Curiosidad, el comienzo de la salida de sí mismo… V

En concreto podemos identificar esa falta de curiosidad de diversos modos. El modo más común de identificarla es por la falta de impacto o de reacción frente a lo que el terapeuta dice. Por ejemplo, es muy común encontrar que en las personas que simplemente sienten necesidad de hablar que la interacción con el interlocutor es nula, las intervenciones de quien sirve de extremo del supuesto diálogo no modifican en nada o muy poco el monólogo que están llevando a cabo. Normalmente ese monólogo se comporta como un torrente que impertérrito sigue su curso, está muy lejos de ser la obra de dos, que es lo propio del diálogo verdadero. Puede ser útil en estos casos explicitar esa realidad de que no está habiendo diálogo, el terapeuta se puede tomar el trabajo de gravar y analizar toda la sesión para el paciente. Puede ser muy útil usar una sesión solamente para analizar ese aspecto haciendo escuchar al paciente su propio monólogo en una sesión pasada, entonces con mucho tacto, después de este análisis esclarecedor, se le puede preguntar si está realmente buscando en el terapeuta a alguien que le pueda ayudar o simplemente a alguien con quien desahogarse.

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