Diferencias hombre-mujer. Las diferencias en la percepción sensorial y sus consecuencias comportamentales.

Por Allan y Barbara Pease

La fiesta estaba muy animada cuando John y Sue llegaron. Una vez dentro, Sue miró a John a los ojos y, casi sin mover los labios, le dijo: «mira a esa pareja al lado de la ventana…» John se giró para mirar. «¡No mires! —le susurró ella— ¡Desde luego, eres malo disimulando…!». Sue era incapaz de entender que John se hubiese girado de esa forma tan indiscreta y él no podía entender que ella pudiese ver a la gente de la sala sin tenerse que girar.

En este capítulo exploraremos y estudiaremos las diferencias en la percepción sensorial entre ambos sexos y las implicaciones que ello acarrea en las relaciones de pareja.

LAS MUJERES SON COMO UN RADAR RECEPTOR

Para una mujer resulta evidente cúando otra está preocupada o se siente herida, mientras que un hombre normalmente necesita evidencias físi­cas, como lágrimas, un ataque de nervios o una bofetada en la cara, para poder intuir que algo va mal. Esto se debe a que las mujeres, como la mayoría de las hembras de los mamíferos, están equipadas con unos aparatos sensoriales mucho más refinados que los hombres. En su papel de procreadoras y protectoras de los bebés, las hembras han de percibir los cambios de carácter y de actitud en los demás. Lo que comúnmente se denomina «intuición femenina» es la aguda apre­ciación de los pequeños detalles y cambios en la apariencia o en la conducta de los demás. Es algo que a lo largo de la historia ha descon­certado a los hombres que, cuando intentan esconder algo, siempre son descubiertos.

Un asistente a nuestros cursos explicó que era increíble la vista que llegaba a tener su mujer para descubrir algo que intentaba esconder, pero que esta increíble facultad parecía abandonarla completamente cuando intentaba aparcar el coche en el garaje. Esto se debe a que la habilidad para estimar la distancia entre el parachoques y la pared del garaje mientras se está aparcando es una facultad espacial que se encuentra localizada en la parte delantera del hemisferio derecho del cerebro y que parece no estar muy desarrollada en la mayoría de muje­res. En el capítulo quinto se tratará este tema con mayor detenimiento.

«Mi mujer es capaz de verme un pelo rubio en el abrigo
a 50 metros, pero siempre choca contra la puerta del garaje
cuando aparca el coche».

Como defensoras del hogar, las hembras necesitaban garantizar la supervivencia de su familia y, para ello, debían ser capaces de percibir las pequeñas modificaciones en la conducta de sus retoños, así como cualquier indicio de dolor, hambre, herida, agresión o depresión. Los machos, en su tarea de buscadores de alimento, nunca pasaban dema­siado tiempo en la cueva para aprender a leer las señales corporales o las formas de comunicación interpersonal. Ruben Gur, profesor de neuropsicología en la Universidad de Pennsylvania, empleaba los re­sultados de escáners cerebrales para demostrar que cuando el cerebro de un hombre está descansando, al menos el 70% de su actividad eléc­trica está inactiva. Los escáners de los cerebros femeninos confirmaron que las mujeres reciben y analizan constantemente información de su alrededor. Una mujer sabe todo acerca de sus hijos: conoce a todos sus amigos, sabe cuáles son sus sueños, sus romances, sus temores más ocultos, lo que están pensando, cómo se sienten y lo que están tra­mando. Los hombres apenas se dan cuenta de que hay unas personas bajitas que también viven en la casa.

TODO ESTÁ EN LOS OJOS

El ojo es una extensión del cerebro situada fuera del cráneo. La retina, situada en la parte posterior del globo ocular, contiene unos 130 millo­nes de células cilíndricas llamadas fotorreceptores que detectan el blanco y el negro y unos siete millones de células cónicas encargadas de la detección del resto de colores. El cromosoma X suministra estas células detectoras de colores. Las mujeres cuentan con dos cromo-somas X por lo que poseen más variedad de células cónicas que los hombres. Esta diferencia se puede comprobar fácilmente, puesto que las mujeres describen los colores con mayor detalle y hablan de tonos hueso, escarlata, bermellón o cobrizo mientras que los hombres se sue­len limitar a colores como blanco, rojo o marrón para referirse al mis­mo objeto.

El ojo humano se caracteriza por poseer mayor espacio blanco en el globo ocular que el resto de primates. De esta forma, tanto el movi­miento del ojo como la dirección de la mirada resultan más visibles al interlocutor y, por lo tanto, se facilita la comunicación cara a cara. Los ojos de la mujer presentan mayor superficie blanca que los hombres, ya que la comunicación personal es una parte esencial de las relacio­nes femeninas y, gracias a este hecho, envían y reciben mayor número de señales oculares al poder descifrar con mayor precisión la direc­ción de la mirada.

Este tipo de comunicación dista de ser fundamental en la mayoría de las especies animales. De ahí que no posean casi superficie blanca o carezcan de ella por completo, puesto que se comunican casi exclusi­vamente a través del lenguaje corporal.

¿TIENEN LAS MUJERES OJOS EN LA NUCA?

No exactamente, pero casi. Además de contar con mayor número de células cónicas en la retina, también poseen una visión periférica más amplia que los hombres. Debido a la tarea que debía realizar como protectora del hogar familiar, la estructura cerebral de la mujer le permi­tía un ángulo de visión clara de al menos 45° por cada lado y por enci­ma y por debajo de la nariz. Se puede afirmar que efectivamente, mu­chas mujeres disfrutan de una visión periférica de casi 180°.

Los ojos del hombre suelen ser más grandes y su cerebro los ha configurado para un tipo de «visión túnel» a larga distancia por lo que puede visualizar precisa y claramente todo cuanto está enfrente suyo, aunque esté muy retirado, cual par de binóculos. En su tarea de caza­dor, el hombre necesitaba un tipo de visión que le permitiese identifi­car un blanco a gran distancia y perseguirlo con la vista.

¿POR QUÉ LAS MUJERES TIENEN TANTA VISTA?

Las mujeres tienen mayor visión periférica
mientras que los hombres han perfeccionado la visión cilíndrica.

El hombre anuló casi por completo su visión periférica para evitar distraerse y poder concentrarse en perseguir con la mirada únicamente a sus presas. Por el contrario, la mujer necesitaba un amplio ángulo de visión para controlar que ningún depredador acechase la cueva. De ahí que los hombres de hoy en día sepan llegar sin ninguna dificultad a un bar que está a kilómetros, pero no puedan encontrar nada en las neveras, los cajones y los armarios de la cocina.

Figura 1. El ángulo de visión de los ojos masculinos y femeninos

Las estadísticas demuestran que en 1997 sólo en el Reino Unido se atropelló a 3.952 niños, de entre los cuales 2.460 eran niños y 1.492 eran niñas. En Australia la cifra de niños víctimas de accidentes dobla a la de las niñas. La causa se encuentra en la combinación del mayor riesgo que los niños corren al cruzar carreteras junto con su disminui­da vista periférica, lo que provoca inevitablemente un aumento en el índice de víctimas varones en los accidentes.

Billones de fotones de luz, equivalentes a 100 megabytes de informa­ción contenida en un ordenador, entran en la retina del ojo cada segundo. Se trata de demasiada información que el cerebro debe pro-cesar y, por ello, sólo asimila los datos necesarios para la supervivencia. Por ejemplo, una vez que el cerebro recoge información sobre los dife­rentes colores del cielo, selecciona únicamente lo importante, en este caso, el color azul. Nuestro cerebro estrecha nuestra visión para que nos podamos concentrar en aspectos específicos. Si estamos buscando una aguja en la alfombra, centraremos nuestro campo de visión para conseguir nuestro propósito. El cerebro del hombre, habiendo esta-do estructurado para la caza, ha desarrollado un campo de visión más limitado. En cambio, el cerebro de la mujer procesa información que pertenece a un campo de visión más amplio debido a las tareas que solía realizar como defensora del hogar.

LA MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE LA MANTEQUILLA

Todas y cada una de las mujeres del mundo se ha visto protagonizan-do la siguiente conversación con un hombre plantado enfrente de la nevera.

David: «¿Dónde está la mantequilla?»

Jan: «Pues en la nevera.»

David: «Ya he mirado, pero no veo la mantequilla por nin­gún lado.»

Jan: «Pues mira bien porque está ahí. La he dejado hace diez minutos.»

David: «No. La habrás dejado en otro sitio porque te repito que la mantequilla no está en la nevera.»

Jan se levanta cansada de discutir, va a la cocina, alarga el brazo hasta la nevera y, por arte de magia, saca una barra de mantequilla. Muchos hombres inexpertos creen que se trata de un truco y acusan a sus mujeres de esconderles las cosas en los cajones y los armarios. Los calcetines, los zapatos, los calzoncillos, la mermelada, la mantequilla, las llaves del coche, la cartera… todo está en casa, pero ellos son inca-paces de verlo. Las mujeres no tienen ningún problema porque, con su amplio ángulo de visión, de un vistazo perciben todos los alimentos de la nevera o los objetos de un cajón sin tener que mover la cabeza. Los hombres tienen que mover la cabeza de arriba abajo y de lado a lado, concentrándose en la búsqueda de los objetos «desaparecidos».

Estas diferencias de visión tienen implicaciones importantes en nues­tras vidas. A modo de ejemplo, las estadísticas de las compañías asegura-doras de automóviles demuestran que las mujeres tienen menos proba­bilidades de recibir golpes laterales en un accidente provocado en un cruce que los hombres. El tener mayor visión periférica les permite detectar que los coches se están acercando por su lado. Sin embargo, es cierto que tienen mayor probabilidad de chocar por la parte trasera o la delantera en su intento de aparcar en línea porque al realizar las manio­bras tienen que poner a prueba sus habilidades espaciales.

«Goldie, no podemos seguir así… !Algún día Sam se quitará las anteojeras!»

Sin duda, la vida de una mujer será menos estresante cuando en-tienda los problemas que los hombres tienen para ver las cosas de cer­ca. También resultará menos estresante para un hombre creer a la mujer cuando le dice: «ÍEstá en el armario!» y continuar su búsqueda.

LOS HOMBRES Y SU ADMIRACIÓN POR EL CUERPO FEMENINO

Al estar dotadas de mayor visión periférica, a las mujeres casi nunca se las pilla infraganti admirando el cuerpo de un hombre.

Casi todos los hombres han sido acusados alguna vez de comerse con los ojos al sexo opuesto, pero pocas mujeres han recibido la misma queja por parte de un hombre. Los investigadores de cuestiones sexuales han informado de que las mujeres admiran el cuerpo masculino tanto, o incluso a veces más, como los hombres el cuerpo femenino. Sin embargo, gracias a su amplia visión periférica, casi nunca se las pilla con las manos en la masa.

VER PARA CREER

Mucha gente afirma no creer algo hasta que no lo hayan visto con sus propios ojos, pero ¿podemos confiar en nuestra visión? Millones de personas creen en ovnis a pesar de que el 92% de estas observaciones se han realizado en remotas áreas rurales los sábados por la noche al-rededor de las 11 (curiosamente la hora en la que cierran los pubs en los países de cultura anglosajona). Nunca se ha oído de un presidente que haya visto un ovni, ni de que hayan aterrizado en un campus universitario, en un laboratorio de investigación estatal o en la Casa Blanca. Tampoco suelen aterrizar cuando hace mal tiempo.

El investigador Edward Boring diseñó la ilustración que se presen­ta a continuación para demostrar que los hombres y las mujeres perci­ben un mismo dibujo de forma diferente. Las mujeres suelen ver una vieja con la barbilla agachada y escondida entre el abrigo de piel, mien­tras que los hombres suelen ver el perfil izquierdo de una joven que mira hacia el otro lado.

La figura numero 2 es otra ilustración que demuestra que la vista puede engañar.

Figura 2. ¿Qué es lo que ve?


Figura 3

La figura número 3 engaña al cerebro para que crea que la distan­cia del lado opuesto de la mesa es mayor a la distancia del lado más próximo. Las mujeres suelen encontrarlo divertido, pero los hombres suelen pedir pruebas e incluso miden la distancia con regla.

POR QUÉ SERÍA MEJOR QUE LOS HOMBRES CONDUJESEN DE NOCHE

Una mujer puede ver mejor en la oscuridad que un hombre, sobre todo las diferentes tonalidades de rojo oscuro, pero un hombre tiene más perfeccionada la visión a larga distancia de terrenos estrechos, por lo que es más conveniente (y también más seguro) que un hombre conduzca por la noche que una mujer. El hombre, además, está dota-do de una habilidad espacial localizada en el hemisferio derecho del cerebro, que le permite separar e identificar el movimiento de otros vehículos que se encuentran delante o detrás en la misma carretera. Muchas mujeres han aportado testimonios sobre lo que parece ser una especie de ceguera nocturna: la incapacidad de distinguir a qué lado de la carretera se están acercando los coches. Los hombres, desde la antigüedad, han preparado su visión para este ejercicio y por eso siguen manteniendo la habilidad. A partir de estos datos, sería sen­sato concluir que si se trata de un viaje largo, sería mejor que la mujer condujese de día y el hombre de noche, puesto que las mujeres sólo pueden percibir más detalles en la oscuridad a corta distancia.

En los viajes largos, sería más sensato que los hombres
condujesen de noche y las mujeres de día.

Los hombres suelen padecer más de vista cansada porque sus ojos están configurados para largas distancias y deben reajustarse constan­temente para mirar la pantalla del ordenador o para leer el periódico. Los ojos de la mujer son más apropiados para realizar actividades a corta distancia, permitiéndole concentrarse más y mayor tiempo en los detalles. Además su cerebro está estructurado para coordinar deli­cados movimientos en un área pequeña, lo que significa que las muje­res en general, tienen una capacidad excepcional para enhebrar una aguja o para leer al detalle en la pantalla del ordenador.

POR QUÉ LAS MUJERES TIENEN UN SEXTO SENTIDO

Durante siglos se quemó a las mujeres en la hoguera por poseer «po­deres sobrenaturales» entre los que se incluían la habilidad para prede­cir el destino de una pareja, para descubrir a mentirosos, para comuni­carse con los animales y descubrir la verdad.

En 1978 llevamos a cabo un experimento para un programa de te­levisión que destacó la capacidad de las mujeres para descifrar las señales corporales que hacían los bebés. En el departamento de maternidad de un hospital, proyectamos una selección de cortos de diez segundos de duración de bebés llorando y les pedimos a las madres que viesen los vídeos sin sonido para que sólo pudiesen examinar la información visual.

La mayoría detectaron con rapidez una amplia gama de sensaciones que iban desde el hambre y el dolor por gases y cansancio. Cuando rea­lizamos la misma prueba con los padres, el número de aciertos fue lamentable. Menos del 10% de los padres supieron reconocer más de dos sensaciones e, incluso los que acertaron, parecían decir las respuestas al azar. Muchos padres anunciaban de forma triunfal, «lo que le pasa al bebé es que quiere ir con su madre». Los hombres tampoco quedaron en buen lugar cuando se trataba de reconocer el llanto de los bebés. Decidimos realizar la prueba también con los abuelos para asegurarnos de que el factor edad no influía en los resultados. Los aciertos de la mayoría de las abuelas se situaban entre el 50 y el 70 por ciento mientras que muchos de los abuelos ni siquiera sabían reconocer a sus nietos.

Cuando llevamos a cabo el experimento con gemelos, descubrimos que la mayoría de los abuelos no sabían distinguir a cada uno de los niños por separado, mientras que los miembros femeninos de la fami­lia acertaban mucho más. Las películas en las que vemos a gemelos que engañan a otros por amor o por dinero en la realidad sólo serían posi­bles si fuesen gemelas. A los hombres se les puede engañar más fácil-mente. Ocultamos una cámara en una sala en la que había 50 parejas. En general las mujeres que entraron en la sala en menos de 10 minu­tos habían averiguado la relación entre cada una de las parejas de la habitación. Cuando una mujer entra en una sala, su extrema capaci­dad sensorial le permite identificar casi instantáneamente las parejas que se llevan bien, aquéllas que han tenido una discusión, quién está intentando algo con otra persona o quiénes son las mujeres com­petitivas y quiénes son las simpáticas. Sin embargo, en el caso de los hombres, las cámaras relataron una historia bastante divergente. Los hombres analizaban la sala buscando las entradas y las salidas (su antigua estructura mental les obliga a examinar por dónde podrían ser atacados y las posibles vías escapatorias). Posteriormente, busca caras que le resulten familiares o posibles enemigos y, a continuación, exa­mina la distribución de la sala. Su mente lógica analizará todo lo que esté roto y necesite repararse como alguna ventana rota o una bombilla fundida. Para entonces, la mujer ya habrá analizado cada una de las caras de la sala y sabrá quién es quién y cuáles son sus sentimientos.

POR QUÉ NO SE LE PUEDE MENTIR A UNA MUJER

Nuestra investigación del lenguaje corporal reveló que en la comuni­cación cara a cara, las señales no verbales eran responsables de entre 50 por ciento al 60 por ciento del efecto del mensaje mientras que los sonidos vocales sólo registraron de un 20 por ciento a un 30 por ciento. Del 7 por ciento al 10 por ciento restante se debe a las palabras. El óptimo equipo sensor de la mujer detecta y analiza la información y, gracias a la extrema rapidez de su cerebro para transmitir información de un hemisferio a otro, es mucho más hábil para integrar y descifrar señales verbales, visuales y de cualquier otro tipo.

La mujer: un radar detector andante

Esta es la razón de que muchos hombres tengan dificultades para engañar a sus mujeres cara a cara, pero el caso contrario, como saben la mayoría de mujeres es bastante fácil, ya que el hombre carece de la sensibilidad necesaria para detectar incongruencias entre su mensaje verbal y corporal. Una mujer no debe temer que la descubran cuando finge un orgasmo. Sin embargo, si un hombre le miente a una mujer, resulta mucho más seguro que lo haga por teléfono, por carta o con las luces apagadas y con una manta por encima de la cabeza.

SOMOS TODO OÍDOS

El oído externo de los humanos primitivos era muy similar al de los perros, gatos y caballos. El oído de un perro es capaz de percibir soni­dos ultrasónicos inapreciables para el ser humano. Hay estudios que demuestran que el oído canino puede detectar hasta 50.000 v.p.s. (vi­braciones por segundo) y en algunos casos la cifra puede ascender a las 100.000 v.p.s. Un bebé humano puede detectar hasta 30.000 v.p.s. pero esta capacidad disminuye en su edad adolescente hasta las 20.000 v.p.s. y a las escasas 12.000 v.p.s. cuando alcanza la edad de 60. Las cadenas musicales de alta fidelidad funcionan con 25.000 vp.s., lo que demues­tra que comprar una cadena musical de esas características a sus abue­los sería tirar el dinero.

Oído externo canino

Oído externo humano

En el pabellón auditivo humano todavía se encuentran vestigios de nueve músculos y alrededor del 20% de los seres humanos todavía son capaces de utilizar estos músculos logrando pequeños movimientos. Parece ser que nuestro oído externo fue evolucionando hacia la rigidez. Antes solía girar la cabeza hacia el lugar de donde provenía el sonido y la punta del pabellón auditivo se doblaba hacia abajo para atenuar el sonido retumbante. Charles Darwin identificó una pequeña zona dentro de la parte superior doblada del pabellón auditivo como un vestigio de lo que un día fueron las orejas puntiagu­das del ser humano y por eso lo llamó la «punta de Darwin».

ELLA TAMBIÉN TIENE MEJOR OÍDO

Las mujeres tienen más oído que los hombres y también muestran mayor capacidad para distinguir sonidos agudos. El cerebro de una mujer está programado para oír el llanto de un bebé en la noche, mien­tras que un hombre puede perfectamente no oírlo y dormir plácida-mente. Si un gatito está maullando a lo lejos, la mujer será la primera en oírle, pero no sabrá cómo llegar a él. Sin embargo, el hombre, gra­cias a su gran sentido espacial y orientativo, le podrá decir exactamen­te dónde está el gatito.

Un grifo que gotea puede volver loca a una mujer,
mientras un hombre duerme plácidamente.

Con sólo una semana, una recién nacida (a diferencia de un recién nacido) puede, distinguir de entre todos los sonidos de una sala, la voz de su madre y el llanto de otro bebé. El cerebro femenino tiene la capacidad de discernir los sonidos y clasificarlos por categorías. Por eso, una mujer es capaz de escuchar a una persona con la que mantiene una conversación cara a cara mientras oye otra conversación. Eso tam­bién explica las dificultades que tienen los hombres para escuchar una conversación con el ruido del televisor o de los cacharros de la cocina de fondo. Si suena el teléfono, antes de descolgar, un hombre pedirá al resto de la gente que hable en voz baja, reducirá el volumen de la música y apagará el televisor, mientras que una mujer descolgará el teléfono directamente.

Las mujeres tienen mayor sensibilidad para diferenciar las tonalidades en el volumen de la voz por lo que pueden oír los cambios emociona-les en niños y adultos. Por consiguiente, las probabilidades demues­tran que hay ocho mujeres que saben cantar afinando, por cada hom­bre que muestra la misma aptitud musical. Esto explicaría la típica frase que pronuncian las mujeres cuando discuten con hombres «No me hables en ese tono de voz». La mayoría de hombres no tienen ni idea de qué están hablando.

Los experimentos llevados a cabo con bebés revelan que las niñas son el doble de, sensibles a los sonidos agudos que los niños. En este hecho podríamos encontrar la explicación a que las niñas se tranquili­cen mucho más que los niños con cuchicheos agudos o a que las ma­dres intuitivamente canten más nanas a las niñas y hablen más a los niños. La gran capacidad auditiva de la mujer contribuye, en gran medida, a lo que comúnmente ha sido denominado «intuición feme­nina» y también puede ser la respuesta a la facultad que poseen las mujeres para leer las conversaciones entre líneas. Sin embargo, los hom­bres no tienen por qué desesperarse puesto que tienen una gran facili­dad para identificar e imitar los sonidos animales, lo que fue muy útil en el pasado, aunque desgraciadamente no parece tener tanta utilidad hoy en día.

LOS HOMBRES SE ORIENTAN POR EL OÍDO

Las mujeres tienen más capacidad para distinguir los sonidos, pero los hombres pueden señalar directamente de dónde vienen. Esta habili­dad, junto con su capacidad para identificar e imitar los sonidos ani­males, le convertía en un eficiente cazador. Pero, ¿cómo se transforma el sonido en un mapa en el cerebro?

El Profesor Masakazu Konishi, del Instituto de Tecnología de California, encontró respuestas a esta pregunta realizando un estudio con lechuzas, unos animales que poseen una extraordinaria capacidad para detectar de dónde procede un sonido. Cuando oyen un sonido, giran la cabeza hacia la dirección de donde surge. Konishi descubrió que las lechuzas poseían un grupo de células en la zona auditiva del cerebro que trazaban un mapa exacto de la proveniencia del sonido. Cuando los altavoces emitían el mismo sonido a cada uno de los oídos de la lechuza a una velocidad diferente (a 200 millonésimas de segun-do) el cerebro era capaz de diseñar un mapa espacial en tres dimensio­nes para encontrar el origen. Una vez localizado, las lechuzas giraban la cabeza hacia donde provenía el sonido para ver a su presa o escapar de los enemigos. Los hombres parecen compartir con este animal la misma habilidad para detectar el origen de los sonidos.

POR QUÉ NO ESCUCHAN LOS CHICOS

Muchas veces los profesores y los padres riñen a los chicos por no escu­char, pero parece ser que en realidad, cuando los niños entran en la pubertad, sus canales auditivos necesitan realizar mayor esfuerzo, pro­vocando en ocasiones una especie de sordera temporal. También exis­ten evidencias de que las profesoras riñen a los niños y a las niñas de forma diferente e intuitivamente entienden las diferencias auditivas entre ambos sexos.

Por ejemplo, si una niña evita el contacto de ojos mientras la profe­sora la está reprendiendo, ésta seguirá con su regañina. En cambio, si un niño realiza el mismo acto, la mayoría de profesoras intuitivamente entienden que, o bien no la oye o no está escuchando y por ello le ordenarán: «Mírame cuando te hablo». Desgraciadamente, los niños están más dotados para la detección ocular que auditiva como puede comprobarse con este sencillo ejercicio en el que se debe contar el nú­mero de efes.

Felipe afirmó que el resultado científico fue catastrófico.

Normalmente, los chicos demuestran más facilidad que las chicas para ver que hay cinco efes, aunque si la frase se lee en voz alta, las chicas detectan mejor el número de efes.

Lyn y Chris vuelven a casa después de una fiesta. Él conduce y ella le indica el camino de vuelta, pero ya han tenido una discusión porque ella le dijo que girase a la izquierda cuando quería decir a la derecha. Han pasado ya nueve minutos de silencio sepulcral y Chris sospecha que algo le pasa a Lyn, por lo que le dice «Cariño, ¿estás bien?». «Sí, itodo está bien!» contesta Lyn.

Su entonación en la palabra «bien» confirma que en realidad las cosas van mal. El intenta recordar qué pasó en la fiesta. «¿Es que hice algo mal?» pregunta Chris. «iNo quiero hablar de eso!» contesta ella bruscamente.

Eso significa que está enfadada y que quiere hablar de ello. Mien­tras tanto, Chris no entiende qué puede haber hecho para provocar su enfado. «Por favor, Lyn, dime qué es lo que he hecho» —le supli­ca él—. «De verdad que no sé qué he podido hacer».

En muchas conversaciones como ésta el hombre está diciendo la verdad, sencillamente no entiende cuál es el problema. «Bueno» —dice ella— «te diré porqué estoy molesta, aunque no me gusta que finjas de esa manera». «Pero si no estoy fingiendo» —es cierto que él no tiene ni idea de cuál es el problema. Ella suspira. «Esa jovencita estaba merodeando a tu lado toda la noche, lanzándote indirectas y tú, en vez de deshacerte de ella, le dabas ánimos».

Chris se quedó mudo de asombro. ¿A qué jovencita se refiere? ¿Qué indirectas? El no se dio cuenta de nada. Mientras que la joven le habla­ba, él no se fijaba en que la chica inclinaba la pelvis hacia su lado, le señalaba con el pie, coquelLaba con el pelo, se acariciaba las caderas, se tocaba el lóbulo de la oreja, le miraba constantemente, jugueteaba con la base de la copa de vino y hablaba como una colegiala. Hay que recordar que el hombre es un cazador. Puede detectar una cebra en el horizonte y calcular la rapidez de su movimiento, pero carece de la habilidad fe-menina para descifrar las señales vocales, visuales y corporales. Todas las mujeres de la fiesta se dieron cuenta de las intenciones de la «jovencita» sin ni siquiera tener que girar la cabeza y se enviaron las unas a las otras una señal de «devora hombres a la vista». Sin embargo, la mayoría de los hombres no percibieron la menor intención detrás de sus actos.

Los hombres no se fijan en los detalles

Por eso cuando un hombre asegura que está diciendo la verdad en defensa de las acusaciones que se le hacen, probablemente sea cierto, ya que el cerebro masculino no está preparado para oír o ver los pe­queños detalles.

LA MAGIA DEL TACTO

Los primeros experimentos que Hárlow y Zimmerman realizaron con monos demostraron que si a un mono recién nacido le faltaba el con-tacto con otros monos, el pequeño padecía depresión, enfermedad y muerte prematura. Resultados similares se han registrado con niños abandonados. Un estudio llevado a cabo con bebés que contaban de entre diez semanas hasta seis meses de edad reveló que los hijos de madres que acariciaban y acunaban a sus bebés regularmente pade­cían menos resfriados, problemas respiratorios, vómitos y diarrea que los hijos de madres poco afectuosas. Otra investigación sacó a la luz que las pacientes depresivas o neuroticas mejoraban dependiendo del número de abrazos que recibían y de su duración.

El antropólogo James Prescott, pionero en el estudio de la violencia doméstica, descubrió que las sociedades en las que no se solía tocar a los niños de forma afectuosa presentaban el índice más elevado de violencia adulta. Normalmente los niños que crecen con padres afectuosos se convierten en mejores adultos, más sanos y más felices. Los violadores y pederastas solían coincidir en su pasado caracterizado por el rechazo, la violencia, la falta de abrazos cuando eran niños y muchas veces una infancia en instituciones. Muchas culturas poco afectuosas adoran a ani­males como el perro o el gato porque al acariciar a sus animalitos expe­rimentan con el sentido del tacto. Se ha comprobado que el acariciar a los animales es un método efectivo para ayudar a los pacientes con de-presión y otros problemas psíquicos a superar sus enfermedades. Basta con observar la adoración que la sociedad inglesa, sociedad muy poco afectuosa, tiene a los animales domésticos. Como Germaine Greer dijo sobre este peculiar pueblo: «Aunque estén en el metro como sardinas en lata, en general, el inglés intenta creer desesperadamente que, está solo».

LAS MUJERES SON HIPERSENSIBLES

La piel es el órgano que ocupa mayor superficie del cuerpo humano, alcanzando una dimensión de unos dos metros cuadrados. La piel po­see, distribuidos desigualmente a lo largo de la superficie, unos 2.800.000 sensores de dolor, entre los cuales 200.000 se encargan de detectar el frío y 500.000 el tacto y el peso. Las niñas muestran desde su naci­miento mucha más sensibilidad al tacto y, en la edad adulta, la piel de una mujer es como mínimo diez veces más sensible al tacto y al peso que la del sexo opuesto. Un estudio estatal demostró que los niños que habían mostrado más sensibilidad al tacto no llegaban a los nive­les registrados por las niñas que mostraron poca sensibilidad. La piel femenina es más fina que la masculina, pero está provista de una capa interna que mantiene la temperatura caliente en invierno y dota a la mujer de mayor resistencia que el hombre.

La oxitocina es la hormona que estimula la necesidad de ser toca-dos y activa los sensores del tacto. Esto explica que las mujeres, que poseen sensores diez veces más sensibles que los hombres, otorguen tanta importancia al hecho de abrazar a su pareja, a sus hijos y a sus amigos. Las estadísticas de nuestra investigación sobre el lenguaje cor­poral revelan que en el transcurso de una conversación, en el mundo occidental por cada hombre que toca a otro, hay de cuatro a seis muje­res que tocan a otra mujer. Las mujeres suelen utilizar más expresio­nes relacionadas con este sentido como «esta persona tiene mucho tacto» (para referirse a una persona que habla con delicadeza a otra), «todavía le llevo muy adentro» (cuando hablan, por ejemplo, de un antiguo novio), les encanta darle a las cosas «un toque personal» y tienen los sentimientos «a flor de piel».

Por cada hombre que toca a otro
en el transcurso de una conversación.
hay de cuatro a seis mujeres que tocan a otra mujer.

Un estudio realizado con pacientes psiquiátricos expuso que los hombres, en situaciones en las que están sometidos a gran presión, evitan el contacto físico y se sumergen en su propio mundo. Sin em­bargo, en el mismo estudio, la mitad de las mujeres se acercaban a los hombres, más que para mantener relaciones sexuales para acariciarse. Cuando una mujer se enfada con un hombre, es probable que le res­ponda diciendo: «No me toques!», una frase que el sexo opuesto no termina de entender. ¿Qué lección se podría extraer? Si se desean ga­nar puntos con una mujer, acaríciela, pero no le meta mano. Para que sus hijos crezcan sanos psicológicamente, abráceles muchísimo.

En realidad, un niño, en la adolescencia,
no pierde la sensibilidad en la piel,
simplemente la concentra en una zona.

Sin embargo, cuando un hombre no está concentrado en alguna acti­vidad, su tolerancia al dolor es menor que la de la mujer. Cuando un hombre se queja con frases como: «Hazme un poco de sopa de pollo / zumo de naranja natural / tráeme la bolsa de agua caliente / llama al doctor y asegúrate de que mi testamento está en regla» normalmente sólo se trata de un ligero dolor de cabeza o de un resfriado. Los hombres también son poco sensibles al dolor de una mujer. Aunque esté doblada de dolor, tenga un fiebrón de 40°C y esté tiritando, a pesar de estar tapa-da con mantas, el hombre le preguntaría: «Cariño, ¿estás bien?», cuando en realidad estaría pensando: «Puede que si ignoro que está enferma acceda a hacer el amor. Total, ya está en la cama».

Extrañamente, los hombres muestran mucha sensibilidad cuando observan deportes agresivos. Por ejemplo, si están viendo un combate de boxeo por televisión y uno de los boxeadores le asesta un golpe bajo al otro, una mujer dirá: «Uy… eso sí debe doler» mientras que un hom­bre gruñirá, se doblará y hará muecas que expresen que él también siente el dolor.

POR QUÉ LOS HOMBRES SON TAN POCO SENSIBLES

Los hombres tienen la piel más gruesa que las mujeres, lo que explica que las mujeres tengan muchas más arrugas. La piel de la espalda de un hombre es cuatro veces más gruesa que la piel del estómago, un legado de su pasado de animal a cuatro patas que le proporcionaba mayor protección para los ataques por la espalda. La sensibilidad -de un niño al tacto se pierde casi por completo al alcanzar la adolescen­cia, época en que se prepara para los peligros de la caza. Los hombres necesitaban una piel dura para poder correr sobre zarzas, para derribar a los animales y luchar contra sus enemigos sin caer doblegados de dolor. Cuando un hombre se concentra en la realización de una activi dad física o deportiva, casi nunca percibe el dolor.

EL GUSTO POR LA VIDA

El sentido del gusto y del olfato también es superior en las mujeres. El cuerpo humano cuenta con más de 10.000 sensores del gusto que detec­tan, como mínimo, cuatro sabores principales: dulce o salado en la punta de la lengua, agrio en los lados y amargo al final. Investigadores japoneses están llevando a cabo estudios sobre un quinto sabor, el de la grasa. En las pruebas gustativas, los hombres obtuvieron mayor puntuación a la hora de distinguir los sabores salados y amargos, seguramente porque beben mucha cerveza, mientras que las mujeres obtuvieron más puntos en discernir ios sabores dulces de los azucarados, quizás porque son más adictas al chocolate que los hombres y también porque esta cualidad era impor­tante en su papel de protectoras de sus hijos, al tener que asegurarse de (pe los frutos estaban maduros y eran dulces antes de dárselos a los bebés. Esta podría ser la respuesta al gusto de las mujeres por el chocolate y a que la mayoría de las gustadoras alimenticias sean mujeres.

ALGO INEXPLICABLE

El sentido olfativo también está más desarrollado en las mujeres, pero curiosamente éste se agudiza durante el período y dentro del ciclo menstrual, en que la mujer ovula. Durante esta fase, la mujer puede detectar las feromonas y el olor a almizcle segregado por los hombres, olores que sólo advierte inconscientemente. El cerebro femenino des-cifra el estado del sistema inmunológico de un hombre y, si es comple­mentario o superior a su propio sistema, lo describirá como un ser atractivo o con «un magnetismo misterioso». En cambio, si su sistema inmunológico es superior ál del hombre, seguramente lo encontrará mucho menos atractivo.

Un fuerte sistema inmunológico puede hacer que un hombre resulte «inexplicablemente atractivo».

Los neurólogos han descubierto que el cerebro femenino puede ana­lizar estas diferencias entre los sistemas inmunológicos a los tres segun-dos de conocer a alguien. Los sistemas inmunológicos complementarios suponen una ventaja para la descendencia ya que hereditariamente ten­drán más posibilidades de supervivencia. Una de las consecuencias de este estudio ha sido el lanzamiento de innumerables aceites y pociones para hombres que afirman contener el secreto de la atracción de las feromonas, que vuelve locas de deseo a las mujeres.

LAS DIFERENCIAS BIOLÓGICAS

Los roles que el hombre y la mujer han ido ejerciendo a lo largo de la evolución les han ido equipando biológicamente con las facultades sensoriales necesarias para la supervivencia. Lo que tradicionalmente se ha denominado brujería, poderes sobrenaturales e intuición feme­nina ha sido estudiado científicamente y desde principios de los ochenta se sabe que se trata simplemente de una superioridad femenina en todos los sentidos de percepción. Las que llamaban brujas, eran muje­res que los hombres condenaron a muerte por no llegar a entender sus diferencias biológicas. Las mujeres demuestran mayor habilidad para percatarse de detalles minuciosos en los movimientos corporales, en los tonos vocales, y en muchos otros estímulos sensoriales. Muchas mu­jeres modernas son víctimas de su superioridad sensorial al ejercer de astrólogas, numerólogas y adivinas que auguran el futuro leyendo las cartas del tarot ofreciendo de esta forma una explicación de su intui­ción femenina a cambio de un dinero ganado trabajando duro. El refi­nado sistema sensorial femenino contribuye a la madurez precoz que experimentan las adolescentes. Cuando tienen diecisiete años, la ma­yoría de las chicas se comportan como adultos, mientras que los chicos siguen jugando en la piscina y haciendo competición de pedos.

POR QUÉ SE DICE QUE LOS HOMBRES SON «INSENSIBLES»

No es que los sentidos de las mujeres estén extraordinariamente desa­rrollados, sino que los sentidos de los hombres se han ido anulando, hablando en términos comparativos. La mujer, con un mundo sensorial mucho más rico, espera que un hombre descifre sus señales verbales, vocales y corporales, anticipándose así a sus necesidades al igual que lo haría cualquier mujer. Por las razones evolutivas que han sido anterior-mente expuestas, el hombre no alcanza estas expectativas. Una mujer permanece callada y asume que un hombre sabrá lo que quiere o lo que necesita y cuando el hombre no percibe estas indirectas, le acusa de ser «insensible», a lo que los hombres responden con «dPero, qué esperas? ¡Yo no puedo leerte la mente!». Las investigaciones demuestran que cier­tamente los hombres no tienen demasiadas cualidades para leer la men­te, pero la parte positiva es que pueden aprender y entrenarse para ser más conscientes de los mensajes vocales y corporales.

El próximo capítulo presentará un estudio que le enseñará la orien­tación sexual de su cerebro y le expondrá las razones de sus pautas de conducta.

Acerca de estos anuncios
  1. #1 por Gabis el 23 septiembre, 2010 - 3:51 AM

    mmm, no me gusto el post… Muy feminista!
    ¿Cuando viene la parte que habla de la inegable superioridad masculina?

  2. #2 por Cristina el 20 diciembre, 2010 - 10:01 PM

    Me parece muy interesante todo lo que he encontrado en este articulo. Hace tiempo que tengo una idea que me da vueltas por la cabeza – las mujeres y los hombres no son iguales… ¿por que intentamos tanto poner accento en la igualdad de los sexos? Leyendo este articulo, me convencí una vez mas… no somos iguales sino complementarios. A ver si hombres y mujeres intentaremos conocernos mejor y llegaremos a un acuerdo para una mejor convivencia. ¡Es que nos necesistamos unos a otros!

  3. #3 por Clears el 2 enero, 2011 - 9:32 PM

    Qué buen post! Aunque está centrado en las cualidades y áreas más fuertes de la muer, es objetivo. Una vez más se pone de manifiesto las maravillas de Dios, y cómo creó al hombre y a la mujer para complementarse.

  4. #4 por Gabi´s el 11 abril, 2011 - 12:07 AM

    Psique, Una pregunta.

    Media descolgada, pero bue, me vino en curiosidad.
    Normalmente se hace el chiste de que las mujeres no pueden hacer dos cosas al mismo tiempo. Con lo que creo se denota que el centro atencional está como más enfocado en el hombre que en la mujer– mientras que los hombres podemos tener la cabeza puesta casi al mismo tiempo en un problema del trabajo, en un tema político y en alguna fantasía sexual y todo mientras por ejemplo, manejamos., Las mujeres parece tienen que concentrarse en una sola cosa, y si te planchan una camisa mientras ven la novela, probablemente te la quemen -. La pregunta es si es así y si efectivamente hay una mayor capacidad del hombre en distribuir su foco atencional que en la mujer que tiende a tenerlo más concentrado.

    Por otro lado – y es algo que leí en un libro de Castellani que me prestaron y ya devolví, así que no puedo corroborar si entendí bien, además de que obvio era un tema secundario – Se señala (o creo que Castellani señalaba) que las mujeres tienen mayor capacidad que los hombres disociar o tener al mismo tiempo la percepción de diferentes estados anímicos y de incluso poder concebir complejas personalidades totalmente disimiles, que sienten, piensan y actúan en forma completamente diferente. Según Castellani – creo, no sé si entendí bien – eso hace que las mujeres sean mejores escritoras de novelas que los hombres (las excepciones, onda Dostoyevski vendrían a confirmar la regla). Puede ser que sea así?

    …Jeje, Maldita curiosidad!. Porque no me ataca más frecuentemente con algo productivo!

    • #5 por psiqueyeros el 11 abril, 2011 - 8:02 AM

      Como diría ST al primero te respondo que es exactamente al revés, está totalmente estudiado la capacidad multitask de la mujer y la monofocal del hombre, no hay dudas en eso, basta observar una conversación de mujeres y una de hombres. En la de mujeres todas hablan al mismo tiempo…. y se entienden… los hombres lo hacen de un modo secuencial y focalizado en una línea argumental.
      De lo segundo, sí es totalmente así, como dice Castellani, las mujeres disocian los estados con mayor facilidad, creo yo que es una cuestión de entrenamiento, de chiquitas están volcadas hacia adentro, mientras que el hombre está volcado hacia afuera. Si eso es así entonces tenés mayor capacidad para la ficción y tené en cuenta también que los grandes literatos son muy femeninos en sus sentimientos, muchos de ellos hasta homosexuales..

  5. #6 por Cande el 11 abril, 2011 - 11:17 PM

    Gabis, sos la primera persona que oigo (mejor dicho, leo) que dice que los hombres pueden hacer muchas cosas al mismo tiempo, y las mujeres no! Siempre escuché lo contrario, y además, es una experiencia de todos los días. No sé si lo de la conversación es el mejor ejemplo, porque en mi casa, con aplastante mayoría masculina, en la mesa siempre hay varias conversaciones en simultáneo, y todos sabemos de qué están hablando los demás demás, lo cual no sé si es una habilidad o una manera de sobrevivir, je, je. Desde ya, yo casi ni soy capaz de hacer una cosa concentrada, así que imaginate, trato de concentrarme en una cosa a la vez, pero, bueno… ni aún así.

    Te aseguro que cuando empecé a leer tu comentario, creí que te habías equivocado, y puesto varones por mujeres.

    Pero me divertiste con tu comentario.

    Cande

  6. #7 por rcardof el 9 mayo, 2011 - 2:18 AM

    y la fuente??? de donde lo sacaste o de donde te basas para escribir esto ???

    tengo que realizar diversas pruebas de percepción comparando los modos constantes de agrupar los estímulos perceptivos en los hombres y las mujeres teniendo como hipótesis que las mujeres tendrán mayor probabilidad de percibir estos.

    me ayudaría mucho esto si pusieras de donde te basaste para escribirlo, es decir, que tenga carácter científico…si exagero una disculpa pero sin base científica es un comentario u opinion mas.

    gracias

    • #8 por psiqueyeros el 9 mayo, 2011 - 7:14 AM

      El cuerpo del post no es un escrito mío, es de un libro de Barbara y Alan Pease, según ellos se basaron en estudios científicos pero no era su intención hacer un libro “científico”, ni para “científicos”, sino de divulgación. En principio no soy un paranoico positivista de la epistemología por lo que me basta el testimonio de ellos y la constatación de la realidad de toda mi vida de que las cosas funcionan como ellos dicen. Para constataciones positivistas, muy útiles por cierto, que se les pueda dar el nombre de “científicas” o habría que acceder a los estudios que ellos tuvieron acceso (y de los cuales no tengo por qué desconfiar) o necesitamos científicos como vos que los lleven a cabo (de vuelta, probablemente ya estén hechos por otros). A mí sinceramente no me interesa, por ahora (quien sabe en otro momento y con otro niveles de recursos), tomarme ese trabajo. Un consejo sincero de quien alguna vez también tuvo una fase positivista (estudié ingeniería en mis inicios…) revisá tu concepto de “ciencia”, tal vez sea demasiado popperiano, y eso puede llevarte en psicología (seguramente) a no estar abierto a infinidad de riquezas en la observación de la estructura del comportamiento del hombre porque únicamente buscás lo que es “medible” en ciertas condiciones “científicas”.

  7. #9 por rcardof el 9 mayo, 2011 - 11:51 AM

    un favor, tendrás los datos completos del libro de Barbara y Alan Pease?? (editorial, año, edición, etc.)
    no era mi intención crearte ruido,por eso la anticipación de mi disculpa, gracias por el consejo.

    • #10 por psiqueyeros el 9 mayo, 2011 - 11:59 AM

      Los busco y te los doy, no me molestan en absoluto los disensos, me dan oportunidad de aprender o de enseñar, siempre de intercambiar. Me encanta discutir, confrontar o dialogar un tema con alguien, siempre que ese alguien esté más interesado en la cosa en sí que en defender una trinchera mental (detrás de la cual siempre se oculta un Ego bastante crecido). Respecto del consejo fijate en este link mi discusión con un positivista

      http://psiqueyeros.wordpress.com/2010/12/04/choque-de-epistemologias-dialogo-con-un-cognitivo/

  8. #11 por Desclasado el 9 septiembre, 2012 - 5:06 AM

    Os he copiado, citando la fuente, parte de esta entrada vuestra.
    Está aquí:

    http://eldesclasado.blogspot.com.es/2012/09/poderes-de-las-mujeres-y-como-combatir_9.html

    Si tenéis inconveniente me lo hacéis saber, bien por mail (el que he puesto es real), bien me lo cometáis por aquí y lo arreglamos.

    Gracias y saludos.

  9. #13 por Desclasado el 9 septiembre, 2012 - 9:18 AM

    Ok. Gracias.

  10. #14 por Pili el 25 octubre, 2012 - 7:17 PM

    Me gusto y quisiera conocer mas sobre los puntos criticos pero masculinos

    • #15 por psiqueyeros el 25 octubre, 2012 - 8:40 PM

      fijate en el blog, si entrás por los menús desplegables vas a encontrar mucho sobre el tema.

  11. #16 por Valeria Queupucura el 12 octubre, 2013 - 1:06 PM

    Hola, me gustaría saber el nombre del libro al cual te referiste, es muy interesante la postura de éstos autores… me interesa leerlos. saludos

  1. ¿Qué estás mirando? | Más que Ciencia

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