Historia de los trastornos del estado de ánimo.

Ya Homero en el VI canto dela Iliadaexpone la pena de Belofonte al sufrir la cólera y el abandono de los dioses, a la vez que ensalza las virtudes terapéuticas de mezclas de hierbas egipcíacas, «secreto de reinas», como el nepenthes que refrena los desequilibrios biliares. Corresponden, sin embargo, a Hi­pócrates las primeras referencias conceptuales y clínicas de la melancolía. En el Corpus hippocraticum se reconoce ya un ti­pos melancholicus inclinado a padecer este trastorno, de espe­cial incidencia en primavera y otoño, cuya causa es una pa­tología de los humores básicos y concretamente un exceso o alteración de la bilis negra. Fue Aristóteles el primero que dedicó un estudio monográfico a este problema. En el siglo 1, Areteo de Capadocia ofrece una de las mejores descripciones de la melancolía.

Enla Edad MediaAlejandro de Tralles (525-605) dedica a este trastorno unas excelentes páginas en su obra Doce libros sobre el arte médico, donde se observan tres formas etiológicas diferentes: exceso de sangre, sangre acre y biliosa, y bilis ne­gra. Este autor aprecia que, tal como ya había sido reflejado en otras descripciones más antiguas (Areteo), no siempre la tristeza y el temor son los síntomas característicos de estos pa­cientes, sino que en otras ocasiones prevalecen la hilaridad, la ira y la ansiedad, fenómenos, como vemos, cercanos a los estados maníacos.

Es casi innecesario subrayar que todo el cúmulo de trastor­nos que desde el siglo v a. de C. se engloban en el término de melancolía corresponden en realidad a una gran diversidad de estados morbosos. En el siglo xvii Thomas Willis (1621­1675) hace notar la sucesión de cuadros maníacos y melancó­licos en el mismo paciente, hecho ya destacarlo con anterio­ridad por Areteo y Alejandro de Tralles. Corresponden, sin embargo, a Burton (1577-1640) las páginas más brillantes de su época sobre el tema en su obra The Anatomy of Mdancholy, publicada en1621. Através de su experiencia personal como enfermo supo exponer con acierto las vivencias negativas de esta situación mórbida, a la vez que señaló los accesos de ale­gría desbordante que alternan con el estado depresivo.

La aportación probablemente más importante de la primera parte del siglo xviii corresponde a un español, Andrés Piquer (1711-1792), quien describió con suma precisión la enfermedad maníaco-depresiva del rey Fernando VI, hasta si muerte el 10 de agosto de 1758. En la segunda parte de ese siglo la figura más destacada fue Callen (1710-1790), el cual incluye enla Vesaniaedos géneros principales de depresión, I: manía y la melancolía.

Ya en los albores del siglo xix la obra de Pinel (1745-1826 destaca cuatro formas de enfermedades mentales: manía, melancolía, demencia e idiocia. En la misma línea, su discípuh Esquirol (1772-1840) incluye la melancolía, que él denomina lipemanía, entre las monomanías o locuras parciales, matizando y mejorando su visión conceptual. Esquirol afirma:

melancolía es un delirio parcial crónico sin fiebre determinada y mantenido por una pasión triste, debilitante o depresiva.

Sin embargo, hasta mediados del siglo xix no se efectúe la descripción específica de una locura circular sobre la base de los ya conocidos episodios de melancolía y manía. Falce (1794-1870) en 1851 habla de folie circulaire, mientras quu Baillarger (1809-1890) hace la exposición más precisa de cuadro, que él denominó folie á dooble forme, enla Real Academiade Medicina de París poco después que Falret publicara su trabajo.

Berrios (1988) ha señalado que el significado que se le dio a la melancolía y la manía clásicamente no guardaba estricta relación con su sentido actual: a) su significado no se establecía en términos polares opuestos; su definición estaba basada en análisis de conducta abierta (aumento o desenso de la motilidad, rabia, etc.), y los síntomas no eran definitorios del estado mental. Sin embargo, durante el siglo xix se producen importantes transformaciones de las viejas categorías de manía y melancolía, gracias a los profundos cambios que acontecen en la medicina de la época (desarrollo del punto de vista clínico anatómico e implantación del lenguaje descriptivo; el auge del asociacionismo y posibilidad de estudiar la funciones mentales separadamente según tres agrupaciones intelectual, emocional y volitiva; cambios taxonómicos que propician clasificaciones basadas en principios empíricos; Con estas perspectivas el concepto clásico de melancolía

perfilando su contenido, centrado en un trastorno primario de la afectividad, y el término depresión, que ya se encuentra en diccionarios médicos de 1860, va ganando adeptos porque evoca unas bases más fisiológicas.

  • En definitiva, los seis prin­cipios teóricos que sustentan el concepto de manía y depre­sión durante el siglo xix fueron:
    • a) trastornos primarios de la afectividad y no del intelecto o la volición;
    •  b) psicopatología estable;
    • c) representación cerebral;
    •  d) trastornos periódicos;
    •  e) trastornos genéticos en su origen, con tendencia a aparecer en sujetos con personalidades predispuestas, y
    • jr) trastornos endógenos en su naturaleza.

Tras las huellas de Griesinger y Kahlbatim, adheridos toda­vía a la teoría de la psicosis única, Emil Kraepelin (1856­1926) en Alemania expone en la 6′ edición de su tratado de psiquiatría (1899) la diferencia estricta entre la psicosis manía­co-depresiva (PMD) y la demencia precoz.La PMDse cons­tituye ya de forma definitiva como una categoría nosológica diferenciada.

  • En el largo periplo de la historia que transcurre desde Hipócrates hasta Kraepelin se fueron desgajando del tronco de la melancolía hipocrática varios y heterogéneos trastornos, como
    •  la confusión mental,
    • las futuras neurosis ob­sesivas,
    • el estupor catatónico,
    • los delirios crónicos de persecu­ción, etc.,
  • hasta llegar a dejar perfiladala PMD, hoy más co­nocida como trastorno bipolar.

Dentro de este siglo, Leonhard diferencia en 1957 las for­mas bipolares y las unipolares de la depresión. Autores más recientes, como Perris, Winokur y Angsr, han abundado en esta distinción abordándola desde varios puntos de vista (ge­néticos, clínicos, etc.). En el orden clínico Roth y otros miembros de la escuela de Newcastle, así como Kendell y Paykel, se han ocupado de este tuna, como veremos poste­riormente. Spielberger y, entre nosotros, López-Ibor Aliño han abordado el problema de las depresiones enmascaradas cuya importancia en el ámbito de la medicina general es in­dudable. Finalmente, las aportaciones de Schildkratit, Cop­pen y Van Praag, entre otros, sobre las hipótesis bioquímicas más actuales de la depresión, y Akiskal, Klerman, Klein, Kup­fer y Weissman en el ámbito americano completan cl panora­ma histórico hasta la actualidad.

Como ocurre con otros fenómenos psicopatológicos, el término depresión se utiliza en tres sentidos: síntoma, síndro­me y enfermedad.

  • Como síntoma puede acompañar a otros trastornos psíquicos, como los trastornos de angustia;
  • como síndrome agrupa unos procesos caracterizados por tristeza, inhibición, culpa, minusvalía y pérdida del impulso vital, y
  •  como enfermedad, desde la óptica del modelo médico, se observa como
    •  un trastorno de origen biológico
    • en el que pue­de delimitarse una
      • etiología,
      • una clínica,
      • un curso,
      • un pro­nóstico y
      • un tratamiento específico.

La escasa precisión de los términos y conceptos obliga a que en determinadas áreas (p. ej., estudios epidemiológicos) se distingan tres grupos de estados afectivos claros: síntomas depresivos (presentes in­cluso en población normal), depresiones unipolares (que en­globan endógenas y neuróticas) y trastornos bipolares (que hacen referencia ala PMD).

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3 comentarios sobre “Historia de los trastornos del estado de ánimo.

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  2. En el Canto VI de la Iliada es cierto que se menciona a Belofonte, mejor llamado Belerofonte, pero no dice nada de la pena de éste por sentir el abandono de los dioses. Tampoco menciona las plantas egipciacas, que es el título de la obra de Próspero Albino en la que se menciona el sésamo y sus propiedades terapéuticas en las afecciones dermatológicas producidas por un exceso de bilis negra. En las sucesivas ediciones del manual de psiquiatría de Vallejo Ruiloba se repiten estas citas poco exactas.

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