La inestable pubertad

LA INESTABLE PUBERTAD

Esta etapa del desarrollo, que aproximadamente va de los 10 a los 14 años en las chicas y de los 12 a los 16 en los chicos, su­pone la maduración biológica, corporal, que culmina con la capacidad de ambos para engendrar. Esta «edad del pavo» se caracteriza por una hipersensibilidad psicológica: grandes cambios de ánimo y de criterio, inestabilidad emocional, rebeldía, ..sentimientos de incomprensión, rabietas, crisis de llanto que requieren por parte de los padres tacto, paciencia y saber hacer con esta conducta ondulante. Quieren ser más mayores de lo que realmente son, como si tuvieran prisa por crecer.

Las chicas también maduran antes en el plano sentimental, y esto es una constante en el mundo occidental.

La inestabilidad de ánimo es frecuente, con oscilaciones (van de la alegría a la tristeza, del entusiasmo enfervoriza­do a decepciones que tienen para ellos el sabor de grandes de­rrotas. Las pequeñas frustraciones del día a día son vividas de forma exagerada e incluso dramática, ya que todavía no han aprendido a valorar los hechos de forma moderada y ecuáni­me. La vida se experimenta con fuerza, con intensidad, de ahí esos vaivenes tan marcados. Es frecuente encontrar a una persona de esta edad llorando «sin saber por qué», como si to­mara el pulso a las grandes emociones en su rica diversidad.

En la pubertad se produce el despertar de la amistad, pero ya a niveles más profundos, en los que se intercambian viven­cias y cuestiones más íntimas. Tanto la amistad como el primer amor tienen frescura y lozanía. La afectividad está todavía pura, sin pulir. La sorpresa de saber que alguien se puede fijar en uno es importante y provoca tal efusión que, si las cosas no marchan como se desea, puede caer por una rampa deslizante y convertirse en lo contrario: desencanto, tristeza y desilusión al observar que lo que parecía tan fácil y sencillo se ha vuelto complicado y laberíntico. Los padres debemos adelantarnos y enseñarles qué es la vida sentimental, con ejemplos sencillos

aplicando una pedagogía que evite tanto la exposición como una información excesivamente dura para-ellos. Según sea la personalidad de cada hijo, deberemos utilizar distintos argumentos y matices.

En lo que se refiere a la sexualidad, es en la pubertad cuan­do adquiere gran importancia. El descubrimiento de la madu­ración corporal es una sorpresa a la que se asiste paulatina­mente, comprobando los cambios que se operan de forma sucesiva. En las niñas se desarrolla el pecho, aparecen el vello púbico y axilar y la primera menstruación (menarca) que sue­le convertirse en un secreto cómplice entre madre e hija, que casi siempre ha sido informada al respecto. Es fundamental que la madre sepa responder con claridad a las dudas de su hija y es frecuente que la relación con su mejor amiga cobre en esos momentos una mayor intensidad. También empieza a asomar la atracción hacia los chicos, así como el enamora­miento casi siempre idealizado.

En comparación con las niñas, los chicos son a estas edades más infantiles. Desde el punto de vista genital se advierte un alargamiento del pene y un desarrollo del escroto. El interés por la sexualidad se intensifica, pero el pudor sigue siendo muy marcado. La atracción por las personas del otro sexo va urgiendo poco a poco y también los enamoramientos, aunque un menos finura y psicología que en las niñas. Los chicos pre­fieren buscar la información sexual fuera de casa, con los compañeros del colegio. En muchas ocasiones esos datos pue­den estar distorsionados e incluso ser dados de manera poco afortunada o brusca, sin matices, lo que a la larga causa mu­cho daño. Por ello es conveniente que, una vez más, los padres se adelanten y expliquen las cosas como son, pero con un sentido amplio, completo, que vaya más allá de lo puramente sexual. Estas vivencias marcan la travesía biográfica, siempre irrepetible, y no se olvidan con el paso de los años. De ahí el especial cuidado que hay que poner para que éstas se experi­menten de forma sana y armónica. La información sexual de­berá ser cada vez más amplia y precisa.

En cuanto a la vertiente interpersonal, chicos y chicas descubren que pueden confiar en los amigos y contarles sus co­sas más íntimas. Esto tiene un enorme valor. Un ingrediente también importante del desarrollo interpersonal es el depor­te, ya que les ayuda a demostrarse a sí mismos su capacidad y su tenacidad, y a la vez les enseña a ganar y a perder. Con­tribuye igualmente a ampliar el círculo de conocidos, para que así puedan espigar de ahí y del grupo del colegio los verdaderos amigos. Por su parte, la música cobra significa­ción en esta etapa y resulta también un medio para relacio­narse y expresar afecto. El baile les proporciona un ámbito nuevo en el que expresar alegría.

La educación sexual debe seguir dos pautas: información y forma­ción. Información para exponer las características anatómicas y fisioló­gicas de cada sexo, el significado del acto sexual, etc. Y formación para explicar las características psicológicas de la sexualidad, en tanto que ve­hículo de la afectividad. Con ambas pautas se logra transmitir que la se­xualidad es un lenguaje cuyo idioma es el amor.

 

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Un comentario sobre “La inestable pubertad

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