Una nueva migración. Análisis e interpretaciones.

El precario equilibrio que Marisa acababa de lograr fue seve¬ramente amenazado cuando se abrió para ella la perspectiva de una nueva migración. Fue cuando su marido obtuvo un contrato ven¬tajoso, que ofrecía posibilidades importantes para su futuro, pero en “otro país”.
Esta situación desencadenó nuevamente sus angustias en rela¬ción con su identidad y la vivencia de vacío ante la pérdida de los roles conocidos.
La perspectiva de la migración actuó como amenaza de desin¬tegración. Cuando había podido llegar a desempeñar más de un rol significativo simultáneamente, sin sentirlos excluyentes, es decir, con un esbozo de integración, la nueva situación la llevó a un in¬cremento intenso de sus mecanismos esquizoides con caracteres que amenazaban convertirla en catástrofe por reactivar sus migraciones previas.
La función del análisis en estas circunstancias fue la de apun¬talar la capacidad de funcionamiento de las identificaciones intro¬yectivas para evitar que se vaciara nuevamente por sus identifica¬ciones proyectivas. En otras palabras, llevarla a reintroyectar todas las partes propias proyectadas y dispersas, y poder reconocer como propias sus pertenencias y sus decisiones. Sólo entonces podrían verse las motivaciones de la decisión, que finalmente tomó, de acom¬pañar al marido e irse: tanto las motivaciones que implicaban la actuación de mecanismos maníacos, como las que contenían una tendencia reparatoria.
Afrontar la migración entrañaba afrontar la pérdida simul¬tánea de numerosos objetos, vínculos, ámbito familiar e idioma, y ser capaz de una flexibilidad y estabilidad suficientes cono para desarrollar la vida cotidiana en el otro país.
Es decir, implicaba la necesidad de elaborar un duelo por pér¬didas múltiples y recuperar las cargas libidinales de objeto necesa¬rias para establecer vínculos nuevos.
El tema del contrato y de la eventual separación que traería aparejada fue surgiendo en el análisis, al principio como mera fan¬tasía, luego como un proyecto con dudosas posibilidades de reali¬zación, hasta que se convirtió en una situación real en la que Marisa se sintió, de pronto, instalada.
Durante este desarrollo surgieron y fueron analizadas, sucesi¬vamente, una serie de situaciones. En primer lugar recrudeció la rivalidad con el marido; según ella, ahora que había retomado sus estudios con regularidad y en forma exitosa, él no se lo toleraba y pretendía acelerar su propia carrera y, más aún, obtener un contrato muy codiciado y de alto grado de exigencia.
En otro plano, sin embargo, el marido era ella misma que no se toleraba los recientes éxitos y buscaba un medio de fugarse de las crecientes responsabilidades que los logros traían aparejadas: como, por ejemplo, cuando decía “ahora que puedo estudiar, estoy obligada a recibirme”.
En la transferencia, significaba escapar de tener que enfren¬tarse con la fantasía de haberme despojado de todo lo valioso que me atribuía y verse expuesta al castigo y la retaliación. Por otra parte, se pudo ver también que era un intento de independiza¬ción violenta del padre demostrándole que no lo necesitaba, al mis¬mo tiempo que se sometía a sus mandatos porque iría a vivir al país correspondiente al colegio al cual él la había enviado de niña. Simultáneamente con ese deseo de independizarse, no toleraba que la hermana quedara en casa porque “ocuparía su lugar” y la des¬plazaría totalmente.
Esto ilustra también un aspecto de sus dificultades con su iden¬tidad: no podía asumir totalmente ningún rol porque creía que automáticamente perdía todos los anteriores, perdía su propia con¬tinuidad en el tiempo (vínculos de integración social y temporal) .
En un nivel más regresivo sentía que no podía dejar el pecho sin correr el riesgo de perder totalmente a su madre, porque la her¬mana quedaba “en la barriga”.
Luego de las primeras sesiones en que se vio el impacto cau¬sado por la obtención del con trato y la certeza del viaje, con la vivencia de pérdida del rol en la familia y su lugar en el análisis, miedo a la confusión y fantasías de muerte, en que sería matada y reemplazada por la hermana, intentó rearmar sus defensas. Hizo una verdadera “fuga a la realidad” durante algunas semanas: des¬plegó gran actividad, organizó planes para el futuro, estudió inten¬samente y logró rendir un examen satisfactoriamente.
Pero en una sesión, después de haber llegado a un punto en que todo parecía responder a sus necesidades de reaseguramiento, ha¬biendo podido elegir entre los lugares posibles de destino uno “que no fuera muy frío”, intercaló: “¿Sabe que a mi partero se le murió una paciente?”
De ahí en más reaparecieron sus angustias con toda intensidad y la perspectiva de separación fantaseada como castración, como des¬tete y como nacimiento, pero siempre involucrando peligro de muer¬te: la migración sería un “nacimiento catastrófico”.

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