¿Qué contiene la personalidad?

 

Tras pasar revista a los principales ingredientes de la persona­lidad, conviene hacer un resumen para sintetizar tal selva de datos y conceptos. Así:

  1. Un conjunto de características y cualidades, en el que se dan cita vertientes morfológicas, fisiológicas, psicológicas, so­ciales y culturales.
  2. Este bloque de ingredientes tiene una nota esencial: la originalidad. Los rasgos principales configuran un estilo pro­pio, un sello particular y específico que define un modo de comportamiento.
  3. La integración entre los distintos elementos forma par­te de la buena estructura y articulación de la personalidad. Las personas demasiado extravertidas, habitualmente frías en sus sentimientos o, por el contrario, muy afectivas, no tienen una buena combinación de los mismos, produciéndose cierta des-compensación que, en algunos casos, puede ser la antesala de un desajuste o trastorno de la misma.
  4. En la personalidad hay zonas transparentes y territorios opacos, es decir, claros y oscuros. Existe una parcela exterior; que puede ser valorada objetivamente, y otra interior que se mueve en un plano más escondido.
  5. La personalidad no es una mera colección de procesos que se van sumando sin conexión entre sí. Antes al contrario, supone la asociación integrada de una serie de parcelas di­versas que dan lugar a un todo interrelacionado. Esta pers­pectiva integradora busca conocer qué es la personalidad (ver­dades universales sobre su conocimiento) y cómo funciona (verdades particulares de cada sujeto en concreto). Cada per­sonalidad es un producto singular; nunca puede entenderse como algo fabricado en serie.  La personalidad es la totalidad de elementos y estados psicológicos de un individuo. Supone integración de recursos, habilidades y estilos.
  6. El conocimiento de la personalidad nos permite, de alguna manera, predecir la conducta de un individuo en general y también en particular, ante una situación determinada. Algunas de las características son constantes, inmutables, sóli­das y sus dimensiones básicas inmodificables. Por eso ha­blamos de un conjunto de papeles que un ser humano en concreto es capaz de desempeñar, tanto el actual como el potencial. Los elementos permanentes de la personalidad conforman un sustrato que permite el reconocimiento de la misma a pesar de las modificaciones, las reformas o las transformaciones.
  7. La personalidad no es algo estático, sino dinámico. Se encuentra siempre en movimiento, como una realidad abierta, amplia, cambiante, que va recibiendo las influencias de todas y cada una de las vivencias del individuo, las cuales terminan configurando su perfil. Desde los «microtraumas» a los «ma­crotraumas», pasando por las experiencias positivas, todo se va depositando en la persona y dejando su huella. La conducta es el resultado de la relación de reciprocidad entre la forma de ser y el ambiente por el que uno circula.
  8. En la personalidad, como ya hemos dicho, confluyen los aspectos físico, psicológico, social y cultural. Éstos se com­plementan formando un entramado sencillo y complejo, único y diverso. Esta tetralogía de ingredientes principales no es sólo resultado de la herencia, ni tampoco un mero producto cultural ni el resultado de cierta elaboración social. Es eso y bastante más, todo conjugado: plasticidad, adaptación, reciprocidad de influjos… En pocas palabras, singularidád en la pluralidad.
  9. La personalidad sana es aquella que ha logrado un buen equilibrio entre sus distintos componentes, un grado de madurez suficiente en relación con la edad, lo que supone un buen conocimiento de uno mismo, la propia aceptación, el di­seño de un proyecto de vida y la capacidad de tener una conducta coherente, adaptada a la realidad, con metas y ob­jetivos realistas y concretos. Más adelante abordaremos con detalle esta difícil cuestión, así como la línea divisoria entre lo normal y lo patológico, que no resulta una frontera clara y precisa, sino borrosa y con perfiles desdibujados. Entre am­bas se establece un continuutn en el cual no suele ser fácil es­tablecer los criterios universales antes mencionados, pues las coordenadas sociales o culturales marcan tales distinciones. Los trastornos de la personalidad, de hecho, son formas anormales de ser que se manifiestan mediante conductas poco frecuentes, hostiles y que dañan a la comunidad familiar y social.
  10. Para finalizar, decir que hoy podemos hablar de la ciencia de la personalidad en un sentido estricto. Mientras que la filosofía y las ciencias humanas buscan la verdad, las ciencias físicas y naturales se aproximan al conocimiento de la realidad en términos de certeza. De esta diferencia se derivan cuatro dogmatismos:
  • El biologista, que ha llevado a la psiquiatría a una pos­tura radical, la quimiatría, según la cual todo depende de la bioquímica cerebral o general.
  • El psicologista, que defiende de forma absoluta que todo lo que se arremolina en torno a la personalidad sólo se debe a los muchos procesos psicológicos: desde la sen­sopercepción a la memoria, pasando por la inteligen­cia, la afectividad, la conciencia y un largo etcétera.
  • El sociologista, para el cual todo descansa sobre el prin­cipio primordial de que el ser humano es esencialmente social.
  •  El culturalista, que pone el acento en la enorme importancia del ámbio cultural.

Insisto en lo que antes ya he comentado: es conveniente  suscribirse a una posición ecléctica, capaz de conjugar y con­ciliar estos cuatro apartados en uno.

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2 comentarios sobre “¿Qué contiene la personalidad?

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