¿POR QUÉ LAS MUJERES NECESITAN HABLAR?. Resolver conflictos para las mujeres es hablarlos.

Los cerebros masculinos están extremadamente clasificados y poseen gran capacidad para separar y almacenar información. Al final de un día en el que se han producido numerosas incidencias, el cerebro mas­culino puede archivarlas todas. Sin embargo, el femenino no es capaz de almacenar información de esta forma, por lo que los problemas se­guirán rondando por su cabeza.

Los hombres pueden ordenar sus problemas
mentalmente y archivarlos.
Las mujeres no hacen más que darles vueltas y vueltas.

La única forma que una mujer tiene de liberarse de sus problemas es hablar sobre ellos. Por esta razón, cuando una mujer habla sobre los problemas del día, su propósito no es encontrar soluciones o llegar a conclusiones, sino deshacerse de ellos.

LA CONEXIÓN EMOCIONAL

La científica Elizabeth Hanson de la Universidad de Ontario llevó a cabo un estudio sobre la conducta de las mujeres y los niveles de estrógeno. Hanson descubrió que, cuando el cuerpo de la mujer pre­sentaba bajos niveles de testosterona, su habilidad espacial disminuía, mientras que los altos niveles de estrógeno resaltaban su articulación verbal y su capacidad motora. Este hecho podría explicar por qué du­rante el ciclo menstrual, cuando hay presentes altas cantidades de es­trógeno, las mujeres suelen estar más silenciosas y pronuncian articu­lando perfectamente. Por el contrario, en los días en que presentan altos niveles de testosterona, hablan de forma más confusa, pero mejo­ran sus capacidades espaciales. Así, la mujer no atacará con palabras humillantes a su pareja, pero seguro que acertará al lanzarle una sar­tén desde unos 20 metros.

A LAS MUJERES LES ENCANTA HABLAR

Cuando las mujeres se reúnen para ver una película que transmiten por televisión, en general hablan simultáneamente sobre infinidad de temas que incluyen a los hijos, los hombres, su profesión y lo que pasa en sus vidas. Cuando se trata de grupos mixtos, a los hombres se les acaba la paciencia y piden a las mujeres que se callen. Ellos, o ven la televisión o hablan, pero no pueden hacer ambas cosas a la vez (y no entienden cómo lo pueden hacer las mujeres). Además, las mujeres creen que el objetivo de reunirse es pasarlo bien juntos y reforzar sus relaciones, en vez de sentarse como pasmarotes enfrente del televisor.

Cuando hay anuncios publicitarios, el hombre le suele pedir a la mujer que le resuma las relaciones entre los protagonistas. El pobre es incapaz de leer las sutiles señales corporales que revelan el estado emo­cional de éstos. Las mujeres, al haber pasado tantos días con otras mu­jeres y con sus hijos en un grupo en el pasado, han desarrollado la habilidad para comunicarse y mantener relaciones. Para una mujer hablar tiene un objetivo muy claro: crear nuevas relaciones y hacer amigos. Para los hombres, hablar consiste en relacionar hechos.

«…y entonces  Jasmine le cuenta a Katie lo que Alex estaba haciendo,
pero ella no sabía que Maree ya lo sabía porque Lyndall había oído
rumores de Melissa y entonces se lo había dicho a Adam y,
claro, Sam creía que…»

Los hombres contemplan el teléfono como una herramienta de comunicación que permite exponer hechos e información a otras perso­nas, pero para una mujer es un instrumento para mantener el contacto y reforzar las relaciones. Una mujer puede pasar dos semanas de vaca­ciones con una amiga y, cuando vuelve a casa, lo primero que hace es llamarla y pasarse dos horas hablando por teléfono.

No existen evidencias de que los condicionantes sociales, por ejem­plo el hecho de que la madre hable más a la niñas que a los niños, constituyan la causa de que las niñas sean más habladoras. El psiquia­tra Michael Lewis, autor de Social Behaviour and Language Acquisition, llevó a cabo experimentos que demostraron que las madres hablaban y miraban a los bebés que eran niñas más que a los niños. Existen pruebas científicas de que los padres son sensibles a las estructuras cerebrales de los pequeños según sus reacciones. De esta forma, las madres les hablan más a las niñas puesto que, debido a su mejor pre­paración cerebral para recibir y enviar señales verbales, obtienen una respuesta más positiva que cuando hablan a sus hijos.

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