de la historia de la psicología explica e incluso predice considerablemente alguna dimensión de la emoción. Mandler (1979), señala que

en la Psicología de la Emoción se ha producido el fenómeno contrario al de otros procesos como el aprendizaje o la memoria, y es que, en lugar de aparecer las teo­rías como producto de la investigación experimental, los modelos teóricos han ido en la mayoría de las ocasiones por delante de las evidencias empíricas; e incluso, en ocasiones, alejados de la comprobación y el sustento empírico.

Por otro lado, las distintas aportaciones proceden de que se han utilizado diferentes niveles de análisis y, por tanto, cada perspectiva se ha interesado por estudiar aspectos parciales, lo que ha dado origen al desarrollo de su propia ter­minología, metodología y unos principios explicativos en los que se fundamentan. En nuestra exposición, lejos de dar cuenta de todas las teorías propuestas, sí haremos referencia a las principales perspectivas de estudio e identificaremos los conceptos más relevantes para el estudio de la emoción desde las orientaciones conductual, biológica y cognitiva.

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